Tres razones por las que no deberías ser «amigo» de tu hijo adolescente

Nos encanta ser su confidente y pasar gratos momentos. Pero no olvidemos que somos sus padres ante todo.

Viviana Dominguez

Desde hace 12  años, tiempo en que me divorcié,  mi hijo y yo hemos conformado una familia de dos, compartiendo todo y creciendo juntos. Esta forma de convivencia en la que nos entendemos muy bien y respetamos nuestros espacios, ha llevado que a veces él me trate como un amigo más.

Tal vez, las circunstancias especiales hicieron de mi hijo un joven maduro y responsable; no obstante, de acuerdo a su desarrollo cerebral no deja de ser un adolescente como todos los demás, y la mayoría de las veces se comporta así.

Sumado a esto, soy una madre algo pasada en años para tener un hijo adolescente, por lo que muchas veces estoy más cansada de lo necesario y me comporto como una madre permisiva, lo sé. Afortunadamente, a mi favor tengo la experiencia de haber criado a mis otros  hijos, y la certeza de cómo son las cosas gracias a los “años de experiencia”.

3 Simples razones

Hay una línea muy delgada entre una relación padre-hijo o padre -amigo, sin afirmar que esté bien o mal. Pero para entender mejor, me gustaría analizar algunas razones útiles que demuestran cómo un adolescente piensa, actúa y se comunica, y así entender definitivamente que nuestro rol es ser “padres”.

1 Cómo piensa un adolescente

La primera razón es entender cómo piensa un adolescente. De esta forma comprenderemos las limitaciones que ellos tienen, para poder hacer una intervención apropiada.

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Según la ciencia, el adolescente no utiliza el  lóbulo frontal para tomar decisiones o pensar, hasta después de los 18 años de edad o un poco más. Los jóvenes piensan a través de un área del cerebro conocida como “amígdala’ , responsable de las actividades instintivas y aquellas que solo generan placer.

Esta forma de pensar, justifica la mayoría de las acciones de un adolescente, impulsivas, guiadas  por el deseo, y solo para saciar esa sensación de “placer». No hay tanto de racional en muchos de sus pensamientos y acciones.

Por esto, como padres es importante actuar como adultos, para guiarlos. Un ejemplo claro de esto: cuando mi hijo quiere algo, primero no puede diferenciar entre una necesidad y prioridad, lo quiere lo más pronto posible, y el «no» no es bien recibido.

Todos estos comportamientos solo me muestran que ese pensamiento viene del centro del placer. ¡Piensa qué pasaría si como madre hago caso a todas sus peticiones!; aunque hay padres que sí lo hacen, sin contemplar la madurez cerebral.

2 Comunicación, o discurso argumentativo

El mayor problema en la comunicación con los adolescentes, es que ellos no saben hacerlo apropiadamente aún, pues usan “un discurso argumentativo”, en el que muchas veces los padres caemos también.

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Un estudio publicado en “Infancia y Aprendizaje”, realizado por la Dra. Nieves Correa, detalla de qué forma padres e hijos adolescentes se comunican, insistiendo que la mayoría terminan en una discusión argumentativa , donde existe la confrontación y complejidad del argumento; aunque resalta que a veces las madres son quienes tratan de negociar.

Estas son algunas técnicas, para lidiar con el “discurso argumentativo” de un adolescente, que hará una gran diferencia en la forma de comunicarte con ellos.

1 Escuchar para entender y no para responder

Esto ayuda a realizar más preguntas sobre lo que sé está exponiendo, para entender el mensaje apropiadamente, sin reacciones inmediatas ni juicios.

2 Técnica  “Yo me siento”

Esta  forma de empezar una oración  permite que cualquier deseo de discusión, o defensa  por parte de la otra persona, desaparezca. Evita usar “tú” o señalar a la otra persona al contestar. Este método enseña a los jóvenes a expresar apropiadamente cómo se siente, sin acusar o culpar.

3  Las “ofensas”

En una discusión siempre aparecen los reproches y a veces ofensas. Por lo general, las personas reaccionamos ante los insultos y empeoramos la situación.

Siempre utilizo esta frase con mi hijo cuando él quiere discutir, “entiendo que estás enojado, y uno dice cosas que no desea decir”. De esta forma, no estamos juzgando a la persona por lo que dice, más bien poniéndonos en su lugar.

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4 Negociar

Es una de las mejores herramientas; significa que ambas partes ceden algo a fin de obtener lo que desean. Mi hijo llegó a casa el otro día, mas tarde de lo que habíamos convenido, respiré profundamente, y empezamos una conversación acerca del tema.

Al final, negociamos, de ésta manera, su horario de llegada en los fines de semana es a las 10:00 pm,  él habia llegado a las 11:00 pm y solicitaba la extensión a esa hora. Por lo que  extendí  el permiso a las 10:30 pm , y  él cedió  30 minutos  a mi favor. Así ambos estuvimos de acuerdo y felices, y el prometió cumplir con el nuevo horario, si no yo tengo a mi favor cortar este nuevo beneficio.

3 La creencia que ellos lo saben todo

Por último, deseo abordar este punto, de acuerdo al desarrollo cerebral. El adolescente no puede tener un pensamiento racional aún, por lo que cree saberlo todo. Condición que los lleva a equivocarse, tomar decisiones apresuradas y cometer muchos errores.

Muchos padres caen en el error de apoyar a los jóvenes en estas ideas irracionales, solo para quedar como sus mejores amigos. En estas situaciones, solo enseñamos a los adolescentes a ser irresponsables y a no enfrentar las consecuencias de sus acciones.

Un año atrás, mi hijo tomó la clase de manejo en la escuela, para obtener su licencia de manejar. Como requisito debía manejar junto a un adulto por seis meses, por lo que fue mi chofer por ese tiempo.

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La primera vez que se sentó a manejar, no quiso escuchar nada de lo que trataba de explicar, alegando que él ya sabía todo, y que solo necesitaría que lo acompañara una vez .

Decidí no discutir, porque sé que “la experiencia” es el mejor maestro .

Todo comenzó con mucho entusiasmo y seguridad, yo sabía a lo que me exponía, pero lo disfrutaba. Ni bien arrancamos, comenzaron los problemas, olvidó sacar el freno de mano, y así sucesivamente, algo le pasaba cada vez que avanzábamos.

Fueron seis meses largos, de risas, diferencias, sustos y placeres compartidos con él, ahora tiene su licencia, y casi no lo veo más.

Conclusión

Es hermoso disfrutar de un vínculo cercano con nuestros hijos adolescentes. En mi experiencia personal, me siento muy agradecida, por tener a mi hijo en estos años de mi vida pero jamás debemos olvidar que nosotros somos los padres y que ese es nuestro rol, para guiarlos y mostrarle con amor el camino de la vida hasta que puedan hacerlo por ellos mismos , ¡al menos hasta que puedan pensar con el lóbulo frontal!

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Viviana Dominguez

Viviana es originaria de Argentina, madre y psicopedagoga. Disfruta de pasar tiempo con su familia, escribir, seguir cultivándose y reír.