Disfruta los buenos momentos y aprende de los malos

A veces, después de un gran dolor llega una gran bendición. Y es entonces cuando aprendes y evolucionas.

Erika Patricia Otero

«Cuando no podemos cambiar una situación, tenemos el reto de cambiarnos a nosotros mismos»

Viktor Frankl, sobreviviente de campos de concentración

 

Una conocida canción de Rubén Blades dice: «La vida te da sorpresas«; lo mejor es que no hay un ápice de mentira en esa pequeña frase.

Hay 2 grandes lecciones que a lo largo de mis años aprendí: Primero, jamás sabremos cuándo nos llegará la hora (morir); y segundo, nunca tendremos la certeza de cuándo y cuánto puede cambiar la vida.

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Sucede a todo momento. Las personas en su mayoría suelen creer que los cambios que son más relevantes son los que «mueven los cimientos de la vida»; eso no es del todo cierto. Es verdad que entre más grande el evento, más te fuerza a moverte fuera de tu zona de confort, a hacer cambios y a adaptarte, pero los pequeños eventos también pueden llevarte a vivir cambios complejos.

Ahora bien, los cambios no son malos por muy dolorosos que sean; sin embargo, la «dureza del golpe» depende de la actitud que se tenga para enfrentarla.

Ninguno de nosotros  sufre o disfruta de la misma manera los buenos y malos momentos de la vida. Por eso, si algo se debe aprender es a disfrutar los buenos momentos y aprender de los malos; esa es una enseñanza que además se puede dejar de herencia a la familia.

La importancia de los malos momentos

En algún lado leí que no hay día sin noche; la verdad, es que creo que los malos momentos son la antesala de las bendiciones que trae la vida luego de superada una prueba.

Los malos momentos te ayudan a dar valor a las grandes bendiciones de tu vida. Sin los eventos fatídicos de la vida, no podríamos darle el valor real a las situaciones que nos hacen muy felices.

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Pero además de esto, las dificultades de la vida surgen para que aprendamos una lección. Para que nos hagamos más fuertes y seres humanos de mucho valor. Lo terrible es que cuando no aprendemos la lección, estamos condenados a pasar una y otra vez por esa mala experiencia; eso, hasta que al fin hacemos nuestro ese aprendizaje.

Desde ese punto de vista, los malos momentos tienen la finalidad de ser maestros que siempre van a enseñar cosas buenas; que la persona esté dispuesta a aprender ya es asunto propio e individual.

Importancia de los buenos momentos

Más allá de la felicidad que se pueda experimentar y las sensaciones agradables que surgen al evocar recuerdos felices, los buenos momentos nos liberan del estrés. Además de esto, dejan recuerdos en tu mente que desplazan a los más dolorosos. También nos otorgan paz y descanso, lo que permite estar más saludable y fuerte.

Lo mejor de todo es que los buenos momentos pueden nacer de simples acciones. Un chiste, un abrazo, una charla liberadora, una llamada de un ser amado, una buena noticia; en fin, casi que cualquier situación que para ti sea feliz, va a dejarte una sensación de felicidad que va a durar un tiempo necesario para que puedas disfrutarla y sacar el mejor partido de ella.

Una lección de vida

Justo hoy, cuando estaba por comenzar a hacer este artículo, me encontré con la anécdota de vida de un hombre salvadoreño que me dejó una de las mejores enseñanzas de vida.

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Mira y escucha este video // y no te quejes mas. 🙏🙌💪👊

Posted by Alexander Umaña on Monday, May 4, 2020

Él relata que durante toda su infancia sufrió hambre. Para llegar a la escuela debía caminar una distancia muy larga; lo que a veces se le hacía muy difícil por la debilidad debido a la mala alimentación.

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Cuenta cómo él miraba de lejos cómo sus compañeros manoseaban la comida que se les servía en la escuela. Ellos medio mordían los alimentos y los despreciaban porque -según ellos- eran muy asquerosos. Esos alimentos a medio tocar eran tirados a la basura, pero él los robaba y guardaba en una bolsa de plástico; luego, salía corriendo para una montaña cercana, se escondía y comía parte de ellos, el resto lo llevaba a su familia.

La llegada del cambio

Siempre fue agradecido con Dios pues «había encontrado algo para comer». Lo magnífico de todo, es que reconoce en esos eventos dolorosos de su vida, la llegada de una bendición grandiosa.

Un día, luego de una jornada muy difícil porque se sentía muy débil por el hambre, él se desmayó. Un profesor que era conocedor de todos los retos que vivía a diario, le invitó a un evento deportivo. Ese profesor sabía que esas caminatas que hacía desde muy temprano en la madrugada eran una especie de entrenamiento en carrera; él aceptó.

El día de la carrera llegó con un pantalón jean cortado hasta las rodillas, una camisa y zapatos humildes. Él no tenía dinero para un uniforme y eso hizo que fuera la burla de los otros competidores; sin embargo, esas humillaciones solo lo hicieron más fuerte. Él compitió y ganó, lo que le abrió las puertas a una vida diferente y mejor.

Este hombre sabe que la humildad es mayor a toda palabra necia y sabe además que tan grande como sea el sufrimiento, así mismo es la bendición que se va a recibir, pero se debe ser humilde y tener una actitud resiliente para poder ser merecedor de ese cambio feliz para la vida.

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La verdad es que todos en mayor o menor medida sabemos de lo que este hombre habla. Yo también pase por años por una situación económica muy compleja; al principio no comprendía y la rabia me carcomía. Fue cuando, luego de mucho desespero y desilusión, comprendí que las cosas no cambiarían si yo no cambiaba mi actitud. Aprender esa lección fue el inicio del fin y la llegada del cambio positivo para mi vida.

Te invito a hacer ese cambio. No es fácil, pero sí gratificante cuando sabes que ese tiempo de sufrimiento no fue en vano. Ya solo te queda disfrutar de esos buenos momentos, sabes qué se siente sufrir, ahora disfruta de tus bendiciones.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.