Si alguien suele lastimarte con sus palabras, puedes responder de esta manera

Tú eliges el camino, y decides si sus palabras te afectan o no.

Fernanda Gonzalez Casafús

“No te lo tomes personal” me dijo mi psicóloga hace un tiempo. Yo había recurrido a su ayuda, pues había alguien cercano a mí, quien solía lastimarme con sus palabras y actitudes. Esa persona utilizaba el sarcasmo y la ironía para decir cosas, y hería mis sentimientos. Hasta que pude hacer algo con ello.

Comentarios encubiertos de galantería, pero hechos con maldad. Cuando tu suegra te dice “déjame a mí que yo sé mejor qué le gusta a mi hijo”, o cuando te pregunta una y otra vez por qué no has quedado embarazada aún. Puedes optar por contestar y entrar en el pleito, o elegir otro camino que te mantendrá alerta, pero en paz.

No te lo tomes personal

Me lo repito cada vez. Aunque no siempre me escuche, y algunas preguntas y comentarios suelen irritarme. Los comentarios irónicos, hechos con humor, nos dejan con esa sensación de que si nos enojamos el otro dirá que somos exagerados. “Tú no necesitas shampoo porque eres calvo”, “que no se siente allí porque va a romper la silla”, son algunos de los ejemplos de comentarios de personas que disfrutan ver al otro débil.

Aunque esos comentarios vengan acompañados de una sonrisa, muchas veces nos duelen. Pues no podemos entender por qué la persona siempre elige esa forma de comunicarse, y no las palabras de afecto o de aprobación.

Cada uno ofrece lo que tiene dentro

Cuando un tacho de basura se llena, llega un momento que desborda. Y así sucede con algunas personas, que sienten la necesidad de sacar su basura afuera. El punto es no recoger esa basura, pues estaríamos aceptándola.

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Es difícil lidiar con las personas que hacen comentarios negativos y despreciativos todo el tiempo. Y mucho más cuando ello se vuelve cotidiano, o cuando siempre encuentra un momento donde escurrir su negatividad.

La teoría del espejo

¿Has escuchado alguna vez hablar de la teoría del espejo? Su autor, Jacques Lacan, postula que vamos construyendo nuestra identidad a partir del reflejo de lo que vemos en el otro. Esta teoría sugiere que lo que no nos gusta de las otras personas es algo que tampoco nos gusta de nosotros mismos.

Así, esa persona que te critica por qué eres sumisa o por qué gritas, etc., es porque hay algo de todo ello en ella misma que le molesta, y le “hace ruido”. Nos proyectamos constantemente hacia el otro y no somos capaces de ver nuestros propios fantasmas.

Así, sucede que encontrarás mucha gente que hace comentarios necios pues es una forma de sacarse el peso de encima y tirarlo al otro. Esto no significa que debamos aceptarlo, pero sabiendo ésto es más fácil encontrar la forma de dar una respuesta sin faltar el respeto y sin herir a quien nos hiere. Pues la idea no es nunca pagar con la misma moneda, sino enseñar con el ejemplo.

1 Omitir

No sigas el juego. Quien te provoca con sus comentarios está tratando de que tú reacciones de alguna manera. Puedes enojarte, contestarle o iniciar una pelea. Pero también tienes la opción de no entrar en el juego.

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Cuando alguien comienza a herirte con sus frases, simplemente no entres en el juego aunque te provoque hacerlo. Hace poco, tomé esta postura respecto de alguien que siempre tiraba frases dolientes. Y se siente muy bien. No necesito exacerbar mis sentimientos, pues entendí que el que tiene que quitar toda esa basura de adentro es esa persona, y yo decido correrme a un costado.

2 “Esa será tu apreciación, no la mía”

Cuando alguien te dice que estás muy gorda, que ese vestido te queda mal, que tu casa no es bonita, que tus hijos son desordenados, que esa no es forma de sostener a un bebé, etc. tienes dos caminos: o replicas, o cierras allí mismo la conversación.

Cuando a alguien que intenta chicanearte le dices “esa es tu apreciación, pero no la mía”, o “agradezco tu opinión, pero yo tengo otro punto de vista”, estás resolviendo una situación con dignidad, respeto y altura.

3 “Qué pena que siempre tengas sólo comentarios negativos”

No necesitas contestarle a lo que te ha preguntado de forma maliciosa, ni engancharte a una posible discusión. Recuerda que la persona se está espejando en tí, y que parte de lo que te critica se está criticando a sí misma.

Responde con firmeza que te apena que siempre tenga sólo comentarios negativos. No eleves tu tono de voz y no entres en pleito. La persona se sentirá descolocada, pues el foco ahora se centrará en su actitud negativa.

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A veces es necesario ponerle un freno a las personas tóxicas. Y la mejor forma de hacerlo es decirles con respeto que sientes mucho que no puedas escuchar más que comentarios negativos.

4 “Explícate mejor”

Ya has perdido tu paciencia y estás a punto de entrar en una acalorada discusión. Detente. Pide a esa persona que se explique mejor. Ponlo en evidencia y deja que desglose sus argumentos para desentrañar qué es lo que quiere decirte,

“No entiendo a lo que te refieres, ¿puedes explicarte mejor?” Puedes usar esta frase para que la persona que busca herirte con frases sarcásticas pueda ir al frente y decirte las cosas a los ojos. Muchos de ellos, no podrán.

5 “No entiendo por que pretendes herirme”

Cuando tú le pides explicación al otro acerca de sus actitudes, estarás tomando las cosas de forma más madura, y exigiendo a esa persona que también lo haga. Mientras tanto, le estás pidiendo que se esfuerce en explicarte el objetivo de sus comentarios ruines.

Ten por seguro que la persona que te hiere con sus palabras no encontrará una rápida salida a tu pregunta. Lo dejarás pensando, y hasta puedes dejarlo en evidencia frente a otras personas.

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Tú eliges

Puedes elegir reaccionar de manera negativa, gritando, enojándote, replicando con las mismas palabras de rencor, y siguiendo el juego de esa persona que no sabe hacer otra cosa más que lastimar. O puedes elegir otro camino, aquel que te deja ver las cosas con más claridad y que lleva a una racionalidad de la situación.

Tú eliges cómo tomarte las cosas. Y eres tú el que elijes si la negatividad del otro te afecta o no. Tienes el poder de hacerlo. Y más aún, tienes el poder ejemplificador. Respétate a tí mismo, para que los demás puedan respetarte, y no dejes que nadie, nunca, deposite sus desperdicios en tí.

 

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Fernanda Gonzalez Casafús

Fernanda Gonzalez Casafús es argentina y mamá de dos. Licenciada en Periodismo, especialista en Redacción Digital y Community Manager. Ama los animales, la danza, la lectura y la vida en familia. Escribir sobre la familia y la maternidad se ha convertido en su pasión.