No castigues a quien no se comporta como esperas

¿A quién se le ocurrió la "maravillosa" idea de pensar que para que una persona actúe mejor, primero se tiene que hacer sentir peor?

Marilú Ochoa Méndez

Si no eres un gourmet aventurero, tal vez reacciones con asco si te pido que te comas un grillo asado, una cucaracha bien tostada o un gusano.  Sin embargo, aún sin quererlo, se calcula que las personas consumimos entre 453 y 907 gramos de insectos al año. ¿Por qué? Porque es casi imposible eliminarlos por completo en los procesos de elaboración de nuestros alimentos. Esto es tan claro, que la FDA (Food and Drug Administration) de Estados Unidos, por ejemplo, tiene una cantidad límite de insectos que la comida procesada tiene permitido incluir para su «sano consumo».

Conocer esta realidad puede quitarte el hambre por un par de días, pero también te hace saber que tu dieta se ha enriquecido por la proteína que los insectos te aportan. Sin embargo, ninguna de estas actitudes cambia los gramos que estos artrópodos han aportado a tu cuerpo en los años de vida que llevas hasta hoy.

Los seres humanos procuramos ingerir lo que nos gusta y apetece, sin embargo, ya ves que es complicado garantizarlo.

Dar amor tampoco es fácil

Tampoco dar amor es fácil. Nos gustaría dar amor puro, sano y complementario, pero no es así. Damos amor como lo recibimos.  Esto implica que la falta de amor en la infancia marca y condiciona cómo lo damos en la edad adulta.

Tú genuinamente procuras amar a los tuyos: a tus padres, hermanos, pareja, hijos y amigos, pero es posible que junto con él, se filtren algunos «bichos» indeseables, que lo contaminan. Aprenderemos a amar más y mejor con la madurez y la experiencia, por eso queremos reflexionar hoy contigo en concreto sobre el maltrato consciente o inconsciente que damos a quienes decimos amar cuando nos decepcionan.

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En concreto, me gustaría reflexionar sobre los «castigos» que establecemos cuando nuestros seres queridos no actúan como «deben actuar», según nuestra experiencia o voluntad.

Sandra creció en una familia numerosa, y era la menor. Debido a la dinámica que vivió, aprendió que pedir lo que necesitaba no funciona, así que hay que conseguirlo con malas caras y malos modos. Hoy tiene treinta y cinco años, y cuando se frustra, siente cómo se cierran su boca y su corazón, y no puede expresar lo que necesita. En cambio, ha establecido un patrón de mensajes encriptados con su esposo e hijos que dificultan en gran medida la convivencia.  Cuando ellos no se comportan como ella desea, simplemente se voltea y les deja de hablar.

El problema de modelos como este, es que Sandra no está expresando lo que no aprueba, solo deja que su familia lo adivine.  Entonces, cuando ellos miren su cara larga, podrán comprender que pisan un campo minado, pero cada uno irá tanteando cómo salir sin atacar el problema de fondo.

Hacer sentir mal al otro como revancha

Jane Nelsen, psicóloga y educadora, a quien debemos el término «Disciplina Positiva» junto con su compañera Lynn Lott cuestiona: «¿A quién se le ocurrió la maravillosa idea de pensar que para que un niño (o un adulto) actúe mejor, primero se tiene que sentir peor?

Sandra no tolera ciertos comportamientos. Si son ofensivos hacia ella no debe permitirlos, pero ¿su mutismo será una herramienta útil para lograr un cambio en su esposo, en sus hijos?.  Ella se satura y enerva, y actúa como está acostumbrada, pero no se está amando, y está cerrando la puerta del amor hacia los suyos al impedir que crezcan juntos resolviendo los conflictos que surjan.

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¿Has «castigado» a algún ser cercano por no comportarse de manera adecuada? No siempre los castigos serán el silencio como el caso de Sandra, pueden ser gritos, reclamos velados, o acciones revanchistas en general.

 Los errores son un grito de auxilio

En África del Sur, los zulúes eran una tribu con un manejo social envidiable que les dio mucho éxito como conquistadores. Ellos consideraban que las personas buscamos la felicidad, seguridad y nuestra integración al núcleo social de una manera natural, y cuando algún miembro del círculo daña a otros o es influencia nociva, es porque se encuentra perdido, y sus errores son un grito de auxilio, que esta tribu se apresuraba a atender.

Según comenta el experto en administración y calidad Peter Senge en su libro La Quinta Disciplina, esta tribu se reunía alrededor de estas personas nocivas, y durante un par de días, le decían en voz alta la luz que habitaba en su interior: sus cualidades y actos positivos.

Esto, se resume en la palabra «sawbona», que significa «yo te veo».  Mostrándole a la persona confundida que era capaz de actos buenos y saludables para sí misma y para otros, la regresaban a su centro, y erradicaban los comportamientos indeseables.

Nota la gran diferencia de estas personas con el ejemplo de Sandra. Al salir afectados, los zulúes daban amor, contención y calidez a sus hermanos, y obtenían resultados fabulosos de fuerte unión social.

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Amar de verdad es un proceso

Perdonar de verdad a alguien que amas significa buscar encontrar una solución y sanar aquello sucedido, en vez de buscar un castigo y de alguna manera herirle por haberse equivocado, pero esta manera de amar no es automática, requiere entrenamiento.

Requiere en primer lugar, aprender a poner en perspectiva lo sucedido. Cuando nos lastiman, es normal reaccionar protegiéndonos y dejando crecer una coraza a nuestro alrededor, que al menos haga rebotar los dardos que nos han lastimado. También podemos regresar en la misma medida el daño que percibimos. Pero como personas en búsqueda de la madurez y el crecimiento, podemos hacer algo más que «lo normal».

Si te lastiman, mira al otro. Observa si su acción tiene qué ver contigo, o si es solamente un grito de auxilio, como consideraban los zulúes. Casi siempre notarás que existe un malestar al interior de esa persona que lo hace actuar así.

Si lo detectas, ve mas allá, deja de lamer tu herida y busca la conexión faltante en esa relación, que hace que el otro saque las uñas. ¿Te ha faltado sensibilidad?, ¿de alguna manera has lastimado al otro?

Y si aún así te quedan ganas de maltratar a quien tienes al lado si no se comporta como deseas, utiliza el remedio infalible que un sabio médico recomendaba: «La mejor medicina es el amor». ¿Y si no funciona?, puedes preguntar. Su respuesta te encantará: aumenta la dosis.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de siete niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.