Dulce y efectivo masaje para bebés que toda madre debe conocer

¿Tu bebé no logra conciliar el sueño o sufre de cólicos? Revisa este cariñoso masaje y aprende a calmarlo de forma amorosa.

Teresa Guadalupe Correa Pérez

La piel es el primer lenguaje para los bebés recién nacidos, pues a través de ella descubren poco a poco el nuevo mundo que los rodea fuera del vientre materno, y para cada madre es muy importante que su bebé tenga la más bella experiencia.

Muchos estudios de investigación revelan la necesidad del contacto afectivo como parte fundamental de los primeros años de vida, y el masaje infantil es uno de los más agradables y fáciles métodos para establecer el primer contacto del bebé con sus padres, además de favorecer la relajación y aliviar los cólicos.

Shantala: el regalo de dar amor

Uno de estos maravillosos masajes es el Shantala, un arte milenario practicado en Oriente que fue introducido en la sociedad occidental en la década de los años cincuenta a través del ginecólogo francés Frédérick Leboyer, quien lo definió como “el regalo de dar amor”.

Es un regalo de amor, sin dudas, pues fortalece el vínculo afectivo y mejora la calidad de crianza de los niños, así como el bienestar de los padres. Estos masajes contienen ciertos elementos críticos de la vinculación tales como el contacto visual, las sonrisas, los sonidos suaves, el toque amoroso, las caricias, los olores y la interacción mutua.

Estas interacciones aumentan el placer bioquímico en el cerebro del niño, reforzando así las vías neurales asociadas con el placer y la motivación.

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¿Cómo hacer el masaje Shantala a nuestro bebé?

El masaje Shantala es amor, cariño, ternura, felicidad, compasión, respeto, paz, tranquilidad, apoyo, comunicación. Shantala es una forma más de decir a nuestros hijos “te quiero”, sin usar las palabras, solo nuestras manos, nuestra mirada y nuestro corazón.

1 Comienza en el pecho

Unta las palmas con aceite para bebés; frótalas, ponlas juntas sobre el pecho del bebé y deslízalas hacia afuera en dirección opuesta, siguiendo la línea de las costillas, como si estuvieras alisando las páginas de un libro.

2 Sube y baja las manos en «olas»

Ahora las manos suben y bajan de forma alterna, cruzándose desde el costado izquierdo del bebé (zona de cadera-ingle) hasta su hombro derecho, y desde la cadera derecha al hombro izquierdo. Son como olas. El canto de tu mano debe deslizarse por el cuello del niño.

3 Pasa a sus brazos

Con el niño sobre el costado derecho, sujeta su brazo extendido con tu mano izquierda, mientras con la derecha rodeas su hombro. Tus dedos índice y pulgar formarán un brazalete que irás deslizando por su brazo. Al llegar a su muñeca, insiste tres veces, sujeta su manita con tu mano derecha y repite este movimiento con la izquierda, de forma que tus manos se sucedan de forma fluida.

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4 Ahora, la mano y el antebrazo

Después, rodea con cada mano, una junto a la otra, la parte de su brazo cercana al hombro y ve desplazándolas con un movimiento de torsión (cada mano en un sentido). Al llegar a la muñeca insiste tres veces y vuelve a comenzar en el antebrazo una vez más. Repite todo el proceso con el otro bracito del bebé.

5 Céntrate en sus palmas de las manos

Con tus pulgares, masajea las palmas desde la base de la mano hasta la punta de los dedos.

6 La zona del abdomen

Desde la base del pecho, sin tocar las costillas, desliza las manos planas, lentamente, una después de otra, hacia ti y en perpendicular al bebé. Los movimientos deben sucederse como olas, con un ritmo constante.

7 Pasa a masajear las piernas

Tienes que hacer el mismo movimiento que con los brazos. Primero, bajando en forma de brazalete desde el muslo hasta el tobillo, con una mano y después con la otra. Repite varias veces. Después, con las dos manos a la vez pero moviéndose en dirección opuesta, haz los movimientos de torsión, como si imprimieras, desde la ingle hasta el pie. Insiste en el tobillo.

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8 La planta de los pies

Masajea la planta del pie del bebé, primero con los pulgares desde el talón hasta los dedos. Luego con toda la palma de la mano.

9 Llega el turno de la espalda

Acomoda al niño boca abajo y transversalmente a tus piernas, con su cabeza a tu izquierda. Coloca tus palmas planas en la parte superior de su espalda y realiza movimientos de vaivén, una mano primero y la otra después, hacia delante y hacia atrás. Al mismo tiempo, las manos se desplazan transversalmente hacia los riñones con lentitud.

10 Recorrido de la espalda

Con la mano izquierda, recorre su espalda, desde la nuca a las nalgas con lentitud y firmeza, como si tu mano fuera un rodillo de amasar. Al mismo tiempo, con la mano derecha tienes que sujetar al bebé, en oposición al empuje de la mano izquierda. Repite varias veces el mismo proceso.

11 Desde la espalda a sus pies

Alarga el segundo movimiento, con la mano izquierda y con firmeza, hasta los talones. Con la mano derecha sujeta sus pies y mantén sus piernas lo más estiradas posible, mientras recorres desde las espalda hasta las piernas con la mano izquierda. Al llegar a los talones, levanta la mano y vuelve a empezar desde arriba.

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12 Desde la frente a las mejillas

Es un masaje muy ligero, un roce con las yemas de los dedos. Comienza por la frente hacia los lados siguiendo el borde de las cejas. Cada viaje llega más lejos, hasta las sienes y a las mejillas.

13 El resto de su rostro

Después, desde la base de su nariz, con los índices o los pulgares, haz un movimiento ligero y de poca amplitud hacia arriba y otro hacia abajo. Por último, posa los dedos ligeramente sobre los párpados del bebé y, desciende por los bordes de la nariz hacia las comisuras de la boca y hasta la barbilla y el cuello.

Ahora, a disfrutar de bellos momentos junto a tu hijo con este increiblemente relajante y amoroso masaje. Recuerda que lo más importante es compartir con ellos y fortalecer el vínculo.

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Teresa Guadalupe Correa Pérez

Lou Correa es una apasionada investigadora de ciencia y psicología, amante de los libros, el clima frío y los abrazos cálidos; joven madre de un bebé y esposa.