Me he equivocado en la crianza de mis hijos, ¿qué puedo hacer?

El pasado no te define. Tus errores o equivocaciones son actos que elegiste en el pasado. Hoy, que decides tomar un rumbo más sano y distinto.

Marilú Ochoa Méndez

Siempre fue impactante para mí el terrible problema que representan los pantanos. Recuerdo en mi niñez ver repetidamente esta triste situación en algunos programas de televisión. Los infortunados que caían en ellos, estaban destinados a hundirse sin remedio en sus viscosas profundidades. No podías intentar salir, porque te atorabas más.

Los suertudos que lograban agarrarse de una rama, o contar con la ayuda de alguien cercano, salvaban la vida, pero no era el caso de todos.

Te confieso algo, me he sentido dentro de un pantano en varias ocasiones en mi vida. Platicando con unas amigas, reflexionábamos sobre lo frustrante es sentir que te encuentras atorado en una situación, y que no importa si pataleas o te quedas quieto, estás destinado a hundirte sin remedio.

¿Te has sentido así?

Si estás leyendo esto, es porque te parece que en algunos aspectos has errado el camino en tu crianza, o en el desarrollo de tu vida familiar.

Cuando se han creado costumbres viciadas, estas tienen la mala fortuna de reproducirse como hongos, y enquistarse. Los malos modos generan faltas de respeto, y ellas generan violencia verbal y/o física, falta de comunicación y eventualmente, desánimo, resignación y ambientes insanos.

Advertisement

Pero nunca estarás en un pantano

Como estás leyendo estas líneas, puedo asegurar -con la mano en el corazón- que amas profundamente a tu familia, y procuras darles lo mejor, pero no siempre puedes. A veces estás cansada, a veces no quieres, a veces no sabes. A veces haces lo que puedes con lo que tienes, ¡y eso está bien!

Cometemos errores, es casi ley de vida. Y esos errores nos perturban, nos quitan el sueño y a veces la paz.

Es importante no caer en la trampa del desánimo, permitiendo que costumbres dañinas nos hagan pensar que nuestra familia o hijos “están mal”, “no tienen remedio”.

¿Tendrá remedio en verdad?

¿Qué hacer si hoy me siento ante un panorama gris, que me roba la esperanza y no veo la salida?

¿Cómo levantarme o levantar a aquel miembro de mi familia que siento tan lejano? ¿Qué hacer si hoy me doy cuenta que el camino que he seguido no es el mejor, y deseo cambiar?

Advertisement

Te mostraremos pasos prácticos y paulatinos para que reconozcas, aceptes la situación, y descubras una vía práctica para salir contundentemente de lo que tanto te perturba.

Primero: aceptar

En primer lugar, permíteme que te felicite. Eres valiente al reconocer que te has equivocado. El camino que tomarás ahora no será fácil, porque llevas recorrida una parte de tu senda en forma torcida. ¡No te preocupes!, saldrás de ahí.

Entonces ¡ánimo!. Lo peor que podemos hacer es dejar que esto nos hunda. No hay error, por más terrible que sea, que no pueda sanarse con conexión humana, cariño y reconciliación.

Ahora, sueña

¿Qué te ha faltado?, ¿conexión?, ¿límites?, ¿atención?, ¿respeto? Realiza un diagnóstico de lo que hay. Reconoce lo que ha fallado, y rescata lo que ha sido acertado. Ante este panorama, proyecta.

¿Qué deseas?, ¿cuál es tu ideal? Pero escríbelo. Ahora, con la meta clara, dispónte a crear un camino que te lleve hacia allá eventualmente (pero ten cuidado).

Advertisement

Procura ser realista

Te has acostumbrado a pisar mal. Antes de ahora, actuabas sin pensar. Tus intentos de retomar el rumbo se enfrentarán a la costumbre tuya y de los tuyos, pero ninguna situación es una sentencia irrevocable.

Solo procura mantener en tu radar que será preciso ser paciente, amorosa y constante.

Paciencia y constancia

No dejes tu ánimo decaer solamente porque puedes enfrentar algunos obstáculos.

Si puedes, apóyate en una amiga, sacerdote, pastor que admires, que pueda asesorarte desde fuera, y te permita colocarte metas sensatas y motivantes. Comparte tu diagnóstico, y pide consejo.

Procura sanar y cambiar tú

La que ha despertado ante la situación problemática, eres tú. Quien lee este texto eres tú. Tú eres la que debe cambiar primero, con amor y por amor. Este cambio tuyo generará forzosamente un movimiento en tu entorno, ya lo verás.

Advertisement

¿Cómo sanar tú? Te tengo dos propuestas: escribir y acercarte a Dios.

¿Duelen las situaciones que vives? ¿son tan íntimas y personales o dolorosas que están clavadas a fondo en tu ser? ¡Escríbelas! Dedícate momentos para desahogar lo que te lastima, lo que te duele, lo que no puedes soltar, lo que te pesa. Verás qué sanador es desembarazarnos de los dolores añejos y volcarlos al menos en papel.

Tal vez te interese leer: Escribir para sanar

Y orar será lo más sanador que hagas nunca. Pero, “yo ya oro”, podrás decirme. Y yo te respondo: ¡Ora más! Dios tiene el poder de sanar nuestro corazón y hacerlo cambiar.

Lo hizo con Saulo, que vio con indolencia cómo mataban a pedradas a Esteban en Jerusalén, y lo tiró del caballo, dejándolo ciego.

También lo hizo con Pedro, poco a poco, con paciencia, remendando sus arrebatos e incluso sus desaires. Incluso después de pasar tres años con Jesús, Simón Pedro tenía un corazón temeroso, y lo negó tres veces en su peor momento. Sin embargo, cambió, aún entre muchos tropiezos.

Advertisement

No sé si tú seas “Saulo” o “Simón Pedro”, pero sí sé que Él nunca deja una oración sin escuchar, o una necesidad sin atender.

Sé paciente y amorosa contigo siempre

El pasado no te define. Tus errores o equivocaciones son actos que elegiste en el pasado. Hoy, que decides tomar un rumbo más sano y distinto, sigues siendo tú. Evita siempre caer en el desánimo o en el juicio negativo hacia tu persona.

Ámate siempre, ten paciencia contigo, recomienza siempre que vuelvas a caer, y ten compasión de tus imperfecciones. Esos errores del pasado te impulsan hoy a crecer, y tu disposición y dedicación serán reconocidas por los logros del mañana.

Conserva en el alma esas metas, y empéñate con esperanza cada día en cambiar amorosamente esas realidades que te duelen. Estoy segura que saldrás adelante. ¡Ánimo!

Toma un momento para compartir ...

Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de siete niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.