¿Sabes de qué se trata el síndrome de compañeros de piso?

La rutina mata el amor, pero una conversación a corazón abierto puede ser la solución.

Erika Patricia Otero

Nada es más excitante que una relación amorosa en sus inicios. Todo se trata de ese mar de sensaciones agradables que activan todos los sentidos y te hacen sentir vivo.

Todo es atracción, deseos de estar juntos a cada instante. Hablar o no hablar da igual porque se sienten “en llamas” a cada instante.

Lo interesante es que ambas partes se esfuerzan por mantener este estado en los inicios de relación y de convivencia. Sin embargo, las cosas tienden a apaciguarse con el paso del tiempo. Es como si las muestras de afecto y deseo entraran en pausa; una que se prolonga por efectos de la cotidianidad y los problemas.

Aunque hay personas que se amoldan a este tipo de convivencia; también hay quienes son incapaces de tolerarlo. El problema es que estas personas no saben cómo abarcar el tema sin que termine en una confrontación incómoda.

La persona que se siente incómoda se cuestiona qué ha hecho mal para que su pareja no la desee. Preguntas como ¿A dónde se fue la pasión, la complicidad y el deseo? son constantes, pero no obtienen respuestas satisfactorias.

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Esto es lo que se conoce como “Síndrome de compañeros de piso”, de lo cual hablaremos a continuación.

En qué consiste el síndrome de compañeros de piso

El síndrome de compañeros de piso sucede cuando la relación fue absorbida totalmente por la rutina.

Al contrario de lo que se pueda pensar, esto no sucede en muchas parejas tras 20 años de matrimonio. Muchos empiezan a lidiar con está situación a los pocos meses de casarse. Es como si el encanto se hubiera ido por la ventana en el mismo momento en que empezaron a convivir juntos.

Puede ocurrir que una de las partes simplemente no tiene deseos de tener intimidad con su pareja. Todos los días tiene una excusa distinta con el fin de no concretar ningún encuentro íntimo. Muchas veces no es falta de amor. La distancia puede deberse a situaciones que no sabe de qué manera hablar con su pareja. Por ejemplo, la mujer jamás se ha sentido satisfecha en la intimidad, pero no sabe cómo decirle a su esposo sin generar molestia.

También puede tratarse de situaciones más complejas como estar casado por compromiso. Ambos mantienen el matrimonio por conveniencia. Incluso, muchas parejas permanecen casados a favor de los hijos o por simple comodidad.

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Cualquiera sea la razón, la realidad es que comparten todo, menos deseo por el otro. Esto es lo que los convierte en compañeros de piso.

Señales más amplias del síndrome

1 Buena convivencia

Este tipo de parejas comparten tareas y responsabilidades. Pueden sentarse a ver películas y programas, hay compenetración. Incluso cocinan y salen a pasear juntos. La pasan bien porque hay entendimiento y una conexión personal increible.

2 No hay intimidad

Como decíamos, las excusas no se hacen esperar cuando una de las partes busca un acercamiento.

La rutina en el área sexual puede ser determinante para que una de las partes no sienta deseo si las relaciones íntimas siempre se limitan a lo mismo. Esto presente de manera constante lleva a la parte afectada a no querer experimentar la misma sensación dos veces.

3 La relación la mantienen las responsabilidades comunes

Puede deberse a deudas asumidas por ambos como una hipoteca, la adquisición de un auto. También se puede deber a los hijos y la idea de darles a ellos la sensación de una familia feliz.

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Este síndrome se sustenta en la idea de que una relación puede continuar mientras exista buena convivencia y responsabilidades en común.

4 La rutina es agobiante, pero hay miedo a romper la relación

Seamos honestos, hay muchas parejas que se mantienen en la relación por miedo al qué dirán. Para este tipo de personas es agobiante el solo hecho de pensar que su vida va a cambiar y estarán en boca de todo el mundo. También les resulta estresante hacerle frente a la soledad. Por esto mantienen la relación, porque se conformaron a vivir de manera rutinaria.

5 En ocasiones puede haber amor, pero hay carencia de cuidados

Suele suceder que a veces los sentimientos se dan por sentados. Ya tienen años conviviendo, se acostumbraron a la rutina. Rara vez hay expresiones de cariño y saben que se aman, pero no encuentran la necesidad de darse detalles o mostrar afecto.

Esto genera una sensación de abandono latente que duele; sin embargo, la persona reprime el sufrimiento enfocándose en la cotidianidad de la convivencia.

6 Se evita hablar de lo que está pasando

Es claro que en este síndrome, la comunicación “brilla” por su ausencia. Es como si tuvieran miedo de hacerle frente a los problemas que saben que están ahí, pero creen que si no hablan de ellos, pues no existen.

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¿Cómo abordar esta situación?

Hablar de las necesidades de ambos

La manera más efectiva de resolver los problemas de toda índole es hablando. Poner todas las inconformidades de pareja sobre “la mesa” hace más fácil empezar a buscar soluciones a los problemas.

No es cuestión de hallar culpables y de culpar al otro, sino abarcar el problema de manera más amplia. Hay que enfocarse en las necesidades de ambos y abrirse a hacer cambios

Esforzarse por mostrar afecto y mejorar la comunicación emocional

Si una pareja desea recuperar la intimidad sexoafectiva, lo que necesita es esforzarse en abordar los cuidados mutuos y atención a los detalles cotidianos.

Sin expresiones de afecto y detalles el amor se va apagando y con esto el deseo. La pareja debe comprometerse a hacerle frente a las carencias y darle un giro a la situación.

No fuercen las cosas ni tengan altas expectativas

Como todo en la vida, el trabajo constante trae resultados. La pareja no puede pretender solucionar los problemas de la noche a la mañana. Es un trabajo continuo y constante que requerirá dedicación e interés.

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Cambio en la rutina: sorpresas e improvisación

En la variedad está el placer. No se logra romperá el síndrome haciendo siempre lo mismo; eso fue lo que desde el principio marcó el principio del fin.

Si no saben cómo ingeniárselas, compren libros y revistas instructivas. Incluso podrían acudir a la ayuda de profesionales en salud sexual de pareja.

Pueden implementar citas íntimas, viajes y aventuras que jamás antes se arriesgaron a asumir. Las opciones son múltiples.

Como puedes ver, la solución no es tan compleja como parece. Es cuestión de ser honestos con el otro y buscar la manera de hallar el bienestar mutuo a través de una buena comprensión.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.