12 situaciones de la vida en las que experimentamos la misericordia de Dios

Dios nos habla y conforta de muchas maneras, su misericordia es una de ellas. ¿Eres capaz de verlo?

Erika Patricia Otero

El paso por esta tierra es una situación de prueba constante para todos nosotros. Algunas de esas situaciones pueden resultar tan complejas y dolorosas, que muchas veces sentimos que no podemos más.

Pese a todo el abrumador sentir que pueda llenarnos en esos momentos, la realidad es que no estamos solos y que Dios en su infinita misericordia está ahí para soportarnos y consolarnos, mostrándonos que valemos mucho y que nos ama; ya va de cuenta de nosotros que busquemos su ayuda y reconozcamos su intervención en nuestra vida.

Hay muchas situaciones en las que Él nos soporta, bendice y favorece, estás son algunas de ellas.

1 Cuando la tristeza nos agobia

Mateo 5: 4 dice: <<Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados>>

Todos experimentamos la tristeza, esas inmensas ganas de llorar porque tenemos «el alma arrugada» de tanta pena y sufrimiento. Cualquiera sea el motivo, si buscas a Dios para liberarte de ese sentimiento tan agobiante, seguro hallarás el consuelo y la paz que buscas.

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2 Cuando nos fallamos y le fallamos

Como seres humanos atados a una condición carnal, nos vemos tentados a ir contra las cosas que nuestros padres y Jesús nos enseñaron. Somos débiles y susceptibles de caer, sin embargo, es tal la misericordia de nuestro Padre Celestial que Él nos perdona y enseña el camino correcto para no volver a caer.

Por supuesto, esto implica fuerza de voluntad y mucho coraje para poder mantenernos firmes en la promesa de no volver a pecar y seguir adelante, viviendo de la mejor manera que sea posible.

3 En momentos de enfrentar la muerte de un ser amado

Duele perder a alguien que se ama y saber que un velo impenetrable para nosotros nos separará de su presencia por un tiempo.

Sin embargo, si crees en la vida «más allá de la vida», la esperanza de reencontrarte con esas personas que perdiste te mantendrá fuerte, pero tras de ese sentir esperanzador está la dulce misericordia de Dios.

4 Cuando fracasamos

Todos sabemos lo que se siente esforzarse y poner todo de nuestra parte para lograr algo y no alcanzarlo, puede ser devastador para la confianza propia.

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Reponernos y volver a confiar en nuestras capacidades puede ser complicado. Para lograrlo no solo basta con darnos cuenta de nuestras fortalezas, también debemos pedir soporte a Dios para aprender a tolerar lo intolerable o reconocer cuando algo simplemente no es para nosotros.

La misericordia de Dios nos ayuda a comprender nuestras limitaciones, a descubrir nuestras fortalezas y además cuando algo es o no para nosotros. Cuando cedemos terreno y no nos empecinamos en lograr algo que no es para nosotros, sufrimos menos, comprendemos más y hallamos cosas que nos harán más felices.

5 Cuando vencemos a nuestro peor enemigo (adicción)

Una persona puede hacerse adicta a cosas impensables: comida, ira, vídeo juegos, mentira, juegos de apuestas, alcohol, droga, tabaco, pornografia, sexo.

Vencer una adicción es luchar contra nosotros mismos; sin embargo, es algo que se logra solo o con la ayuda de alguien (consejero espiritual, terapeuta o familia y amigos) Pero tiene más fuerza ese deseo y voluntad para vencer lo que parece imposible cuando recurres y pides ayuda a Dios.

6 ¿Superaste una enfermedad o accidente? Él estuvo ahí

Es tener otra oportunidad para vivir. Quien experimentó un accidente grave o el diagnóstico de una enfermedad grave y lo superó con éxito, sabe que no lo hizo solo.

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Tras ese evento estuvo la protección divina que impidió que perdiera las fuerzas para luchar, o que le dio una nueva oportunidad para corregir sus fallas y hacer las cosas de la manera correcta. Sin la misericordia de Dios no hubiera tenido otra oportunidad para hacer lo justo.

7 Cuando nos lastiman

Que nos humillen, nos engañen o traicionen es doloroso porque te desdibuja el concepto que tenías de alguien que aprecias o amabas.

Pese a ese dolor, veamos el lado positivo de esas situaciones: duelen porque te diste cuenta, peor que hubieras vivido una vida engañado. Ahora solo queda recuperarse y seguir adelante. Quienes hemos enfrentado a ese tipo de acciones, sabemos que se superan más rápido cuando pides ayuda y consuelo de Dios.

8 Cuando aprendemos a perdonar

De la mano de las heridas viene el rencor que no trae nada bueno. Perdonar es el camino, aunque uno muy difícil de tomar; pero se logra cuando pides a Dios su ayuda para entenderlo y lograr aplicarlo en tu vida.

Las personas tienen una concepción errada de lo que es el perdón. Perdonar consiste en limpiar tu alma de cualquier resentimiento del que puedas ser víctima, antes que para el beneficio de quien te dañó, para el tuyo. Cuando te liberas de resentimientos dejas de sentir rabia hacia la persona que te hizo daño y sigues viviendo una vida tranquila.

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9 Cuando volvemos a amar y a ser amados

Nada más hermoso que descubrir que a pesar de lo doloroso que puede ser perder a alguien o ser engañado, podemos volver a amar y sentirnos amados. Pero esa magia se logra gracias a que Dios pone en nuestras vidas a las personas indicadas que nos ayudan a apreciar lo bello de estar con alguien que lo merece.

10 Cuando alcanzamos una meta

¡Triunfamos! conseguimos ese empleo soñado, terminamos nuestros estudios, formamos una familia y al fin sentimos felicidad en nuestra vida. Esto solo se debe al amor de Dios que no te desamparó mientras te esforzabas y dabas lo mejor de ti; resultado: lograste lo que te merecías.

11 Cuando sucede lo que consideras un milagro

Hay cosas que pasan en nuestra vida y que son maravillosas pero de las que no hallamos explicación, un ejemplo de ello es que te dijeron que eres estéril, pese a eso, un año después logras quedar embarazada, contra todo pronóstico lograste lo imposible.

Adivina, ¿quién estuvo tras ese logro? En efecto, Dios, que vio tu fuerza y tu fe e hizo de lo imposible  una bendición.

12 Cuando servimos a nuestro prójimo

<<Quien no vive para servir, no sirve para vivir>>.

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Cuando nos disponemos a ayudar a las personas en necesidad, somos instrumentos de Dios por medio del cual les demuestra que no les dejó solos y que les ama. Sí, a veces somos objeto para demostrar la misericordia que Dios tiene con nuestros hermanos que sufren, solo ábrete a la posibilidad y no niegues la porción divina que hay en ti.

Miles de sucesos misericordiosos pasan a diario y solo debes abrir tus ojos para ver las señales de Dios en tu vida, eso te bastará para jamás volver a sentirte solo o derrotado.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.