Cuando las preocupaciones te agobian hay 3 cosas que debes hacer

Preocuparse en exceso puede dañar la salud.

Fernanda Gonzalez Casafús

Un proverbio popular dice “si un problema tiene solución, ¿Para qué preocuparse? Y si no la tiene, ¿Para qué preocuparse?” Las preocupaciones diarias pueden llegar a agotarnos al punto de ocupar nuestra mente de lleno. Y ello sucede cuando no sabemos cómo lidiar con el estrés que ello nos provoca.

La ansiedad, el nerviosismo y la intranquilidad que nos generan las preocupaciones cotidianas pueden afectar nuestra salud de manera contundente. Si eres de los que se preocupan en exceso por todo, o si tienes serias complicaciones en algunos ámbitos de tu vida, debes hacer algo al respecto.

Detente

Deja la queja. A veces, quienes tenemos muchas cosas buenas en la vida, como agua saliendo del grifo, comida caliente sobre la mesa, y una cama tibia para descansar, solemos quejarnos por cosas mundanas que pueden llegar a avergonzarnos si lo pensamos en profundidad.

La queja y la preocupación constante por las cosas no hacen sino agravar un estado de ansiedad, y entorpecer aquellos pensamientos que podrían llevarnos a clarificar la situación y resolverla.

Detenerse a pensar en el hecho que nos causa intranquilidad, nos hará tener una visión más amplia del problema, y así, poder resolverlo de manera eficiente. O, al menos, en caso de no haber solución, nos brindará otra perspectiva sobre la situación.

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El efecto en la salud

De acuerdo a los expertos, preocuparse constantemente por las cosas puede afectar la vida cotidiana pues la mente de la persona suele estar ocupada la mayor parte del tiempo enfocada en los que “podría suceder” y no en el presente en sí.

Conozco a alguien que vive atormentado por los fantasmas del miedo y sus preocupaciones diarias provocan ciertos cambios emocionales y físicos, difíciles de disipar fácilmente en el día.

Las personas que se preocupan a todo momento por lo que puede llegar a ser, o por lo que es pero no pueden controlar, viven en una amenaza constante donde la ansiedad juega un rol preponderante.

La ansiedad va de la mano

Investigadores de la Universidad de Harvard, aseguran que la ansiedad es la respuesta de nuestro organismo ante el estrés y las preocupaciones. En primera instancia, la ansiedad prepara a nuestro cuerpo para que esté alerta ante posibles amenazas, pero luego los efectos serán altamente negativos.

Así, las preocupaciones diarias, cuando son extremas, pueden llevar a un trastorno de la ansiedad generalizado, como a fobias, trastornos de pánico y trastornos del tipo obsesivo compulsivo.

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No todas las preocupaciones son negativas

La preocupación en su justa medida colabora en nuestro desempeño social en el día a día, así como en la supervivencia. Por ejemplo, preocuparte por la tos de tu hijo, o por estar prolijo para una entrevista de trabajo, habla de alguien responsable y atento ante las necesidades.

Pero cuando una preocupación es excesiva se convierte rápidamente en algo negativo para el organismo, pues nos corre del eje y convierte a una simple preocupación en un miedo irracional difícil de controlar.

Cuando tu mente no puede parar

Alguien que conozco supo una vez describir muy bien su trastorno de ansiedad, el cual manifestaba a través de preocupaciones constantes por todo lo que sucedía en su entorno. “No puedo parar mis pensamientos”, me decía.

Su cerebro iba tan rápidamente que no encontraba la forma de acallar los miedos y las preocupaciones. En ese momento le di un consejo que a mi me funciona desde que mi mamá me lo sugirió en la infancia.

1  Orar

La oración es el camino ante las preocupaciones. Sea del credo que seas, poner todas tus energías en la oración hacia aquella fuerza superior que comanda la vida, hará que enfoques tus inquietudes en la fe y la esperanza.

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Se han hecho numerosas investigaciones científicas al respecto, y se comprobó que la oración está asociada a ciertos beneficios en la salud física y psíquica de las personas. Aunque se necesiten más estudios al respecto, nadie puede negar los efectos positivos de la oración.

Rezar no sólo nos puede hacer olvidar momentáneamente de las preocupaciones, sino que cala en lo más hondo de nuestro ser para invitarnos a sumirnos en la esperanza de lo divino, en lo que vendrá, en todo lo bueno que podemos obtener de la gracia divina.

La próxima vez que los pensamientos negativos y las preocupaciones aquejen tu ser, ponte a orar.

2  Aceptar y amar tu presente

Te preguntas una y otra vez qué harás ahora que has perdido el empleo, o cómo continuarás una vez que ya no estén vivos tus padres, o cuánto sufrirás cuando tus hijos abandonen el hogar. Mientras tanto, la vida se escurre lentamente de las manos sin avisar, y de forma sigilosa.

Acepta el camino que estás construyendo y ama tu presente como nunca antes. Puedo asegurarte que de las peores tempestades se edifican los más fuertes cimientos.

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Cuando tu mente sea un enredo de oscuros pensamientos, detente a pensar ¿Qué puedo aprender de todo ésto? Y antes de “pre-ocuparte”, ocúpate. Ama tu presente con todo lo que ello implica, e involúcrate.

3  Tomar las riendas

Cuentas que pagar, trabajo acumulado, tiempo no compartido con la familia y los hijos, una enfermedad que avanza, o la pérdida del empleo, entre otras cosas. Muchas situaciones nos descolocan y nos atormentan.

Nos frustramos, nos peleamos con la vida. Preguntamos ¿por qué a mí? Y sin embargo, si no hacemos nada, todo seguirá igual. Si buscamos el cambio, éste consiste en dar el primer paso. Avanzar hacia el cambio exige dejar de lado las preocupaciones y actuar.

Buscar un mejor trabajo, o trabajar más duro en la semana para tener más tiempo libre con los hijos luego. Hacer algo para mejorar la pareja, o ahorrar dinero para ir de vacaciones. Si nunca empezamos, jamás emprenderemos el cambio, y las preocupaciones seguirán cómodamente allí,

El poder radica en tí. Preocuparse es sano. Pero en exceso coarta nuestra libertad humana. Y sólo tú tienes el poder de decidir qué camino vas a escoger. (Y por lo demás, no te preocupes).

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Fernanda Gonzalez Casafús

Fernanda Gonzalez Casafús es argentina, mamá y Licenciada en Periodismo. Ama los animales, la danza, la lectura y la vida en familia. Escribir sobre la familia y la maternidad se ha convertido en su pasión.