Tu familia merece todos los esfuerzos, ¡lucha por ella!

Tu familia y tú están hechos para ser felices y vivir en armonía. Que el desánimo y los conflictos no te quiten la esperanza, Dios puede ayudarte.

Marilú Ochoa Méndez

Había una vez una gota de agua. Desde que había sido consciente de su existencia, había sentido un anhelo profundo, un llamado a formar parte de algo mas grande, algo eterno.  Su creador, que la amaba mucho, la había traído al mundo para ser parte del mar.  Ella lo sabía.

Pasaban los días, y la gotita sufría.  Se preguntaba si faltaría mucho tiempo para llegar a su destino.  Era muy pequeña para mirar que, tras unos metros de tierra y vegetación, encontraría por fin el imponente y bello mar, el lugar para el que había sido destinada desde siempre.

Un día, agotada, sintiendo que se evaporaba con el ardiente sol, se dejó caer en un charco de agua sucia que se encontraba cerca.  «No puedo más«, pensó. «Es esto o desaparecer«, y se lanzó.

¡Pobre gota!, su llamado, su vocación, era ser mar, y acabó en una pequeña y sucia charca.

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El hombre está hecho para la eternidad

Tú y yo estamos hechos para la eternidad. Hemos sido creados por Dios para ser santos.  Ser santos es ser limpios, es ser felices, es ser plenos, es llegar a Dios.

Jesús nos realiza la invitación a conseguirlo en el Nuevo Testamento: «Sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48). Pero ser santos, como todo lo que vale la pena, no es sencillo. 

«¿Perfectos?, ¿pero cómo?», me dirás. «¡Si el mundo es imperfecto!, ¡en el mundo hay dolor!, ¡en el mundo hay injusticia!, ¡tengo límites humanos!, ¡a veces soy mala persona!«.

No sufras, y detente conmigo a considerar que estás mirando solo los obstáculos. Te agobia lo que no tienes, lo que tendrás que atravesar.  Tu concentración en aquello que atoraría tu camino, te impide ver el otro lado.

El hombre es capaz de lo peor y de lo mejor

Tú sabes que los hombres somos capaces de hacernos daño.  Los horrores de las guerras, las matanzas de niños inocentes, el secuestro, las violaciones, nos muestran nuestra terrible capacidad.

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También sabes que los hombres somos capaces de los actos más puros y bellos.  En la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis seleccionaron al azar a los hombres que irían a «los baños» (a las cámaras de gas que les darían muerte), un sacerdote polaco, Maximiliano Kolbe, cambió su lugar de manera voluntaria a un padre de familia.  El soldado no comprendía. ¿Por qué alguien querría morir voluntariamente?.

El joven sacerdote respondió que quería que el hombre pudiera reunirse de nuevo con los suyos, hecho que ocurrió al poco tiempo de ser liberados por los aliados, a fines de esta terrible guerra.

Como esta historia, ocurren millones continuamente, mostrándonos que el hombre es capaz de las peores acciones, pero también de las mejores.

Tú puedes llegar alto

Este llamado a la perfección nos exige desdoblarnos. Nos exige mirar hacia arriba, nos invita a tener miras altas. Ansiar «ser mar», llenar las ansias de corazón que ha puesto Dios en tu corazón y en el mío, desde siempre.

Muchos, agobiados por nuestra incapacidad, los problemas de la vida, las dificultades económicas, o nuestras heridas internas, nos sentimos a punto de desaparecer, y tendemos a conformarnos con una vida infeliz.

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Nos conformamos con la soledad, con las relaciones tóxicas, con los matrimonios en conflicto, con una relación tirante y seca con los hijos, con un trabajo que no nos hace felices.

Esto, es lo mismo que hizo la gota de la historia que te contaba al inicio: conformarse, darse por vencida. Y ¿sabes qué es lo peor?, que estuvo cerca, pero se desanimó.

Tú y yo, estamos hechos para lo grande. Aspiramos a «palabras de vida eterna», a tomar de esa agua viva que es Jesús, que nunca nos hará tener mas sed.

Tu familia también está llamada a ser algo grande

Hace días, leía una investigación citada en el diario inglés BBC que afirma que los niños que presencian conflictos, peleas verbales y actitudes hirientes entre sus padres, sufren desde muy pequeños (a partir de los seis meses al menos), «retrasos en el desarrollo del cerebro, problemas de sueño, ansiedad, depresión y problemas de comportamiento«, entre otras consecuencias nefastas para su desarrollo físico y emocional.

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Un comentario de un lector, indicaba que por eso, la solución debía ser restar importancia al «convencimiento social» que dice que los esposos deben permanecer casados sin importar las problemáticas que vivan.

Otro artículo que citaba estudios similares afirmaba: «los niños no necesitan a sus padres juntos, necesitan a sus padres bien«.  El texto continúa afirmando: «Los niños que han visto peleas con sus papás y han estado expuestos a ellas por mucho tiempo se vuelven más agresivos, introvertidos, depresivos, responden con gritos o se alteran fácilmente ante situaciones de estrés y aprenden que la forma de resolver los problemas siempre será así, peleando«.

¡Somos malos!, ¡conformémonos!

Para serte sincera, leer que, ante los daños que provocan en los niños los silencios y malos tratos entre los padres, la solución propuesta es la desintegración del hogar, el divorcio, me dio tristeza.

Recordé la historia de la gota.  Recordé que muchos, frustrados por las dificultades de la vida, tiramos la toalla, y decidimos dejar de luchar.

Pensamos tal vez que dejarnos llevar por la corriente terminará el sufrimiento, la lucha, el cansancio.

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No termina el sufrimiento, nos encharcamos

Pero el sufrimiento y el dolor no terminan, solamente nos meten en un charco sucio, agua que era cristalina pero que al estar detenida en un hueco del asfalto, se ensucia y huele mal.  Además, se evaporará.  Nunca dará frutos, nunca se convertirá en lluvia.

El mar, en cambio, limpia el agua que se integra a él, y es capaz de conectar grandes extensiones de tierra.  Es tan rico, que da diversión a los hombres, un ambiente propicio a millones de animales, y un bello paisaje a ojos de quien lo sabe mirar.  El mar une la tierra con el cielo.

Cuando tu vida familiar es difícil, y te resignas, haces lo mismo que la pequeña gota.

¿Por qué caemos en las salidas fáciles?, ¡la felicidad está en el esfuerzo!.  Una familia feliz y perfecta te espera tras un poco de lucha, mucha oración y no menos idealismo.

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Tu familia saldrá adelante si tienes fe

Jesús era muy amigo de Lázaro.  Sin embargo, aún sabiendo que estaba enfermo, no se apresuró a visitarlo.  Cuando llegó a ver su cuerpo, ya apestaba. Entonces Él pidió que se removiera la piedra y gritó: «¡Lázaro!, ¡sal fuera!», y el alma de este buen hombre regresó a su cuerpo, haciendo que Lázaro, aún envuelto con las vendas, caminara hacia Él. Nadie lo creía.

¿Tienes fe? Tu familia y tú, están llamados a lo eterno, a convertirse en mar. ¿Estás dispuesto a orar sin descanso, a dejar de lado el orgullo, el resentimiento, el desánimo?

No sé cómo, pero si tú no te dejas vencer, Jesús hará un milagro maravilloso con tu vida y con tu familia.

No te garantizo que regresarás con tu esposo o esposa, ni que tu hijo te volverá a hablar o que confiará en ti aquel a quien has traicionado. Lo que sí te digo es que Jesús sabe hacer nuevas todas las cosas.

Seamos rebeldes y valientes

El divorcio ya es palabra común. Es normal que las personas lo vean como una salida, ¡pero no resuelve mucho!. Los conflictos y dolor de los padres se mantienen, y complican la dinámica familiar, en vez de aligerarla.

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Seamos rebeldes.  Atrevámonos tú y yo a esperar con paciencia el mar.  No sea que desesperados, nos resignemos a arrastrar a nuestra familia a un sucio charco que nos hará infelices.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de seis niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.