¿Son rasgos de personalidad o huellas de ansiedad? Descúbrelo

La ansiedad es un trastorno con el que puedes aprender a vivir si sabes afrontarlo de la forma adecuada.

Erika Patricia Otero

El cuerpo humano es sabio. Desde el cerebro hasta la parte del cuerpo que consideramos más “insignificante”, es increíblemente adaptable.

Hace un tiempo, leí en una revista médica sobre una operación que le hicieron a una niña. En esta le extrajeron un hemisferio cerebral. La operación era necesaria porque la niña sufría graves ataques de epilepsia que hacían que tuviera una vida miserable. Los padres accedieron al procedimiento con miedo. Temían que ella sufriera consecuencias graves, pero no fue así.

El hemisferio funcional, “activó” zonas especificas para “reemplazar” las que fueron sustraídas en la operación. Con el paso del tiempo y la recuperación debida, la nena dejó de sufrir convulsiones. Ella ahora disfruta de una vida sana con todas sus capacidades en pleno uso.

Desde la situación más grave, hasta la lesión más pequeña, el cuerpo se “organiza” para compensar el daño. Cuando tienes un pie lastimado, compensas la situación poniendo tu peso del lado contrario.

Lo mismo pasa cuando padecemos ansiedad: el cuerpo se ajusta al estrés para poder seguir adelante. Con el paso del tiempo, esos comportamientos adaptativos se vuelven hábitos de personalidad; mismo que te ayudan a lidiar con el malestar causado por la ansiedad.

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¿Cómo es vivir con ansiedad?

Es complicado, pero muchas veces puede pasar desapercibido; ese fue mi caso.

Por años viví con pequeños momentos de ansiedad a los que no les daba importancia. Simplemente me adapte a estos para hacer que mi día a día fuera más llevadero. Supe lo que en realidad era una crisis de ansiedad cuando empecé a presentar síntomas más fuertes en plena pandemia.

Hubo momentos donde tuve que “hacerme bolita” y acurrucarme para no caer al piso mientras lloraba porque sentía miedo inexplicable. Esto se volvió algo diario hasta que tuve que hacer algo para controlar los ataques.

Hoy sé que muchos de mis “rasgos de personalidad” no son más que adaptaciones de mi cerebro a la ansiedad. Es más, casi todos los que sufrimos ansiedad tenemos estás características. Te las describo a continuación.

Perfeccionismo

Si eres del tipo de persona que jamás se siente satisfecho con lo que hace; incluso, si repites una y otra vez algo porque “sientes” que no está bien hecho, eres perfeccionista.

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El nivel de exigencia no es solo hacia ti mismo, es dirigido hasta los demás. Por esto, muchas veces las personas te perciben como alguien autoritario y rígido.

Cuando eres perfeccionista siempre tienes en tu interior una constante sensación de que nuca las cosas están hechas por completo. Vivir de está manera es terrible porque incluso puedes dejar cosas inconclusas porque nunca estás satisfecho.

Este rasgo para muchas personas puede ser bueno, porque cuando se trata de trabajo siempre das un 110%. El problema es cuando aplicas el mismo nivel de exigencia a los demás. Puedes llegar a ser considerado un tanto cruel.

La situación es que mantener este ritmo es insostenible e innecesario. No puedes vivir en un estado constante de control y exigencia porque es desgastante.

Puedes bajar un tanto tu perfeccionismo cuando eliges ser más considerado con los demás y contigo mismo.

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Resistencia al cambio

Los cambios son insoportables para alguien con ansiedad. Salir de la zona de confort es agobiante. Yo prefiero lo “viejo conocido que lo nuevo por conocer”. Sí, tenemos resistencia al cambio porque nos acosa la incertidumbre.

Nos gustan nuestras rutinas porque sabemos qué esperar de estas. Nos cuesta adaptarnos a las situaciones que no podemos controlar. A mí por lo menos me molesta mucho que lleguen visitas inesperadas.

Adicto al trabajo

Siempre estamos haciendo algo. La situación es que sentimos que si no nos encargamos de las cosas, no las vamos a terminar a tiempo. Cuando terminamos algo, siempre hay algo más por hacer.

Es muy común que asumamos más responsabilidades de las que nos corresponden; también, que nos comprometamos con muchas cosas y al final terminemos agotados en extremo. Esto es generado por la sensación constante de que podemos con todo; solo para lidiar con la “necesidad” de tener todo bajo control.

La procrastinación

Por estereotipo, se cree que la persona que procrastina es perezosa, y no hay nada más lejos de la realidad. Cada persona lidia con el estrés de forma diferente; y esta es la forma cómo las personas con ansiedad lo hacen.

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Es habitual que ante la presión por terminar algo a tiempo, a veces dejemos rezagada una actividad para después. En ese tiempo es posible que veamos algo en la tele, escuchemos música o hasta durmamos un rato. Luego, retomamos la actividad.

En mi caso, me genera mucho más estrés dejar para lo último mis responsabilidades; así que lo que hago es saturarme de trabajo para terminar lo antes posible. Muchas veces duermo entre actividades, pero jamás me dejo alcanzar del tiempo; no quiero lidiar con un ataque de ansiedad.

Ese es el problema de la procrastinación: que hace que la ansiedad sea mayor y más compleja de manejar.

Introversión

Soy alguien introvertida. Me gusta reservarme para mí misma mis sentimientos y pensamientos.

Esto no es un problema cuando la vida es amable; el caso es diferente cuando tenemos problemas con otras personas. Los pensamientos destructivos y la emociones negativas nos agotan bastante. Es muy posible que tengamos pensamientos suicidas.

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La invitación es poder hablar con alguien de confianza sobre cómo nos sentimos; esto alivia la presión de las emociones reprimidas y nos vuelve más ligera la carga emocional.

Afán de complacer

Muchos somos amables y serviciales. Sin embargo, esto puede volverse un problema de abuso de parte de los demás. Tanto que si no haces lo que se espera de ti, pasas a ser una “mala persona”.

Reconozco que antes lo hacía porque sentía que era una forma de “caer bien”. ¿Quién no desea agradar? Todos, pero el asunto es que esto puede jugarte en contra. Te vuelves tan gentil que cargas con más peso del que puedes lidiar. El problema surge cuando te haces consiente de que muchos abusan de ti y pones un límite; entonces, es cuando te vuelves “mala persona”.

El punto clave es ese: conocer tus límites; ser amable sin exceder tus propias capacidades.

Solo me resta señalar que siempre puedes hacerte una mejor versión de ti mismo. Siempre que seas consciente de tus debilidades, puedes volverlas fortalezas.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.