¡Epidemia! “Mombies” al ataque. ¿Eres una de ellas?

Mamá, ¿tienes grandes ojeras?, ¿caminar inestable? ¡Oh no!, Te has convertido en una "mombie", pero ¿es en verdad tan malo?

Apenas hasta hace poco pude nombrar una terrible “infección” que pesqué luego de tener a mi primer hijo, en la que reincidí con cada uno de los pequeñitos que Dios me ha regalado.

Había vivido los síntomas uno tras otro, pero no conocía el concepto. Si eres mamá, estoy segura que -igual que en mi caso- conocer este fenómeno, además de darte risa, te dará serenidad, comprendiendo ¡sí! que eres normal.

Verás que tus frecuentes distracciones, el hecho de que a mitad del pasillo olvides si ibas o venías, y las maneras desenfadadas cómo acomodas tu cabello, encajan perfectamente en esta definición que ¡ojo! no debe despertar en ti miedo sino autocomprensión.

Existe una palabra para nombrarlo todo

Luego de una búsqueda exhaustiva en distintos sitios de la Web, puedo afirmar que una “mombie” es “una mujer que ha dado a luz y repentinamente vive un “reset” de su vida anterior, convirtiéndose en algo completamente distinto: sus conversaciones tratan de temas casi escatológicos como el olor de los pañales, mocos y vacunas, además, balbucea palabras a veces inteligibles.

Este especimen, además, tiene la mirada perdida, se tambalea al caminar, tropezándose con bloques y peluches, tiene una aterradora sombra morada alrededor de los ojos, cabello extrañamente tieso y pierde el sentido de identidad y orientación.

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Pero no todo es tan dramático, también posee una dulzura inigualable, y la capacidad de obtener energía de los ojitos y manos de su bebé, lo que la hace casi invencible, pero también ocasiona inexplicables cambios de humor, por estos altibajos energéticos.

¿También has palomeado casi todos los “síntomas”? ¡Choca esos cinco!

Ya le puse nombre, ¿ahora qué?

Bueno, como bien afirman en las dinámicas de Alcohólicos Anónimos, lo primero es que reconozcas en ti un cambio, no eres mas una mujer común.  Las fotos de tu boda no encajan ya en esta persona que miras en el espejo al lavarte las manos de carrera porque el bebito ha comenzado a llorar.

¡Eres otra!, eres una “mombie”.

Te felicito por reconocerlo. Tu mundo está patas para arriba, junto a tus hormonas, tus horarios de sueño y prioridades. Entonces, me preguntarás, ¿qué sigue?

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Ahora, ¡informa a la población!

¡Qué mas quisiéramos que las personas a nuestro alrededor nos leyeran la mente!, tal vez te imaginas que cualquiera (vamos, hasta el hombre de la tienda que visitas regularmente), al mirar las marcas púrpura alrededor de tus ojos, mirará tu agotamiento y sobrecarga emocional, pero no siempre es así.

Tú, como “mombie” reconocida, tienes primero la obligación de mirar a otras mujeres de tu condición, y hermanarte con ellas.

No desprecies la riqueza que tienen unas lágrimas vertidas desde el corazón con una mujer que te comprende de verdad. ¡Sí!, lo primero es buscar otra mujer con tus síntomas, y explicarle que sí, que es normal, aceptado y hasta emocionante.

Que te conozcan, no que te tengan miedo

El tercer paso que te recomendaría es hacer ver a tus mas cercanos, que tu condición te ha transformado profundamente desde dentro hacia afuera.  Necesitas pedirles que te escuchen, que te miren, y que aprendan a amarte y reconocerte, desde esta nueva maternidad.

Deja ya el traje de “supermujer” que todas nos ponemos con el famoso cumplimiento. Corres por toda la casa haciendo cuanto puedes, abusando de tu energía, de tu capacidad y de tu ánimo, porque “así somos las mujeres”, “todo lo podemos”.

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No tiene nada de malo reconocer que te cansas, que tu mente no va a mil por hora, como solía ser cuando solo te preocupabas por arreglarte a tiempo para evitar el tráfico. Tu mundo ahora no se rige por las horas ni los informes entregados, sino por leche, eructos que han salido y horas de sueño.

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Amarte a ti garantiza el amor para todos

Entonces, mírate. Así, con ese peinado extraño, con las ojeras y las cejas sin depilar. Enorgullécete de tus brazos fuertes y cálidos que calman a tu bebé solo con el contacto. Valora tu energía para criar ese pequeño ser humano que ha volteado tu mundo. Y aprovecha este cambio gigante en ti para replantearte por qué y para qué haces lo que haces.

Aprovecha también para quererte porque sí.  Amarte no porque entraste en el pantalón de la talla soñada, sino porque sabes amar y doblegarte a pesar del cansancio.

Deja esos criterios e ínfulas de presunción social y deja crecer esa sensación de profundo poder que te dan tus nuevas habilidades: cambiar pañales mientras hablas por teléfono y recostar al bebito en la cuna sin que despierte, y esa lechita mágica que ha hecho que la luz de tus ojos haya crecido ya varios centímetros.

Ríete mucho, especialmente de ti

Mis hijos aún se ríen del día que estábamos en su recámara y yo, contándoles un cuento, comencé a unir palabras sin ton ni son: “entonces, la maestra…. la espátula… el niño, y el superhéroe”.  Carcajeándose, me despertaron para decirme que mi cuento había perdido su lógica y también su encanto.

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El caos de la maternidad traerá un nuevo orden que llenará de sentido tus días, ríete de tus desconciertos, de tus fallas, y ¿por qué no? de tus miedos. Mira con compasión tus límites, y los límites de quienes conviven contigo.

Santo Tomás Moro, un hombre extraordinario, decía: “felices los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse“.  Esta filosofía ayudaría a desencajar ese ceño fruncido que parece parte de las “mombies”, pero debemos dejar de lado, porque el mal humor sí genera una infección verdaderamente seria, y casi incurable.

¿Y el tratamiento?

Date tiempo. Descubrirás partes de ti que no conocías, que potenciarán quien creías que eras. Y por favor, no le hagas caso a las series de ciencia ficción que afirman que los “zombies” son siempre carroñeros y malvados.  Ser “mombie” es el inicio de tu eclosión. Disfruta el proceso, y ¡felicidades! Esta aventura será apasionante.

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