No dejes que tus heridas emocionales hieran a tus hijos

Existen cinco heridas emocionales que nos impiden crecer. Las hemos vivido desde la infancia, y pueden afectar nuestra crianza. Conócelas en este artículo.

Marilú Ochoa Méndez

Desde que recuerdo he sido una mujer maternal. Mi meta en la vida siempre fue ser mamá. Cuando se cumplió mi sueño, me desconcerté un poco, pues en ocasiones mi maternidad dejaba de ser amorosa, y mostraba un lado agrio que me desconcertó mucho.

Amé desde el primer momento a cada uno de mis hijos, pero había momentos en los que mi comportamiento y actitudes no lo mostraban.  Investigando, di con el término de las «heridas emocionales», que en cierto modo explican la razón de lo que me sucedía.

¿Te has sentido igual? ¿Has sentido que haces, como decía San Pablo «el mal que no quieres, en vez del bien que deseas hacer«? (Rom, 7, 18-19). Entonces, este artículo es para ti.

¿Qué son las heridas emocionales?

La escritora canadiense Lise Bourbeau, escribió un libro denominado «Las cinco heridas que impiden ser un mismo«, donde nos habla de cinco categorías de sufrimiento emocional que las personas sufrimos desde niños, que se manifiestan física y emocionalmente y condicionan nuestro comportamiento, hasta que son sanadas.

Te las explicaré brevemente, para luego ver cómo evitar que nuestras heridas lastimen a nuestros hijos.

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1 Herida de Rechazo

Esta herida se genera cuando se ha sentido que el progenitor del mismo sexo ha rechazado o no ha aceptado al hijo en cuestión.  Por tanto, la persona se siente poco valorada, poco útil y poco apta. Según la autora, quienes sufren esta herida son regularmente delgadas, de cuerpo estrecho y con ojos pequeños.

Las personas que tienen esta herida, a menudo se aíslan, son muy autoexigentes y dudan mucho de sí mismos.

2 Herida de Abandono

Quienes experimentan el abandono afectivo del padre del sexo opuesto hasta los tres años, tienen esta herida.  Entre sus manifestaciones encontramos la búsqueda de protección por las personas de su sexo opuesto. Estas personas piden constantemente, no porque necesiten lo que solicitan, sino para ser vistos, y atendidos. Comúnmente se sienten solos, aunque estén acompañados.

Físicamente, son personas escurridas, de hombros caídos.  Son poco dinámicas.

3 Herida de Humillación

Haber sentido desaprobación o crítica hacia nuestra persona o forma de ser en la infancia, es lo que origina esta herida emocional. Estas personas generan un tipo de masoquismo emocional y/o mental, es decir, se tratan mal, se asquean de sí mismos y no se aceptan.  Comúnmente procuran «sentirse bien» con comida en exceso.

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El cuerpo de estas personas comúnmente es redondo, grueso y tienden a la obesidad.

4 Herida de Traición

Quien experimenta esta herida ha perdido la confianza en su padre del sexo opuesto por alguna situación.  Se siente traicionado y crece sin la seguridad necesaria. Esta situación crea en las personas la necesidad de tenerlo todo bajo control. A estas personas les es difícil confiar en otros.

Según Lise Burbeau, estas personas muestran fortaleza física.  Las mujeres tienen caderas anchas y los varones destacan por los hombros anchos.

5 Herida de Injusticia

La herida de injusticia se adquiere cuando en lugar de la calidez y acogimiento que necesita el niño recibe frialdad y autoritarismo. Entre las actitudes que se generan en estas personas, se encuentra el perfeccionismo, y la dureza.  Ellos saben muy bien controlar su peso y su ira.  Les cuesta reconocer sus límites, y se encuentran desconectados de su lado sensible.

Físicamente, estas personas suelen tener un cuerpo muy rígido, proporcionado y cuidan mucho su aspecto físico.

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¿Cuál herida he sufrido? , ¿qué puedo hacer?

En lo personal, descubrir estas cinco heridas me ha servido para conocerme más a fondo. Y aunque personalmente no coincido con muchas de las opiniones de la autora, como la reencarnación, considero que es un acierto su descripción, que ha sido analizada y replicada por varios psicólogos y psiquiatras.

Ella nos dice en su libro que las personas podemos tener una herida dominante, y algunas otras en menor proporción.  Conocerlas es muy útil, porque nos ayuda a mirarnos con otros ojos y a reconocer que a veces actuamos movidos por impulsos primarios que es preciso discernir y reconocer.

Para saber qué herida es la que te impulsa a actuar de determinada manera, es preciso observarte y reflexionar sobre la motivación de tus actos.

Con el fin de facilitarte el camino y que sepas por dónde empezar, te comparto un ejemplo muy práctico que leía en un blog:

«Tomemos por ejemplo el caso de una mujer que está cansada después de un duro día de trabajo y que ve que su hijo (o su marido) quiere mucha atención de su parte. Su preferencia sería aislarse para poder descansar. Debido a su herida de abandono teme que su hijo (o su marido) se sienta abandonado si actúa según sus deseos«, afirma la autora.

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Hay muchas probabilidades de que ni siquiera hable de su preferencia y que se esfuerce en darle la atención que le pide. Para curar su herida puede reconocer su miedo a abandonar a aquellos que quiere, compartirlo con ellos y decirles que esta noche necesita estar sola

¿Cómo evito que mis heridas lastimen a mis hijos?

Llegados a este punto, la pregunta sería: ¿cómo hacer para sanar esto si mis hijos ya están aquí?, ¿se puede? La respuesta es ¡sí! Una toma de conciencia siempre es el inicio de un cambio sustancial. Es sumamente valioso reconocer que has sido herida, y que estás incompleta.

Como sabes, lo mejor que un padre puede hacer por sus hijos es sanar interiormente. Si este es tu propósito, te felicito, y te comparto algunos tips prácticos para lograrlo:

1 Eres una obra de arte

Dios ha permitido que nazcas en esa familia por una razón particular, todo lo que has vivido se explica perfectamente a Sus ojos. Ahora tal vez mires los hilos y nudos desde abajo del lienzo, pero si dejas que Dios realice las puntadas, verás con el tiempo que tu vida es un bordado precioso.

2 El amor y el perdón lo sanan todo

Nunca dudes del poder sanador del amor y del perdón, no hacia tus padres, que siempre han procurado darte lo mejor, sino hacia tí misma. Madurar es hacernos responsables de nosotros mismos. Reanuda después de cada traspié la intención firme de amarte, perdonarte, y amar, y perdonar (y pedir perdón) a los tuyos.

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3 Reconocer que no eres ni serás nunca perfecta ¡y eso está bien!

Irás sanando poco a poco tus impulsos irracionales, para conocerte y sanar tu maternidad, pero eso no te hará superwoman. No eres perfecta, y hasta que lleguemos al cielo, no lo seremos en esta tierra jamás, así que aceptémoslo, y continuemos en la lucha.

4 Eres la mejor madre que ellos pueden tener

Nunca lo dudes, y tus ganas de ser mejor, te hacen aún mejor. ¡Sigue preparándote!

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de seis niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.