Un mundo sin corrupción comienza con estas materias en el aula escolar

Ser simplemente bueno ya no es normal. Sin embargo, es un desafío que genera un mundo mejor, más humano y menos corrupto.


Marta Martínez Aguirre

La bondad se extravió debajo de algún maratón de ofertas. Se le ha perdido de vista.

Tiago no tiene grandes notas. Sumar y restar quebrados le cuesta tanto como ser “vivo”. Sus compañeros no estudiaron para la prueba de matemáticas, de modo que piensan copiar. Y Tiago es el único “ingenuo” que no se suma.

Ingenuo, nerd (sabelotodo), tonto y bonachón, son algunas palabras con las que lo nombran sus pares. Ser simplemente bueno ya no es normal. Los nuevos patrones de la moda determinan que al colegio hay que llevar un camperón (chamarra) con la marca del equipo de futbol preferido o de actualidad; en la hora de la merienda tener algo de comida chatarra y a la hora de demostrar los conocimientos, un poco de astucia. Pero Tiago no se suscribe a ninguna de ellas. Él usa el uniforme reglamentario, merienda frutas y estudia con dificultad todos los días.

Las madres de hoy también promueven la astucia, aunque no se den cuenta, cuando les dicen a sus hijos, “Sólo triunfan los vivos, avívate de una vez”. Pareciera ser que educar para que un niño de lo mejor de sí ya no es aconsejable, la moda grita, en cambio, que desarrolles en tu hijo la dictadura de la competitividad y la autodefensa.

Ya nadie se hace cargo de sus malos comportamientos y ningún padre, en su sano juicio, afirma que está llevando a su hijo hacia los senderos de la corrupción. In embargo, cada día aumenta el número de niños que roban el dinero de otros para comprarse golosinas, dejando al compañero sin almuerzo; los que copian en las pruebas, los que hacen bromas terribles para que el “bueno” se avive, los que “saben de sexo” porque miran pornografía a escondidas y los que se cuelan en la fila para llegar antes cuando reparten un trozo de torta (pastel).

En un taller para niños, les pregunté a los participantes cuáles eran sus sueños: algunos opinaron que iban a ser famosos jugadores de futbol, otros que iban a ser grandes investigadores, algunos cantantes, así hasta que Tiago opinó sin titubeos: “Yo quiero ser buena persona”. Los “Oh, oh” anteriores se permutaron por risas irónicas y comentarios de burla.

Cuando lo felicité por su determinación y contar con el mejor de los sueños, uno a uno los burlones y bravucones se silenciaron en sus pensamientos. Querer tener un Ph D en cualquier disciplina requiere muchas habilidades y años de esfuerzo y disciplina, pero querer ser bondadoso implica superar un reto inigualable de asignaturas que ninguna universidad las tiene en su oferta académica. Sin embargo, es un desafío que genera un mundo mejor, más humano y menos corrupto.

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Veamos de cuáles materias se trata:

1. Empatía

Un niño bondadoso tiene el don de entender las emociones propias y las ajenas. Es capaz de comprenderse a sí mismo y, por lo tanto, aprenderá a no estar centrado como si fuera único en el mundo. Será capaz de relacionarse con los demás, generando vínculos más afectuosos, ricos y estrechos. Jamás juzgará al otro y podrá entenderlo en su forma de pensar y actuar. Su autoestima será sana y sabrá que tiene un propósito en la vida.

2. Generosidad

Dar de sí no se limitará a los bienes materiales, sino que el bondadoso será capaz de dar de su tiempo y de sus talentos. Un niño generoso no se la piensa dos veces para ir en auxilio del compañero sin merienda o sin campera en un día de invierno.

La generosidad estará presente en su risa cotidiana tratando de iluminar a otros en sus días grises.

3. Gratitud

Esta es, quizás, la materia que más personas en el mundo aún no se han animado a cursar. Un niño que desarrolla gratitud es un adulto gratificado. Uno de los rasgos es que será ser capaz de focalizarse en las pequeñas cosas y verlas como maravillas.

En cada pequeño acto a su alrededor irá descubriendo riquezas invaluables, porque un beso de madre valdrá tanto como un regalo gigante, una tarde en la playa con sus hermanos será tasada por su memoria tanto como una semana en el mejor parque de diversiones. Los niños agradecidos acostumbran a dar gracias por lo que tienen, sea mucho o poco y nunca dejan a Dios de lado.

4. Vivir con alegría

Un niño que maneja esta materia es capaz de poner el mismo entusiasmo en trazar paralelogramos que en tomar helados. La queja no se asoma por sus labios y decide darle una oportunidad al pastel quemado en el horno de la tía. Es capaz de amplificar su gozo y contagia a sus pares a su alrededor.

No da lugar a que los altibajos derriben la energía positiva en salir adelante, ni permite que un límite impuesto no sea una oportunidad de aprendizaje.

5. Amar a todos, incluso a quienes lo rechazan

Antes de vestirse para ir al colegio, un niño bondadoso sabe que tiene que ponerse el manto del amor de Dios encima de sus hombros. Su lema preferido son las palabras de San Pablo a los Corintos (véase 1 Corintios 13), y sabe que el amor todo lo disculpa y que no se da por vencido.

Un niño bondadoso que tiene una alta calificación en amor es capaz de quedarse sin recreo cuando un compañero no terminó de copiar los deberes (la tarea), no golpea pese a que le insulten y rechacen.

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Tú eliges: tu hijo puede graduarse con altos honores en el mundo recién a los veintipico de años o puede, desde pequeño, graduarse con honores en bondad.

Pero no esperes que el colegio le dicte estas materias, apúrate, porque deben ser dictadas por ti en el hogar.

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Marta Martínez Aguirre

Marta Martínez es de Uruguay. Posee una licenciatura en Psicología, y un posgrado en Logoterapia. Ama todo lo que hace y adora servir. Es especialista en atención psicológica domiciliaria. Contacto: