¿Bailas bajo la lluvia o te escondes de ella?

Es tu decisión aprovechar la vitalidad de la lluvia o esconderte de las tempestades. Y de ello depende el rumbo de tu vida.

Erika Patricia Otero

Por años Colombia recibió un lugar en la lista de los países con las personas más felices del mundo. Eso generó mucha polémica, pues las personas se preguntaban de dónde habían sacado semejante cosa. La situación del país lleva años sin ser la mejor; por eso, a los ojos de muchos somos uno de los países más violentos.

Sin embargo, cuando las personas vienen se dan cuenta que pese a que las cosas son difíciles en muchos aspectos, los colombianos siempre tenemos una excusa para celebrar, siempre tratamos bien a las personas aunque no tengamos el mejor ánimo, y que sí, en efecto somos capaces de «bailar bajo la lluvia».

Ser resiliente, la capacidad para «bailar al ritmo que nos toquen»

Ser resiliente no es no sentir dolor, es ser capaz de aprender de las cosas malas, de saber sobrellevar las dificultades y ser fuerte.

Cuando una persona no es resiliente se le hace muy complicado lidiar con los problemas que se le presentan. Ocurre que se deprimen mucho y no son capaces de plantearse soluciones, esto les lleva a sufrir mucho.

Por el contrario, cuando la persona en cuestión aprende a ser resiliente comienza a ver el vaso «medio lleno», y no «medio vacío». Yo te puedo decir desde mi experiencia que sé lo que es estar en ambos lados de la situación, y es mucho mejor para una persona ser resiliente.

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Mi historia

Tuve una temporada muy larga de estar estancada. Luego de terminar mi carrera profesional logré conseguir dos empleos, uno mejor que el otro, pero luego me estanqué. Me quedé sola porque me distancié de mis amigas, al descubrir que no eran honestas conmigo.

Con los años, las cosas se hicieron más difíciles. No importó qué tantas oportunidades busqué para salir del agujero donde estaba metida, sencillamente no lograba salir adelante ni «ver la luz al final del túnel». Eso duró 9 años, momentos donde lloré, sentí enloquecer, perdí la fe en todo. Luego, las cosas cambiaron.

Tenía como contacto en facebook a una chica, una compañera de la universidad con la que apenas me saludaba y compartía clases; sin embargo, a través de ver lo que compartía en esa red social, aprendí de ella cosas que jamás imaginé.

Supe que había vivido en Bogotá y allá trabajó en un centro médico y en una emisora radial; luego regresó a la ciudad de donde es originaria. A través de lo que compartía, me transmitía un positivismo que yo no sabía de dónde provenía.

Cuando cambió de residencia tuvo que empezar de cero y no tardó mucho tiempo en conseguir clientes para su consultorio, volvió a trabajar con el mismo centro médico y en una nueva emisora. Eso me llevó a preguntarme qué era lo que ella hacía que yo no, y descubrí que todo se trataba de su actitud.

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El cambio, me cambió la vida

Yo decidí que iba a imitarla. Fue así como me esforcé por ver el lado bueno de las cosas. Comencé a obligarme a sonreír aunque no tuviera ánimos, también comencé a hacer relajación y autoanálisis de mi actitud ante la vida. También opté por dejar de quejarme, y me reprendía cada vez que me sentía impulsada a lamentarme; fue así  cómo de a poco las cosas fueron cambiando.

Fue cuestión de tiempo para sonreír más de forma natural y ya no obligada. Atrás quedaron los pensamientos pesimistas. Comencé a darme cuenta de que detrás de las cosas malas que me pasaban, siempre habían cosas buenas que rescatar; y todo esto me llevó a ver al mundo de una forma muy diferente.

Cuando comencé a disfrutar de la vida y a afrontar las dificultades, llegó a mi vida una oportunidad de empleo en algo que siempre quise hacer. Al principio fue de lento, pero fue cuestión de empeño que las cosas adquirieran un ritmo más vertiginoso y positivo; y sí, puedo decir que soy una persona muy diferente a quien era hace unos años atrás.

Ahora ya no me preocupo por cosas que antes me ahogaban y no eran nada. Soy una persona más agradecida y optimista, como consecuencia soy alguien que es feliz a pesar de las dificultades. Sí, tengo momentos de tristeza, pero no dejo que dominen mi vida como antes.

Créeme, luego de ese cambio, mi vida cambió.

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Tú eres la clave para ser feliz

En tus manos tienes todas las oportunidades para ser feliz. Si yo pude puede, tú también; solo es cuestión que creas que puedes hacer el cambio y comiences a hacerlo.

Halla la motivación que requieres para salir adelante, en tus hijos, en ti misma. Sal a caminar y mientras lo haces respira y analiza las cosas que sabes que no te hacen bien. Luego llega a casa y escríbelas en un papel y frente a esa lista coloca las cosas por las que debes cambiarla; por ejemplo:

Supón que te desagradan los días lluviosos y te ponen de mal ánimo, pues un día que esté lloviendo sal a caminar bajo la lluvia, piensa en lo benéfica que es para las plantas. Piensa cómo el agua que refresca la tierra  y lo rico que es dormir mientras llueve.

Haz esto con todo lo que te desagrada, por ejemplo una visita de tu suegra que te critica mucho por como cocinas, pídele que te enseñé y aprovechas que cocine para ustedes. Si tienes una discusión con tu esposo y sabes que fue por tu causa, recurre a bajar la guardia, pide disculpas, y luego dale un beso; y si fue culpa de él, habla y descubre lo que ocurrió, perdónalo y reconcíliense.

Así, con todo en la vida, y ya verás cómo todo cambia, se ordena y aprendes a enfrentarte de la mejor manera a las dificultades.

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Todos podemos ser felices, yo logré un cambio de actitud y mi vida cambió por completo; yo sé que tú también mereces ser feliz, y es gratis.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.