Perdonar tus errores es el mejor regalo que te puedes conceder

El amor propio debe impulsarte a perdonar tus fallas. Te mereces seguir adelante, siempre.

Erika Patricia Otero

Dicen por ahí que somos nuestros peores enemigos, y es cierto. Somos quienes más duro nos criticamos; nos castigamos de formas absurdas que a veces ni reconocemos como castigo. A veces nos insultamos e incluso asumimos culpas que a veces ni nos corresponden. También ocurre que cargamos rencor, amargura y nos regodearnos en los recuerdos dolorosos.

Perdonarse es una de las cosas más difíciles que podemos llegar a hacer. Pese a eso, es menester que lo podamos lograr, ya que de otra manera tu vida no solo estará colmada de dolor, sino que te hundirás lentamente en la recriminación y dejarás de ver todas tus virtudes.

Los errores son importantes para madurar

Equivocarse es parte de la vida. Cuando cometemos errores aprendemos lecciones que nos enseñan que no podemos confiar en una persona, o que no podemos hacer una elección determinada porque las cosas no van a salir como esperamos.

Todos aprendemos de esa manera; nos caemos y nos levantamos, seguimos adelante cometiendo otros errores y este ciclo se repite hasta el día que dejamos este mundo. El asunto es que con los años y la experiencia los errores son menos y las enseñanzas son más, e incluso a veces podemos ser ejemplo para los más pequeños de la familia.

Toda elección tiene una consecuencia, y cada lección no aprendida está condenada a ser repetida

Duro pero cierto. Cuanto más rápido aprendemos estas dos importante lecciones de la vida, más rápido estaremos preparados para avanzar.

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Como madre o padre, debes enseñar a tus hijos que en el mundo hay cosas buenas y malas. El ser humano puede elegir entre las cosas buenas y malas, pero según la decisión que tome, así será la consecuencia que traiga a su vida.

Cuando se elige bien, pues las consecuencias serán buenas; pero cuando se elige sin haber reflexionado acerca de las consecuencias, los resultados no serán favorables. Es en este caso donde se deben asumir las consecuencias de los actos, aprender la lección y seguir adelante.

Ahora bien, cuando la persona insiste una y otra vez en una elección que no es positiva para su vida, pero se empecina en seguir ese camino, pues tendrá que sufrir una y otra vez las consecuencias de sus actos hasta que se rinda.

En el último caso no es que por más que insistas las cosas se van a dar a tu gusto, para nada. Vas a sufrir mucho si insistes en lo mismo, y solo dejarás de hacerlo cuando tengas humildad de reconocer que eso no es bueno para ti y dejes de insistir.

No te juzgues, todos cometemos errores

Hay personas que van por la vida felices, como si no sufrieran y no llevarán ninguna carga en su «alma». El asunto es que todos cometemos errores; la diferencia es que ellas aprendieron pronto esas dos lecciones antes mencionadas, y son conscientes de su condición humana.

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Esas personas aprendieron a elegir reflexionando sobre las consecuencias de sus decisiones, y saben entonces qué pueden esperar. Además de ello, aprendieron la lección, y por eso van libres de cargas, ya que son sabios dada su experiencia.

Otro aspecto a tener en cuenta es que esas personas saben enfrentar sus errores y no se recriminan una y otra vez. Tampoco cargan con culpas y son más prudentes, pues aprendieron la lección. Además de todo lo anterior, continúan con su vida dejando ese pasado doloroso atrás. Y esa es la gran diferencia: dejaron atrás y siguieron adelante habiendo aprendido la lección.

Fíjate en lo bueno que hay en ti

Fallaste, sí, pero no dejes que eso dictamine el rumbo de tu vida. Como todo ser humano, tú tienes aspectos positivos y en ellos es que debes focalizarte.

Eres inteligente, humilde, porque reconoces tu condición humana; eres amable, agradecido, te has fortalecido gracias a tus fallas. Te arriesgas a salir de tu zona de confort, amas y eres buen amigo o amiga, madre, padre, esposa, esposo, eres buena persona Todo eso vale la pena y mereces ser consciente de eso.

Cuándo te focalizas en tus puntos a favor, restas importancia a las cosillas que no son tu fuerte; pero te agarras de primeras para dominar tus errores y seguir en la lucha diaria.

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Haz que las cosas débiles en ti se conviertan en fortalezas

Esto es algo que también puedes hacer. Supón que tu debilidad es decir mentiras y te ha traído muchos problemas. La consecuencia de tus mentiras es que te has quedado sin amigos, pues no confían en ti y no te toman en serio. Entonces, tu tarea ahora es proponerte a ser honesto y sincero.

Piensa en lo que te lleva a decir mentiras ¿Será miedo a lastimar a otros con la verdad? Pues las personas prefieren la verdad aunque duela; pero si no quieres que duela, entonces sé prudente al decir lo que piensas. Ahora bien, ¿mientes porque tienes miedo a asumir compromisos que no deseas? Es tu derecho decir «no» a lo que no quieres, y si la otra persona se enoja, pues nada puedes hacer, es tu derecho negarte.

Eso puedes hacer con tus debilidades: ponerte el reto de convertirlas en su opuesto positivo. Pero también es vital que sepas sostenerte de tus cualidades, ellas serán las que te mantengan firme en tu lucha.

Piensa acerca de tu capacidad para perdonar las fallas de otros. Debe ser menester que te perdones con la misma facilidad a ti mismo. Piensa en tu bondad interior, en tus fuertes deseos de seguir adelante, en todos tus aspectos bonitos, y cada uno de esos aspectos te darán la fuerza para tener la vida feliz que mereces.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.