Permítete extrañar, pero no dejes que tome las riendas de tu vida

Extrañar a alguien o algo duele, pero debes hacer lo posible por superarlo. Y créeme, tienes las herramientas para hacerlo.

Erika Patricia Otero

Mi abuela quedó viuda a los 39 años, y hasta el día de su muerte, a la edad de 67 años, extrañó a mi abuelo. Su vida como pareja no fue perfecta, pero cada impasse y problema que tuvieron por el tiempo que estuvieron juntos, pudieron superarlo.

Mi madre me cuenta que frecuentemente la veía llorar, pero no tenía necesidad de preguntar la razón pues la conocía de sobra, mi abuelo le hacía falta.

Mi madre es huérfana de papá y mamá; perdió a mi abuelo cuando era una niña de 14 años, y 29 años después perdió a mi abuela, cuando ya era una mujer. Dice mi madre que la pérdida de los padres es algo que no se supera tan fácilmente, que se puede seguir viviendo, pero que cada día los recuerda y anhela poder volver a verlos.

¿Es natural extrañar tanto a alguien?

Podría decirse que es parte de la naturaleza humana. Hay recuerdos y vivencias que fueron tan placenteros y dejaron tan gratas memorias, que anhelamos volver a sentirnos así de felices, volver a tener esa compañía para no sentir esa nostalgia, ese vacío que no encuentra sosiego.

A veces, como pasa con los amigos o los familiares que por cosas de la vida se alejan, el reencuentro da solaz a ese anhelo. Pero en el caso de un ex amor, de la muerte de un pariente o mascota, no queda otra que superar el duelo y seguir viviendo con ellos «vivos en nuestra mente».

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¿A quién se extraña?

Se extraña a quien muere y nos deja acá «solos». Extrañamos a quien no vemos hace mucho y también a quien nos abandonó y dejó las cosas inconclusas.

Se puede extrañar a una amada mascota que nos acompañó por años o a esa amistad que un día se casó y de a poco se alejó. Se extraña un lugar, un pueblo y su cultura, a tu país cuando por cosas de la vida debes irte en busca de un destino mejor.

Todo lo que nos hizo sentir vivos y felices es digno de ser recordado. Pero tristemente también se extraña -a veces- a quien nos lastimó, porque necesitamos cerrar ciclos y comprender la razón de hacernos daño.

¿Es malo echar de menos a alguien?

Hasta cierto punto no es malo echar de menos. Pero a veces, cuando ese sentimiento de añoranza se hace tan obsesivo, y gana mucho de nuestro tiempo y atención puede causarnos mucho daño; es acá cuando se hace necesario buscar ayuda.

¿Por qué duele tanto?

Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Duke por el doctor Laurence Jones, concluyó que el cerebro es más nostálgico que proactivo. Es decir, parece ser que pasamos más tiempo recordando cosas del pasado, que centrados en el presente.

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Como puedes ver, es algo natural el estar recordando y extrañando , pero puede volverse muy malo cuando se torna en una situación dolorosa, pues nos deja en un estado de vulnerabilidad

El doctor  Donald Catherall de la Universidad Northwestern, en Chicago, experto en el tema, señala que hay dos circunstancias que suelen ser más traumáticas cuando se habla de pérdidas; estas son: pérdidas en la infancia y pérdidas afectivas.

Pérdidas durante la infancia

Cuando un niño pierde a uno de sus progenitores, ya sea por efectos de muerte o abandono, experimenta uno de los dolores más grandes del ser humano. Ambas vivencias hacen que el niño sea muy vulnerable emocionalmente, tanto que puede ser muy difícil recuperarse de ese dolor.

Esa sensación de vacío se prolonga a lo largo de la vida de la persona, lo que puede llevar a menudo a que quien sufre ese abandono, quiera llenar esa necesidad con relaciones dependientes, abuso de sustancias e incluso problemas de alimentación.

Extrañar a un amor perdido

Creo que todos podemos dar fe de que esa pérdida es muy dolorosa. Este dolor tiene muchas caras y un elemento común, el sufrimientoSe anhela lo que se tuvo y vivió al lado de esa persona especial. Se tenía a ese amor idealizado y a su lado se hicieron tantos planes, mismos que quedaron infructuosos.

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Duele la pérdida por efectos del engaño, de lo que pudo ser y no fue, del no tener respuestas y no poder cerrar el ciclo. Este dolor puede durar mucho tiempo si no se cuenta con la ayuda necesaria para poder superar ese duelo o muy poco si sabes procesar la situación.

¿Cómo superar esas ausencias?

Es importante que sepas que nunca dejarás de extrañar lo que te hace falta. El recuerdo siempre estará presente, lo que debes buscar es que esos recuerdos no sean dolorosos.

Ya con esto claro debes aprender a dejar ir. Vivir de los recuerdos de viejos y buenos momentos, te hace perder la noción del presente. Debes darte la oportunidad de vivir nuevas experiencias, de conocer a más personas, de construir una nueva y mejor vida que sane tu dolor.

Recuerda que no hay nada malo en extrañar una persona, una situación, un lugar o una mascota; lo dañino es anhelar en exceso lo que una vez fue.

Aprende a darle valor a las vivencias del presente, halla nuevas pasiones; colócate nuevas metas y prepárate para una vida colmada de una felicidad por conocer.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.