Los niños son el mejor ejemplo de amor al prójimo, necesitamos ser más como ellos

Una niña y una historia que te harán ver la vida de forma diferente. Su ejemplo nos hace reflexionar y nos da la oportunidad de deconstruir algunas de nuestras acciones.

Erika Patricia Otero

En la actualidad vivimos en un mundo difícil; muchos seres humanos están dominados por el egoísmo, la envidia y los deseos de tener más de todo, sin importar qué o a quienes se llevan por delante.

Pero muchos no son todos, y cada día por fortuna tenemos el gusto de presenciar actos de amor, generosidad y servicio que siempre vienen de quienes los adultos deberían ser ejemplo: los niños. Esa es la historia que te contaré a continuación.

Hailey Fort y su gran ejemplo de generosidad y servicio

Hailey Fort tiene 9 años, pero a la edad de 5, al ver a una persona sin hogar,le preguntó a su mamá si podían ayudarlo, a lo que la señora asintió. Fue así como comenzó todo un proyecto para ayudar a las personas sin hogar, porque en palabras de Hailey : “Simplemente no parece correcto que haya personas sin hogar. Creo que todos deberían tener un lugar para vivir”.

La niña creó entonces Hailey’s Harvest, una campaña que a través de donaciones, las personas la ayudan a ella a poder seguir ayudando a los más necesitados.

El servicio a la comunidad de personas sin hogar implica:

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-Construcción de refugios (casitas personales) para personas sin hogar

-Cultivo de alimentos

-Entrega de productos de aseo

Con su iniciativa, la niña ha generado un impacto interesante en la gente de su comunidad. La verdad es que lo que hace es un gran ejemplo para muchos de nosotros que a veces creemos que la responsabilidad de ayudar a las personas en necesidad es cuestión del gobierno, cuando en realidad todos podemos hacer el cambio.

Todos podemos hacer algo por ayudar

Hay algo que me tiene con remordimientos. Hace unos días tuve que ir al centro de la ciudad donde vivo para hacer unas compras. Pasaba por un lugar donde estaban vendiendo avena y empanadas o buñuelos (típicos en Colombia).

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El lugarcito estaba colmado de personas, pero lo que me impactó y algo de lo que me arrepiento mucho es de lo siguiente: en un rincón, sentado, tratando de no ocupar mucho espacio y pasar desapercibido, había un hombre en situación de calle que miraba con una expresión de necesidad y evidente hambre, cómo todos los que estaban ahí compraban y comían, pero nadie se dignaba a comprar algo para él.

Me sentí mal por él y tuve la intención de comprarle, pero me detuvo el hecho de que no tenía dinero en suelto (llevaba conmigo billetes de alta denominación), y al final solo me indigné porque nadie se apiadaba de él. Pero la verdad es que la molestia era conmigo misma: yo hubiera podido haber sido esa persona que calmara su hambre; pero no lo hice y no tengo excusa.

Aún hoy me siento mal por ello; pero eso que me ocurrió ese día no va a volver a pasarme, hoy tengo la certeza de que la próxima persona que encuentre en esa situación, voy a ayudarla, no por evitar sentirme mal, sino porque es lo correcto.

Uno no son todos, pero cambias la situación de alguien

Hay personas que se niegan a ayudar a los menesterosos. Las excusas para no hacerlo son muchas, y debo reconocer que, efectivamente, muchos engañan a la gente de buen corazón para vivir bien sin esforzarse demasiado, solo recurriendo a los sentimientos de caridad y piedad que inspiran.

Esta fue la experiencia de un familiar cercano. Él tenía la costumbre de ayudar a un hombre mayor que iba todas las semanas a pedirle ayuda, y él le daba dinero. Un día mi familia tuvo que ir a un banco a pedir un préstamo y sorpresa se llevó cuando vio al mismo anciano menesteroso ingresar una increíble cantidad de dinero a su cuenta de ahorros, fruto de su «trabajo como menesteroso». Resultado: se enteró que el hombre tenía una casa grande, automóvil y buena calidad de vida gracias a inspirar piedad.  Como era obvio, se enojó mucho y jamás volvió a darle un peso a aquel hombre.

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Tengo entendido que en algunas partes del mundo es un acto ilegal hacerse pasar por alguien en necesidad para vivir de la caridad. Pese a eso, muchas son las personas que en realidad la pasan muy mal; así que saber distinguir entre los necesitados y los vividores es muy difícil.

Lo único y mejor que podemos hacer es ayudar y dejar a la conciencia de cada uno lo que haga con esa colaboración; tú quedas con la satisfacción de haber hecho lo que sentiste era correcto.

Todos hemos sido beneficiados por un acto de servicio y caridad

El servicio y la generosidad no se reduce a los actos de caridad a los menesterosos; va mucho más lejos. Seguramente en algún momento has tenido un mal día, de esos en los que parece que todo sale mal; sin embargo, tomas un taxi y la persona que conduce nota tu estado de ánimo decaído. Es así como comienza a animarte; entonces de repente te sientes mejor y tu día pasa de ser terrible a estar colmado de buena energía.

Aunque no lo creas, la caridad y la generosidad vienen de personas, situaciones y formas que no tienes idea.

En mi caso, por efectos de la caridad y el servicio, no me quedé sin empleo ni viví en la calle en un país ajeno al mío. Todos nos hemos visto en situaciones de desesperación, y muchas veces el hecho de tan solo llegar a casa y abrazar a tus hijos, a tu esposo/a, a tus padres, hermanos, sobrinos y mascotas, cambian por completo tu situación de dificultad. A veces solo necesitas la consideración y amabilidad de quienes amas. Eso es algo que se valora mucho.

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Los niños son buen ejemplo de amor al prójimo

Hailey es solo una de muchos niños que a diario dan grandes ejemplos de amor al prójimo. Estoy segura que tus hijos y los niños de tu familia son grandes ejemplos de ello. Podemos ayudarlos a ser más generosos e incluso aprender de ellos; de una forma u otra ellos muchas veces son mejores ejemplos de amor que nosotros mismos. La tarea que nos queda como adultos es nutrirnos de los pequeños, imitarlos, y seguir aprendiendo a su lado.

La invitación que dejo abierta es que estés receptiva, que estés dispuesta a dar y recibir ayuda y que aprendas del ejemplo de tus hijos. Creo que entre todos podemos construir un mundo mejor.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.