El maravilloso regalo que nos dan los abuelos con su presencia en nuestra vida

El amor es el regalo más grande que una generación le puede dejar a otra.

Erika Patricia Otero

Mis abuelos paternos murieron hace poco, con un año de diferencia. Aunque no fuimos muy cercanos, tengo gratos recuerdos de ellos, pocos, pero agradables.

Fue lo contrario con los padres de mi mamá. A mi abuelo no lo conocí porque murió muy joven, cuando mi mamá aún era una niña; en cambio, mi abuela falleció en el año 1997 y no hay un solo día en que no la recuerde.

Mi abuela dejó una huella imborrable en mí. De ella aprendí muchas cosas, entre ellas fortaleza, lealtad, valentía y perseverancia. No hubo un solo día de su vida que no fuera sinónimo de trabajo y fortaleza.

Las enseñanzas de mi abuela

Debido a que los últimos meses de vida de mi abuela materna vivió con nosotras, pude conocerla mejor. Ella dedicó largas horas a contarnos sus anécdotas de infancia y juventud. Gracias a eso, descubrí que más allá de ser una mujer trabajadora, paciente y tolerante, había tenido experiencias difíciles que la hicieron desarrollar un carácter fuerte y ser poco expresiva en sus afectos.

Mi abuela no era de agarrarnos los mofletes y abrazarnos hasta dejarnos sin aire. No, la forma en la que ella expresaba amor era cocinándonos lo que nos gustaba. También nos hacía ropa bonita y le gustaba contarnos cuentos o nos hablaba de las novelas que le gustaban. Otra cosa que también hacía era jugar con nosotros juegos de mesa; fueron momentos muy bonitos.

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Ciertamente yo la amaba, y la extraño mucho. Extraño esperarla con ansias para las vacaciones de mitad de año y diciembre. Recuerdo cuando me enfermaba y me cuidaba, sus regalos pequeños pero tan significativos de los que aún guardo algunos.

Pero mi abuela no solo me heredó momentos dignos de recordar para toda la vida. Ella me enseñó a ser fuerte, a tener fe, a dar lo mejor de mí a los demás, a ayudar sin miedo, el trabajo duro y a amar a todos por igual a pesar de los problemas.

La influencia de los abuelos en nuestra vida

No podemos negar que para muchos de nosotros los abuelos son la prueba más pura de amor, cuidado y protección. Justamente eso es lo que aprendemos de ellos.

Yo puedo recordar que mi abuela siempre fue apoyo para mi madre en todos los aspectos. Por eso, cuando ella comenzó con un deterioro paulatino de su salud, nosotras sentimos que era nuestra obligación moral ser su soporte.

Mi abuela a lo largo de su vida fue fuerte, tanto física como moralmente. Supo enfrentarse con valentía a situaciones sumamente adversas, y nunca se dio por vencida. Ese fue el ejemplo que nos dio y el que ahora aplicamos en cada momento de nuestra vida.

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Todos somos receptores directos o indirectos de la herencia de los abuelos. Esta nada tiene que ver con tesoros o dinero. Ese legado invaluable tiene que ver con lo que va impregnado en nuestros genes; en lo que vivimos y aprendemos de ellos.

El papel de los abuelos en la vida

Hay abuelos que cuidan a sus nietos mientras sus hijos trabajan. Otros más, por cosas que a veces se le escapan a la vida, tienen la difícil labor de criar a sus nietos. Y otros abuelos disfrutan de la compañía de sus nietos cada tanto. Como sea que intervengan en la vida de un niño o de una familia, lo cierto es que sin ellos, muchas familias no serían nada.

Un abuelo puede ser un cuidador ocasional según las circunstancias, pero también son cómplices de sus nietos; tanto, que incluso a veces se interponen entre sus hijos y sus amados nietos.

Muchas son las veces que veo a mi madre enojada con mi hermana porque se pasa en regaños con mi sobrino. Veo también cómo mi madre (al mejor estilo de mi abuela) deja de comprarse cosas que ella necesita por darle un regalo a mi sobrino. Por supuesto, también lo corrige si hay que hacerlo, y lo consuela si algo lo asusta o lo lastima, pero siempre con un amor y cuidado que a veces envidio.

¿Qué son los nietos para los abuelos?

Un día le pregunté a mi mamá si era cierto que los abuelos aman más a sus nietos que a sus hijos. Mi mamá me respondió que no era que les amaran más; que lo que ocurría es que con los nietos podían darse los lujos que con los hijos no. Me dijo que puede disfrutar su tiempo con mi sobrino dado que no tiene la sensación de que todo lo está haciendo mal.

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Básicamente, lo que me quiso decir es que con su nieto sabe en qué cosas no debe equivocarse. Como quien dice: nosotras -para bien o para mal- le ayudamos a aprender lo que sí y no debía hacer en cuanto a crianza se refiere.

Pero los nietos, además de ser una fuente de placer, también son referentes a la juventud, a volver a ser como niños. A mi madre muchas son las veces que la veo jugando con su nieto; incluso a veces siento que junto a él se siente más llena de vida y energía.

Para finalizar, solo me resta decir que para los abuelos, los nietos son -como dice una canción- «la prolongación de la existencia». Los nietos son fuente de una felicidad indescriptible. Un nieto en el hogar de un abuelo es la oportunidad de volver a sentirse vital, de expresar amor y de descansar porque saben que todo lo que dan, lo ofrecen de corazón.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.