Su novio le pedía tener relaciones esa noche, y en este consejo ella halló una respuesta

Nuestros jóvenes tienen sed de guías cercanas que los cuestionen e inviten a vivir una vida plena, lejos de lo fácil o cómodo, y llena de sentido

Marilú Ochoa Méndez

Hazel era una adolescente con cáncer. La enfermedad no se detenía, y su vida se iba como agua. Ella vivía la vida desde una óptica ácida, fatalista y lo mas resignada posible.

Su madre la motivó a ir a un grupo a compartir con otros enfermos. Ahí conoció a Augustus, enfermo como ella, pero en vías de remisión.  Se enamoraron. Vivieron muchas aventuras, algunas duras y otras hermosas.

Luego supo que Augustus iba a morir, y ella ¡lo amaba tanto!.  El paso a seguir fue demostrarse su amor y tuvieron relaciones íntimas.  Poco después, él murió. Ella sufría, pero siempre guardaría en su corazón a Augustus, y lo que habían compartido juntos.

Cualquiera que lea el libro de John Green, The Fault is in our stars, que narra esta dramática historia, coincidirá en que Hazel hizo lo correcto ¡De todas formas iba a morir!.

Sin embargo, fuera del drama y de este extremo ¿Qué cambio significó para la vida de los dos haber consentido a tener intimidad?, ¿fue prudente?, ¿era necesario?, ¿fue positivo?, ¿estaban listos para asumir las consecuencias de este acto?, ¿tuvo un fin a futuro?, ¿era en realidad la forma de demostrarse plenamente su amor?

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Tener relaciones íntimas como joven, es lo de hoy

En las series, libros románticos y películas que nuestros jóvenes miran hoy, se muestra un estilo de vida particular sin reflejar las consecuencias que tiene. Este contenido dañino refleja una vivencia romantizada y despreocupada de la sexualidad.

Muestran como normal que chicos y chicas tengan relaciones sexuales cuando sientan que deben hacerlo, porque es la forma suprema de demostrarse el amor, y ¿qué joven no está enamorado?

Sin embargo, aquí vemos un gran error. Nuestros jóvenes no comprenden qué es el amor, y por eso sufren tanto.

A ti te toca hacerlos ver qué es el amor

La responsabilidad de que a nuestros adolescentes y jóvenes les quede claro qué sí es el amor, está en los adultos.

Si nuestros hijos crecen en un ambiente de confianza y camaradería, en que se comentan estos temas de manera clara y sencilla, es mas fácil que puedan comprenderlos y asumir un estilo de vida saludable y pleno.

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Tu vida, tu relación con tu cónyuge, y los diálogos profundos que entables con tus hijos, serán las guías mas fuertes para generar en ellos comportamientos saludables. ¡Y esto es tan urgente!

De acuerdo con un estudio en Nueva Zelanda aplicado a mas de 1000 jóvenes, las chicas afirmaban haber iniciado su vida sexual activa a los 16 años, y «más de la mitad admitieron que desearían haber conservado más tiempo su virginidad«.  El estudio se hizo cuando ellas tenían 25 años.

Porque el amor no es sentir bonito

Amar a alguien es mucho más que entregar tu cuerpo. Sin duda, una relación sexual es un momento mágico que deja huella, pero ¿es la única expresión del amor?

¿Es el amor únicamente sentirnos bien, sentir bonito? Coincidirás conmigo en que no.

La medida del verdadero amor queda clarísima en la Segunda Carta a los Corintios de San Pablo:

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«El amor es paciente, es servicial: el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra con la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (II Cor 13, 4-7).

Aceptar que el amor es solamente entregar mi cuerpo para saciar mi sed o la del otro, es rebajarme. ¡Yo quiero que amen mi risa, mis luchas, mis esfuerzos, mis tropiezos, mis malos días!, ¿quién desea que solo lo amen en sus mejores momentos?, ¿quién nos acompañará cuando nos sintamos rotos y desgastados, si el amor es solo «sentirnos bien»?

Si logramos que nuestros jóvenes comprendan la íntima relación entre amor, sacrificio y felicidad, como una opción bella y plena para vivir, estaremos del otro lado, y podremos garantizar para ellos una vida siempre rica y en crecimiento.

Los jóvenes intuyen esta bella realidad

A pesar de estos mensajes que los bombardean constantemente que los invitan a seguir sus instintos e impulsos sin importar las consecuencias, los jóvenes tienen una sed de eternidad.

Nuestros jóvenes en el fondo de su alma anhelan una vida libre de ataduras y llena de sentido, y vuelan a nuestro alrededor como abejas buscando la miel, esperando palabras acertadas de apoyo, de impulso. Ellos quieren despegarse de este mundo sensible y pegajoso que los rodea.

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Una maestra supo ver esta necesidad, e hizo la pregunta correcta

La maestra italiana María Luce Ronconi, con mas de 24 años de experiencia docente, supo generar confianza y ascendencia en muchos alumnos, que la reconocen y la siguen a través de los años.

Es ella quien cuenta que en una ocasión, se le acercó una joven del colegio a hacerle una pregunta importante.

La chica ya estaba decidida, pero se encontraba inquieta, así que acudió a la oficina de la profesora Ronconi para contarle que su novio, unos años mayor, la había invitado a pasar la noche con ella.  La madre del chico trabajaba como enfermera, así que era el momento perfecto para tener intimidad.

La maestra hubiera querido hablar largo y tendido con ella, pero tenía una reunión pocos minutos después, así que le hizo solamente una pregunta, y le pidió orar a Dios por respuestas en la capilla del colegio:

¿Cómo te sentirías mañana por la mañana?, ¿una joven más digna, o alguien que había sido usada? Y la animó a pensar: ¿si tu hija estuviera en esta situación, qué te gustaría que ella hiciera?.  

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Las palabras sabias florecen en los corazones que buscan la verdad

Esta chica, recibió la pregunta e hizo caso a María Luce; oró y obtuvo su respuesta. Se presentó al día siguiente con la profesora para decirle que había dicho a su novio que no iría, y había hablado con su madre al respecto.

Nuestros jóvenes tienen corazones grandes con ansias de eternidad, y si sabemos estar accesibles, y los miramos al corazón, podemos impulsarlos a vivir una vida rica y valiosa que no se atore en espejismos «de moda».

Que tú y yo seamos esos padres, maestros y amigos de los jóvenes. Que aprendamos a hacer las preguntas correctas y creamos siempre en la belleza interior de los jóvenes que nos han sido encomendados.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de seis niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.