No te lamentes por los infortunios de la vida, siempre traerán consigo un aprendizaje

Crecer y ser mejor ser humano es doloroso, pero siempre es la mejor opción.

Erika Patricia Otero

Haz de cuenta que la vida de cada ser humano es como un cuento o una novela. Toda historia tiene personajes buenos y otros que son malvados. Suele pasar a lo largo de la narración que los buenos sufren de manera incansable a causa de la fechorías de los personajes antagonistas.

Pues bien, la existencia de cada ser humano es como una historia. Hay eventos que nos suceden como consecuencia de nuestras decisiones y acciones; y otros más que pasan por efecto de la intervención de alguien más en nuestras vidas.

Ahora bien, ¿sabes cómo terminan los malos de esas historias? Si respondiste que mal, tienes razón, pero luego de haber hecho sufrir mucho al bueno.

La vida es un poco diferente. En una novela el «malo» muere de forma trágica y se acaba el sufrimiento de los «buenos», pero en la vida real no se deja este mundo hasta que no se han pagado las consecuencias de esas acciones.

Todos estamos en un proceso de crecimiento

Los seres humanos no somos enteramente buenos, ni por completo malos. No hay seres humanos perfectos, todos estamos en proceso de crecimiento, y este a veces es muy doloroso.

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Alguna personas aprendemos rápido y a otros les cuesta más. Lo cierto es que en todo ese proceso, algunos salen afectados, lo resisten, aprenden y salen adelante; otros sufren una y otra vez hasta que comprenden que deben aprender algo, lo procesan y siguen su camino.

¿De donde surge la maldad de las personas?

La maldad hace parte del crecimiento de cada ser humano. La maldad puede llevarnos a actuar de las maneras más reprobables posibles; esto ocurre cuando se persigue un fin que en apariencia beneficiará al actor y dañará a alguien más.

La maldad puede nacer de la rabia, la envidia, la frustración, la venganza, entre otras; sin embargo, también puede ser el resultado del simple deseo de demostrar que se puede y no se tiene miedo de hacer algo en contra de alguien.

Digo en apariencia un poco más arriba, porque cuando alguien actúa con toda la intención de generar dolor en otro, deberá asumir las consecuencias de sus acciones que muchas veces trae dolor, y este es el proceso de aprendizaje.

Entonces ¿No hay personas malas?

No diría que las hay, la respuesta que puedo darte desde mi experiencia es que no tienen a Dios en su corazón, y esto las hace actuar mal.

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No me gusta pensar que hay gente mala. Para mí no hay malos y buenos, solo personas que ya aprendieron la lección y otros que están en el proceso.

Sí, hay personas que son capaces de actos muy malos; pero aunque obtengan un beneficio de ese proceder, la realidad es que no es una satisfacción que dure mucho tiempo.

Una persona «mala» insiste en hacer actos malvados una y otra vez porque no siente satisfacción en sus acciones. El problema con esto es que por lo general quien es foco de su maldad puede y es capaz de resistir ese daño.

La persona puede sufrir por efecto de la maldad de otro, pero los efectos y el dolor no van a durar mucho tiempo porque sabe perdonar, es resiliente, optimista y siempre aprende algo de lo que le pasa. Pero además se ve beneficiado de la bondad de otros y de su propio crecimiento espiritual.

El sufrimiento es necesario para aprender

Cuando a un ser humano le cuesta mucho actuar de manera correcta, controlarse para no dejarse llevar por sus deseos de venganza, ira y orgullo, el proceso de aprendizaje será más difícil y por ende traerá consigo más agonía.

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En esta vida -aunque no lo creas- estamos para pulirnos. Nacemos con una serie de cualidades y dificultades que deben ser transformadas en fortalezas. Cuando una persona logra convertir sus dificultades en fortalezas, empieza a ver manifestado el ser humano que desde un principio estuvo destinado a ser.

Pulirnos puede traer dolor, pero no debería de ser de esa manera. Entre más te resistes al cambio, más doloroso será este.

Hay quienes aprenden por la experiencia de otras personas, y hay otros más que si no padecen en carne propia las desventuras, no aprenden la lección.

Pero no es que estemos destinados a sufrir; es más, hay lecciones que no tendrían por qué hacernos sufrir pero nos duelen por efecto del orgullo y la prepotencia; sin embargo, cuando hacemos de la humildad parte de nuestro ser, el dolor merma, aprendes, superas y sigues adelante.

Entonces ¿por qué los buenos sufren?

Porque todos tenemos algo que aprender.

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En la vida a veces nos pasan cosas muy terribles y sentimos que no merecemos que eso nos pase. Hemos actuado bien, jamás buscamos dañar a ningún ser humano; nos esforzamos por ser buenos, y de repente ¡zas! un doloroso suceso cae sobre nosotros y no hallamos razón para ello. Pues bien, necesitabas pulirte, fortalecerte -si así lo deseas- y no iba a pasar si no vivías dicha situación. Aprendido el asunto, no tendrás por qué volver a pasar por algo similar.

¿Por qué siempre son cosas malas?

Porque las experiencias complejas son las que dejan una enseñanza para que jamás vuelvas a equivocarte. Cuando aprendes una lección, no vuelves a cometer el mismo error. Duele y no deseas jamás volver a sufrir; así que lo evitas.

Imagínate como un diamante en bruto. El diamante recién sacado de la tierra pasa desapercibido pues no tiene gracia aunque su valor sea muy alto. La belleza de estas piedras preciosas solo se nota cuando son sometidas a la mano experta del artesano que las pule. La talla quita lo rústico, los excesos y alisa la piedra dándole forma, volviéndola brillante y hermosa. Pues bien, así mismo es el sufrimiento, es la máquina que te pule para sacar lo más bello de ti.

Todos pasamos por este proceso. Todos necesitamos pulirnos para ser más amables, caritativos, generosos, tener amor propio y dignidad, etc. Así el asunto, entonces pasan cosas que te hieren pero que te fortalecen. Desde luego, tiene que ver mucho tu actitud. Si tú eliges que eso sea una enseñanza y no te fijas a ella, vas a poder aprender y seguir con tu vida, pero si no, vas a quedar anclado en ese momento y como consecuencia vas a lamentarte toda la vida.

La maldad jamás será un acto que traiga consigo felicidad eterna. En su lugar van a venir sendas lecciones que te causarán dolor, pero este a la vez te ayudará a convertirte en una mejor persona, tanto para tu beneficio, como para el de las personas que te rodean.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.