La verdadera razón por la que debemos hacer el bien sin mirar a quién

Hacer el bien sin mirar a quien es la mejor forma de ser feliz día a día.

Erika Patricia Otero

Es tan sencillo amar a quienes nos aman, pero ¿Podrías amar a alguien que te ha herido? Si te respondes a ti misma que es difícil, tienes razón.

Nadie te va a juzgar por no ser capaz de amar a quien solo sabe herir; pero si te dijera que ningún mérito tiene amar a quien te ama y que el valor real está es servir y amar a tu enemigo ¿Qué dirías?

Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos

Es deber nuestro procurar siempre hacer el bien a todo ser humano, es difícil más no imposible. Hacerlo requiere que seamos humildes y «de corazón manso». Ésto además implica que de una forma u otra amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

En Mateo 22:36-40 dice:

36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

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Te preguntará entonces cómo saber si cumples con el primer mandamiento de los versículos de arriba. Sabes que amas a Dios cuando eres capaz de amar a los demás, porque cuando sirves a los demás de manera desinteresada, estás sirviendo a Dios.

Amar al prójimo también está vinculado al amor y respeto que tengas por ti mismo. Te preguntarás la razón y es ésta: es imposible dar a otra persona lo que no tienes. ¿Has escuchado decir que «de la bondad del corazón habla la boca»? Pues es así, nadie puede ser bueno si no hay bondad en su corazón, y si no hay bondad en ti, es difícil que te puedas tratar bien y tampoco tratarás bien a los que te rodean.

Amar al «enemigo»

Amar al prójimo incluye a esa persona que te hace todos los días la vida imposible. No somos perfectos y de verdad a veces sentimos que no somos capaces de tolerar ni por un segundo más a ese vecino que cada fin de semana hace una fiesta que dura 12 horas. Es muy difícil apreciar a esa vecina que te ha metido en problemas por sus comentarios mal sanos.

Pese a todo eso, si hay bondad en tu corazón, estoy segura que si los ves en problemas acudirás en su ayuda. La razón por la cual darás de ti lo mejor que tienes a esas personas, es porque sabes que es lo correcto. Sabes que no importa cuánto daño te hayan hecho, tu no deseas para ellos ningún mal, todo porque eres una buena persona.

Hacer el bien tiene muchas caras

Todo el mundo da de lo que tiene, unos mucho y otros pocos, pero todos damos algo a quienes lo necesitan.

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Hay algunos actores famosos que donan mucho dinero a causas benéficas y lo hacen de forma anónima. También conozco casos de personas que dejaron en sus testamentos como herederos a fundaciones, hospitales públicos, casas para ancianos, refugios de animales entre otros. Pero no todo es cuestión de dinero.

Hay personas que cada semana hacen voluntariados y donan su tiempo al cuidado de refugios de animales, al cuidado de ancianos sin familia, dan conferencias gratuitas a personas que se encuentran en la cárcel, dan clases de arte a niños con discapacidades. Todas estás personas dan de sí porque quieren, porque les nace, y porque de verdad se sienten muy felices al hacerlo.

Pero la forma más habitual de ayudar al prójimo en necesidad es cuando, por ejemplo: cuidas la casa de un vecino mientras este está en el trabajo o se va de viaje, cuando ayudas a alguien que pide algo de comida o ropa para cubrir sus necesidades básicas, cuando das alimento a un animal en necesidad, esas son las maneras más cotidianas en las que ayudas a tu prójimo.

Todo gesto de bondad que lleves a cabo, sin poner de filtro tu necesidad de reconocimiento y sin actuar de manera mezquina pensando en lo que fulano hará con las cosas que le estas dando, hablará bien de ti. Ésto porque la relación que importa no es la que ve tu vecino, si no la que tú sabes que llevaste a cabo y alivió la pena de un corazón afligido y en necesidad.

Las personas amables te alegran el día

Otra forma de servir es ser amable, y estoy segura que lo siguiente te ha pasado. Vas por la calle caminando pensando en una situación que te trae preocupada y de repente, alguien que viene en sentido contrario te saluda con un «muy buenos días» que acompaña con una sonrisa; eso cambia un poco tu ánimo.

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Es muy agradable encontrar personas amables en tu día a día, y de verdad que a veces un saludo o una sonrisa es todo lo que necesitas para sentir el impulso de seguir adelante.

Ser agradable a veces cuesta porque todos tenemos problemas; sin embargo, las cosas cambian cuando sonríes. Hace unas semanas vi un vídeo donde la mujer que daba la conferencia explicaba que los pensamientos negativos pueden ser evitados cuando procuras tener una sonrisa en tus labios; yo lo puse en práctica y de verdad funciona.

Una sonrisa, un saludo, ceder la silla a otra persona en el transporte público, dar la mano a un anciano para que baje del bus o pase una calle, todos esos gestos, por pequeños que parezcan pueden hacer la diferencia entre un buen día y uno terrible. Sí, ser amable es una manera de servir y de hacer el bien.

Hacer el bien solo requiere de que de verdad tengas la voluntad de hacerlo, que no pretendas ganar galardón ante un público que mire, sino que el verdadero premio lo estás ganado para ti, para agradar a Dios y para ser ejemplo de vida para tu familia.

Te deseo, como siempre, lo mejor.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.