¿Tu hijo es miedoso? Es natural, y la ciencia lo explica

Los niños se asustan porque, aunque no lo creas, es parte de la evolución de nuestra especie.

Fernanda Gonzalez Casafús

El miedo es un sentimiento que cualquier humano ha experimentado alguna vez en su vida. En los niños pequeños el miedo es muy normal, y aunque muchas veces tratemos de ayudarlos no es algo fácil de evadir. Los padres debemos acompañar a nuestros hijos en este sentimiento y, sobre todo, comprender de qué manera opera el cerebro ante situaciones que le generan miedo.

El miedo paraliza y cuando nuestro hijo siente miedo, lejos de minimizar ese sentimiento, debemos apoyarlo y ayudarlo a afrontar ese sentimiento. Pero antes, debemos comprender de qué manera funciona el miedo y cuándo aparece en la etapa infantil. De acuerdo al sitio Fatherly, los científicos han identificado dos tipos de miedo a lo largo de los años: los innatos y los aprehendidos. es decir, aquellos miedos con los que nacemos naturalmente, por instinto de supervivencia, y aquellos otros que se generan por el contacto con el entorno.

Qué es el miedo

De acuerdo al sitio Science Daily, el miedo es una sensación desagradable de riesgo o peligro percibido, ya sea real o imaginado. También puede describirse como una sensación de extrema aversión hacia ciertas condiciones, objetos o situaciones tales como: miedo a la oscuridad, miedo a los fantasmas, etc.

Existen dos miedos básicos e innatos en todas las personas: el miedo a las caídas y el miedo a los ruidos fuertes. Seth Norrholm, psiquiatra de la Universidad de Emory en Atlanta explica que “aunque algunos otros miedos a menudo se categorizan como innatos, como el miedo a la oscuridad o el miedo a las cosas espeluznantes, en realidad se adquieren después del nacimiento”. De acuerdo a lo citado en Antropologies, desde el ámbito de la medicina se refuerza la teoría del miedo innato a través del llamado “Reflejo de Moro” en los bebés recién nacidos, que aparece de manera involuntaria como respuesta a un fuerte e inesperado ruido, o cuando el bebé siente que se está cayendo de espaldas.

Los miedos innatos son básicamente un instinto de supervivencia de la especie. Un ruido fuerte puede indicarnos el peligro próximo, y una caída nos puede dar la idea de una posible muerte. Como supervivencia de la especie, mantenemos estos miedos a lo largo de la vida.

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Los miedos aprendidos

Stefanie Hoehl, neurocientífica de la Universidad de Viena, dice “El aprendizaje del miedo está asociado con la amígdala, la parte del cerebro que también está involucrada en experimentar y percibir el miedo. Esto se aplica tanto al aprendizaje directo del miedo a través del condicionamiento (como cuando te pica una araña), como al aprendizaje del miedo social, que es aprender a temer al observar las expresiones de miedo de otras personas”.

Los científicos aún no están del todo de acuerdo respecto de si el miedo a las arañas y bichos en los niños es un miedo innato o adquirido. Todos los niños en general le temen a una araña, así como a otras cosas como las alturas, el fuego o los espacios cerrados. Algunos expertos los denominan “miedos ancestrales”, y los consideran innatos. No es descabellado que así sea pues el miedo a una araña, una serpiente o un lugar cerrado tienen que ver, nuevamente, con el instinto de supervivencia.

El cerebro procesa el miedo de esta manera

Nuestros cerebros operan a lo largo de dos vías neuronales: el camino bajo, que causa una reacción inmediata, y el camino elevado, en el que el cerebro evalúa la situación. “Los circuitos de baja velocidad van desde sus sentidos -sus ojos y oídos- a la amígdala, luego a sus músculos, glándulas suprarrenales y médula espinal”, dice el psiquiatra Norrholm. En resumidas palabras, al escuchar un gruñido de algún animal, en tu cerebro se activa la respuesta de “lucha o huida, y si escuchas un portazo o una explosión te sobresaltas de inmediato.

Lo que sucede con los niños es que, pueden sentir el mismo estrés o miedo que siente un adulto al escuchar un globo explotar, o una puerta que se cierra fuertemente de golpe, pero aún no tienen la capacidad neuronal de reponerse rápidamente al susto y seguir adelante.

La buena noticia es que los científicos afirman que los niños van aprendiendo a través de las experiencias de la vida y su capacidad neuronal va mejorando, por lo que pueden ir superando lentamente sus miedos. A medida que crecen, los niños pueden darse cuenta que las sombras de la pared son sólo ramas de los árboles, y que los monstruos en verdad no existen.

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Cómo manejar el miedo en los niños

Es fundamental que cuando un niño manifiesta miedo, sus padres lo ignoren o minimicen la situación. Cuando un niño manifiesta un miedo, lo ideal es conversar con él acerca de ello y de acuerdo al objeto de su miedo, mostrarle que no hay nada que temer. El miedo a la oscuridad, por ejemplo, es el miedo más común entre los niños, y no debe ignorarse, sino acompañar al pequeño para que de a poco lo vaya superando. Se puede ayudar al niño dejando una luz tenue en su cuarto y contándole que estás allí y nada sucederá.

Por otra parte, un punto fundamental es que los padres aprendan a manejar sus propios miedos. Los niños perciben todo. Si ven el miedo en tu rostro ellos también lo aprenderán. En mi casa, cuando hay tormenta, y se escucha un trueno, mis hijos no suelen asustarse. A mí me encantan las tormentas, y cuando está comenzando a llover y el cielo “se hace escuchar”, sonrío y exagero un poco la alegría, para que mis hijos no crezcan temiendo a las tormentas. Les explico que es una bendición de Dios que llueva.

El sitio Guía Infantil propone una serie de consejos para ayudar a los niños a manejar sus miedos:

  • No asustes a tu hijo con historias de miedo, ni permitas que nadie de su entorno lo haga

  • No lo ridiculices ni te burles de sus miedos. Ello no ayuda a que los miedos desaparezcan, sino que hará que tu hijo deje de confiar en tí

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  • No mientas sobre algo a lo que le teme. (Por ejemplo, no le digas que esa inyección no le dolerá)

  • No obligues al niño a pasar por situaciones a las que le teme. Ello, lejos de ayudar, puede intensificar el miedo

  • No transmitas miedos personales a tu hijo

  • No lo llames “cobarde” o “infantil” cuando tu hijo demuestra algún miedo

Acompaña a tu hijo a superar esta etapa. El miedo es un sentimiento que nos acompaña toda la vida, pero que puede limarse y superar en gran parte en la etapa infantil. No se trata de no tener ningún miedo cuando llegan a la vida adulta, sino que crezcan con la capacidad de saber enfrentarlos y superarlos. Y tú ¿cómo manejas el miedo de tus hijos?

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Fernanda Gonzalez Casafús

Fernanda Gonzalez Casafús es argentina, mamá y Licenciada en Periodismo. Ama los animales, la danza, la lectura y la vida en familia. Escribir sobre la familia y la maternidad se ha convertido en su pasión.