El fuerte poder del agradecimiento y la magia que da a tu vida

Ser agradecido te da abundancia y te hace una persona más feliz. Y seguramente tengas motivos reales y concretos para agradecer cada día.

Erika Patricia Otero

Orar te acerca a Dios, pero no basta con arrodillarse y recitar una serie interminable de plegarias automáticas. Orar es hablar con Él como si estuvieras hablando con tu mejor amigo. Porque eso es Dios para los creyentes: su mejor amigo.

Sin embargo, hay personas que oran a diario pero no sienten que sus plegarias son atendidas; a veces esto se debe a que no saben aún cómo hablar con Dios.

Dar gracias es más efectivo que mostrar necesidad

Creo fuertemente en que comenzar el día dando gracias por despertar de nuevo y contar con salud y fuerzas para seguir luchando, es el primer paso para tener un día bendecido.

Aprendí hace unos meses que orar dando gracias por lo que tienes, es más meritorio que orar pidiendo por lo que no posees. La razón de este planteamiento es que «la abundancia atrae abundancia y le carencia solo atrae carencia».

Yo antes no podía creerlo, sin embargo, opté por ponerlo en práctica. Comencé a cambiar la manera en la que oraba, lo hice de manera gradual y consciente.

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Me arrodillaba o sentaba al borde de mi cama y comenzaba: «gracias Padre por…» todas y cada una de las cosas de las que había disfrutado ese día: alimentos, salud, (incluso problemas de salud porque me hacían dar gracias por estar viva), por mi empleo, mi familia, mis animales de compañía; es decir, todo.

Y así seguí todos los días, al despertar, al desayunar, almorzar y comer, (tengo la costumbre de bendecir los alimentos). También suelo aprovechar cuando salgo a caminar para hablar con Dios, pero siempre dando gracias. Y de verdad el cambio en mi vida no se hizo esperar.

El cambio al ser agradecido

Comencé a darme cuenta que dar gracias cambió mi actitud, siempre estaba sonriendo. Mis pensamientos se volvieron más positivos, ya no me quejaba de lo que tenía y siempre me fijaba más en todo lo que poseía en lugar de poner atención en las cosas que según yo no tenía.

Los días se me hicieron más cortos y colmados de pequeñas cosas que merecían la pena disfrutar; es decir, me abrió los ojos para observar cada pequeño milagro que se sucedía en mi vida.

Me hice consciente de que son muchas más las bendiciones que tengo a diario, que las cosas que me hacen falta (según yo) para ser feliz.

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En definitiva, puedo decir que dar gracias por absolutamente todo, obró su magia en mi vida y en cada aspecto de ella.

¿Sirven las oraciones tradicionales para acercarse a Dios?

Claro que sirven, pero como todo en la vida espiritual, depende de la fe que tengas.

Yo te hablo desde mi verdad, desde lo que yo hago y lo que pongo en práctica, porque me ha hecho un mejor ser humano. En mi caso, prefiero sentarme o arrodillarme y comenzar a hablar con Él, como cuando hablo con un amigo al que le tengo mucho respeto, confianza y mucho cariño.

Mi recomendación es que te acerques a Él como te sientas cómoda/o, pero jamás olvides ser agradecida/o.

Puedes comenzar con una oración de este tipo:

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«Gracias Padre por tener un nuevo día de vida y tener a mis hijos conmigo. Por mi casa, que aunque humilde es mucho más de lo que otros tienen. Gracias por la salud y la fuerza que me das a diario, y gracias por todas las bendiciones que sé hoy voy a recibir de tu parte. Amén»

Ora también por los alimentos, lo que yo hago es lo siguiente. Ya todos reunidos en la mesa (o cuando como sola) oro, más o menos así:

«Gracias Padre por estos alimentos que hoy pones en nuestra mesa, porque siempre eres tú proveyéndonos y bendiciéndonos. Gracias por los alimentos que das a los más necesitados, a los animales sin hogar y en necesidad. Sé tú, siempre dándoles agua, alimentos y refugio. Gracias por todo, Amén»

Claro que puedes hacer tus oraciones como tu te sientas bien, pero siempre agradeciendo. Soy reiterativa en esto porque a mí me cambió la vida para bien.

La abundancia de Dios

Mis padres me enseñaron que Dios es un ser de abundancia; colmado de amor y dispuesto a darte todo lo que requieras para progresar. A mí, este conocimiento no me llegó al azar; yo lo estaba buscando, y de verdad que estoy muy agradecida de haberlo obtenido.

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Me encantaría que tú también pudieras vivir en carne propia el cambio tan grande y positivo que surge en tu vida al cambiar tu actitud y volverte una persona que da gracias. Vas a observar cómo es mucho más efectivo, porque verás la abundancia de la que gozas, serás capaz de ver las cosas que tienes pues fijas tu atención en ellas y no en lo que te hace falta.

Ser una persona que da gracias a Dios por lo que tiene, muestra que es humilde, que sabe que lo que tiene en su vida si bien es gracias a su esfuerzo, también se debe a la intervención de fuerzas más allá de su conocimiento que le bendicen a diario.

Te dejo la invitación para que atraigas a tu vida la abundancia, misma que solo viene de la manos cuando aprendes a decir : ¡Gracias!

Te deseo como siempre, lo mejor.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.