Mi refugio y luz en momentos de oscuridad

El primer paso para salir del sufrimiento es pedir ayuda, y es mejor cuando tu refugio es Dios.

Erika Patricia Otero

¿Cuántas veces al final del día sientes que simplemente ya no puedes más? Yo viví así por muchos años. Una eterna depresión que no daba tregua. Ahora, esto me ocurre al menos dos veces por mes. Sentirse de esta manera resulta devastador y desgastante.

Cuando me siento así, es inevitable no preguntarme por qué mi vida me resulta tan complicada. La soledad, las cargas económicas, los sueños que no se hicieron realidad. Esos “hubiera” que nunca sucedieron son los que más me perturban en esos momentos del mes.

Cargo con esos interrogantes grises y azules dando vueltas en mi cabeza desde que era muy joven. Si a esto le sumo las constantes crisis de ansiedad, las cosas están lejos de verse bien. Es como si estuviera en medio del océano y no hubiera una sola persona que pueda salvarme. Muchas veces me he preguntado cuándo llegará esa mano salvadora que me saque del océano de la incertidumbre.

Creo que todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido de esta manera. Sí, vivir representa un reto diario.

¿De dónde viene la sensación de bienestar?

La felicidad y sentirse en paz no es algo que lo otorgue una buena situación económica. El bienestar, sentirse bien y pleno es algo mental y espiritual. Conseguir ese tipo de plenitud cuesta mucho porque requiere una entrega espiritual y un paulatino abandono del aspecto material, algo que los seres humanos nos negamos a hacer.

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Tampoco es cuestión de vivir como un monje budista o una monja con votos de pobreza. Me he dado cuenta que es cuestión de aprender a agradecer lo que se tiene. Debemos aprender a luchar con buen ánimo por lo que se desea y aceptar las cosas que no podemos modificar.

Se sufre cuando no se puede aceptar que algunas cosas nos son imposibles. Nos atormentamos cuando nos esforzamos por lograr algo y no lo conseguimos. Hay padecimiento por el mar de suposiciones que nos hacemos a diario. Y también la pasamos mal cuando esperamos que otras personas cumplan nuestras expectativas.

Nuestra felicidad y bienestar no es algo que dependa de otros ni de una situación económica. La felicidad depende de cada uno de nosotros y es nuestra responsabilidad buscarla.

Cómo hallar paz en medio del caos

Hace poco me contactó un hombre de 25 años que tenía el ánimo por el suelo. En pocas palabras no tenía ganas de seguir viviendo. A él le recomendé hacer algo que hice yo hace unos años cuando estaba pasando por una crisis existencial importante.

Mi primera pregunta fue: ¿Cree usted en Dios? Su respuesta fue sí; entonces le dije: “Ore. Salga a caminar y mientras contempla la naturaleza ore y pida ayuda a Dios. Luego, cuando ya haya descargado todas sus penas, guarde silencio y escuche atento”.

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Sé por mí experiencia que nada peor se puede hacer que tomar decisiones en momentos de exaltación emocional. Por eso, lo más adecuando en primer lugar es hallar calma y consuelo. Para quien no crea en Dios esto es absurdo, pero para los que creemos en un ser superior, no.

En caso que no creas en Dios y aun así necesites hallar respuestas, entonces practica relajación. Aprendí que muchas de las respuestas que a veces buscamos en el exterior, en realidad están en nuestro interior. Esto también fue algo que le sugerí a él.

Le ayudé a darse cuenta que muchas de inseguridades procedían de suposiciones. De ideas infundadas por falsas expectativas. Le sugerí que empezará a estar más activo. Que saliera a caminar o a ejercitarse. Traté de motivarlo a que fuera a terapia por lo menos dos veces a la semana.

Solo hablé con él tres veces, pero al final noté un cambio importante en él. Creo que más que necesitar una terapeuta, lo que él requería era hablar con alguien que no lo juzgara.

Buscar ayuda no es fácil; a veces es un acto de valentía que todos debemos tener cada tanto por nosotros mismos.

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“Siempre está más oscuro antes del amanecer”

Esta es una de las frases más trilladas del mundo entero, pero es cierta en cada una de sus letras.

Siempre hay un fin para todos los momentos de crisis que atravesamos a lo largo de nuestra vida. No importa qué tan desesperado estés, esto va a acabar cuando hayas aprendido la lección. Te aseguro que después de haber pasado la prueba, nunca tendrás que volver a pasar por ninguna angustia similar.

Qué tanto dure la prueba, solo depende de ti. El proceso puede ser doloroso y difícil de entender. A mí me tomó años hacer los cambios necesarios para que mi vida avanzara y no siguiera estancada. Por eso te digo que depende mucho de qué tanto entiendas lo que ocurre en tu vida y a la vez descubras que no estás solo en el proceso.

Nunca estás solo

Esto es algo que siempre debes recordar. No importa qué tan solo te sientas, nunca estás solo. Por eso busca a Dios en tus momentos más oscuros, y empezarás a ver la luz al final del túnel.

Ya lo dice el siguiente salmo:

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Salmo 34:18

Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón;

Y salva a los contritos de espíritu“.

Te repito, no porque te sientas solo y perdido significa que lo estés. Solo es cuestión de querer buscar un cambio, dar el paso es “hablar” con Dios y es de esta manera que empezarás a encontrar el rumbo que necesitas para salir de la oscuridad.


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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.