Para los hijos, vivir dentro de un matrimonio tóxico es más doloroso que el divorcio

Para los niños, ser testigos de una relación tóxica los convierte en víctimas, afectando su vida para siempre. El deber es velar para que ello no suceda.

Fernanda Gonzalez Casafús

Cuando decidimos formar una familia no tenemos en mente que alguna vez las cosas van a ponerse muy difíciles. Sabemos que no es fácil, que llevar adelante una familia es una responsabilidad enorme, y que el matrimonio tiene que estar muy sólido y fuerte para que la familia crezca sanamente.

En el mundo entero las cifras de divorcio han aumentado. Vivimos en una sociedad desechable, donde tirar y comprar algo nuevo es más fácil y rápido que reparar y cuidar. Lo mismo sucede con las relaciones. El compromiso está cada vez más desdibujado en una sociedad hedonista donde reina la cultura del ego y el tributo al individualismo.

El divorcio no es el camino pero callar en silencio tampoco

En una conversación con amigas hablábamos sobre las dificultades del matrimonio. Todas coincidíamos en que luego de tener hijos la mentalidad de una mujer está abocada al bienestar de estos y que no siempre se nos da fácil tener éxito al cien por cien en todos los aspectos que se esperan de nosotras.

Y en este hermoso pero arduo camino que es la vida en pareja y en familia, muchas veces tropezamos y nos damos cuenta que nos invade la sensación de querer «tirar todo por la borda». En el medio de esa sensación de frustración y desengaño están los hijos, quienes calladamente sufren la hostilidad que se vive en un hogar cuando la pareja comienza a tener problemas.

El divorcio se presenta entonces como una posibilidad cuando ya no encontramos salida

En muchos casos es tan solo una solución que deriva del miedo y la angustia que impera cuando el agotamiento no nos deja quitarnos el orgullo y sentarnos a conversar. En otros casos más graves (donde hay violencia doméstica, por ejemplo), sí es una salida, y a veces la más sana para todos.

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Mientras tanto, en muchas otras familias también se vive ese duelo interno de tapar todo lo que sucede puertas adentro solo para seguir sosteniendo lo que ya pende de un hilo. Y no me refiero a dejar de luchar ni vencerse; sino a entender que hay ciertos matrimonios y relaciones tóxicas que por el bien de los implicados necesita cortar de raíz con aquellos comportamientos tóxicos que hieren y lastiman a todos alrededor: en especial a los hijos.

Señales para detectar un matrimonio tóxico

En una relación de pareja tóxica uno o ambos implicados, sufren. Los conflictos constantes son moneda corriente, así como los reproches y la hostilidad a flor de piel. En ese ambiente crecen los niños, quienes lucharán internamente por sobrellevar una situación que hace mella en lo más profundo de su corazón y puede afectarlos de por vida.

En un matrimonio todos tenemos conflictos. El punto es saber ser lo suficientemente maduros para comprender que cuando somos padres tenemos una responsabilidad mayor de velar por la integridad física y emocional de nuestros hijos; y eso implica garantizarles un ambiente sano donde puedan crecer teniendo una infancia feliz.

Algunas de estas señales pueden indicarte que estás viviendo un matrimonio tóxico. Muchas de ellas pueden detectarse al inicio e una relación, por lo que es necesario estar alerta a los comportamientos de nuestra pareja y al nuestro, pues uno mismo también a veces coopera para que esa relación se vuelva tóxica con el paso del tiempo.

1 Control y posesividad

En muchas parejas tóxicas el control y la posesividad se van dando progresivamente hasta llegar a un punto en que los miembros lo naturalizan. Algunas personas lo confunden con amor, pero nada más alejado de ello. Quien ama de verdad, cuida, aconseja, pero jamás controla ni ejerce posesión sobre su pareja.

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2 Reproches que no cesan

Las críticas y las recriminaciones son constantes en los matrimonios o parejas tóxicas. Puede suceder que uno sea la víctima y el otro quien profiera los reproches; pero también muchas veces sucede que son ambos quienes no dejan de recriminarse cosas mutuamente. Si hay hijos en el medio, ellos verán que sus padres solo tienen críticas para hacerse, que nunca dirimen.

3 Celos injustificados

Crecimos con la idea de que los celos son sinónimo de amor. Relacionados con el punto número 1, los celos en extremo e injustificados son una señal inequívoca de que se está en una relación tóxica. La baja autoestima suele ser uno de los desencadenantes de este comportamiento, que hacen que la persona que cela imagine cosas y se obsesione con ellas.

4 Conflictos que surgen con el mínimo roce

En un matrimonio tóxico la hostilidad está a la orden del día. Se pasa por alto la comunicación, la pregunta, la comprensión y la empatía, dejando la puerta abierta al conflicto. Ante la menor diferencia o desacuerdo surgen las peleas, los gritos y los insultos. Ya no se encuentra la forma de resolverlo, sino que la vehemencia arremete en cada desacuerdo que deba resolverse.

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5 Manipulación

El chantaje emocional es una de las características más fuertes en los matrimonios tóxicos. Casi siempre uno es el manipulador y el otro es la víctima. El manipulador hará todo para que su pareja termine haciendo lo que él quiere. Sus deseos están siempre en primer lugar y la víctima termina creyendo no solo que tiene la razón, sino que toda la culpa de los problemas de pareja son de ella.

6 Falta de respeto

Cuando se falta el respeto se llega a un punto de difícil retorno, pues se vulnera profundamente la dignidad de quien dijimos una vez amar. Los insultos, las humillaciones y hasta el hecho de ignorar los logros o actividades del otro, son clara evidencia de una pareja tóxica.

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Pensemos en nuestros hijos

Vivir dentro de un matrimonio tóxico hace mal a cualquiera, pero quienes más salen dañados son los hijos. El camino no es el divorcio a la primera pelea, pero cuando las señales van socavando la integridad de uno o ambos miembros de la pareja, tampoco es saludable que los hijos crezcan en un ambiente donde solo se viven situaciones de confrontación y muy pocas de paz.

Luchemos por salvar aquello que una vez fue nuestro gran sueño: la familia. Aprendamos a ver señales tempranas para poder trabajarlas a tiempo sin que destruyan el amor que sentimos. Apoyarse en la fe es un buen camino, o también puede serlo consultar con un terapeuta de parejas. A veces no podemos sostenernos ni a nosotros mismos, por lo que no está errado buscar ayuda. Después de todo, la familia lo vale.

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Fernanda Gonzalez Casafús

Fernanda es Licenciada en Periodismo, especialista en Redacción Digital y Community Managment. Editora de contenidos y redactora en Familias.com. Nacida en Argentina y mamá de dos, ama los animales, la danza, la lectura y la vida en familia. Escribir sobre la familia y la maternidad se ha convertido en su pasión.