Servir a los demás nos hace no solo mejores, sino más fuertes

Esta crisis mundial puede darnos la oportunidad de reivindicar nuestra humanidad y salir más fortalecidos, más unidos y más solidarios que nunca.

Erika Patricia Otero

Algo que ve de mala manera la cultura oriental es el egoísmo e individualismo de occidente. Por ejemplo, mientras los japoneses es cuidan que sus comportamientos y actitudes no molesten a sus vecinos; en cambio, los americanos no tenemos en cuenta ese factor. El «punto» es «estar bien yo», lo demás poco interesa.

Una vida donde «solo me preocupo por mí» puede no resultarnos dañina si se mira de forma superficial. Sin embargo, cuando se pasa por momentos complicados que involucra a mucha gente, es importante dejar de pensar en uno, para empezar a pensar en el prójimo. Y en efecto, eso es lo que está ocurriendo.

El hecho mismo de estar en aislamiento implica un sacrificio, mismo que a la larga va a beneficiarnos a todos. Algunas medidas que lo acompañan pueden – y son- muy molestas, pero persiguen el bien común; solo por esto no deberían implicar molestia.

Ahora bien, mira el papel del personal médico alrededor del mundo. Ellos están sacrificando su vida, literalmente, para ponerse al servicio de los enfermos.

Todo lo anterior no tendría ningún efecto positivo si fuera una sola persona la que se sacrificara. Por eso, se necesita del trabajo de muchos; profesionales de la salud así como ciudadanos para salvar las vidas de todos.

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Lo que estamos viviendo en Colombia

Hablo de mi país porque es el lugar donde resido; además, sé de primera mano cómo están pasando las cosas acá.

Colombia, como muchos países en el mundo, es un país en vías de desarrollo. Ser un país en desarrollo implica que hay muchas cosas buenas y muchas cosas malas a nivel socio-económico. Es quizás por esta razón que la cuarentena obligatoria está midiendo la generosidad de las personas.

El aislamiento para evitar el contagio implica que muchos negocios independientes estén cerrados hasta que el gobierno levante esa medida. Así, muchas personas que viven de su trabajo diario (vendedores ambulantes incluidos) están pasando por situaciones realmente angustiantes.

No poder salir a trabajar implica para muchas familias no alimentarse de manera adecuada, y no poder pagar sus deudas. Seamos honestos, ninguna persona que no esté acostumbrada a vivir en situación de calle puede aguantar una crisis de ese tipo, mucho menos ver a sus hijos pasar hambre.

Pueda que sea obligación de nuestro gobierno el apoyarlos y sostenerlos en estos momentos, pero nadie los obliga; así que la responsabilidad de ayudar está en manos del ciudadano común.

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Para lograrlo, en Colombia muchas empresas nacionales e internacionales aportan a diario su granito de arena. También muchas personas reconocidas donan mucho de sus ingresos (futbolistas, diseñadores de moda, etc) para conseguir desde insumos médicos, hasta mercados. Todo esto lo donan a quienes más lo necesitan. Aun así, esa ayuda no es suficiente, esto obliga a quienes tenemos un poco más, a dar -en menor medida-  a los que no tienen tanto.

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Nada más triste que poder hacer algo, y no hacerlo

¿Tuvieron en algún momento esa sensación de arrepentimiento cuando no ayudaron a alguien en necesidad? Yo sí, y la verdad es una pena que aún persiste.

Un día, ya hace algún tiempo, iba caminando apresurada por una calle del centro de la ciudad donde vivo. Debía por hacer unos mandados y estaba con el tiempo justo. Estaba cruzando una calle cuando vi a un montón de gente reunida comprando una promoción de empanadas con avena; lo triste de la situación es que justo al lado de ellos había un señor en situación de calle que miraba como todos comían.

Era evidente que tenía hambre, pero nadie le ofrecía la posibilidad de llevarse a la boca lo que quizás hubiera podido ser su primera comida del día. Lo triste es que yo pude haber sido esa persona que le diera ese alimento y solo por no detenerme unos minutos no lo hice; eso es algo de lo que no dejo de arrepentirme.

Ayudar y servir al prójimo es algo que mi madre me enseñó desde pequeña. Es por eso que me recrimino mi actitud de ese día. Es cierto, a veces se escapa de mis manos el poder ayudar a alguien; no soy millonaria, pero con lo que tengo trato de hacer lo mejor que puedo por las personas que me rodean, lo hago porque todos «somos hermanos».

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¿Qué sentido tiene tu vida?

Piensa un momento en el sentido de tu vida. Luego, imagina qué sería de ti si estuvieras solo en este mundo. Piénsate como el protagonista de la película «Soy leyenda» de Will Smith, personaje que recorre las calles solitarias de una gran ciudad con la única compañía de su perro pastor alemán. El hombre casi que enloquece y habla con los maniquíes; mismos que él puso en lugares que frecuenta, todo para no sentirse solo. Además, transmite una y otra vez una grabación donde dice su ubicación y ofrece ayuda.

Cuando pierde a su perro, siente que pierde todo lo que lo mantenía cuerdo y atenta contra su vida; por fortuna, su grabación es escuchada por alguien y lo salva de la muerte. Es entonces cuando su vida adquiere un sentido: el de ayudar a la humanidad superviviente.

Los seres humanos somos por naturaleza sociales; unos dependemos de otros tanto para tener viviendas dignas, para conseguir los alimentos y tener salud. Puede ser que en un principio nos demos abasto para cubrir nuestras necesidades, pero eso no va a durar para siempre. Es entonces cuando servir y servirse de lo que ofrecen los demás demuestra que solos no somos nada y que juntos somos más fuertes.

Te dejo una invitación: ayuda a todo el que puedas, déjate ayudar o pide ayuda cuando sientas que lo necesitas. Verás cómo tu vida cambia para mejor y serás un poco más feliz.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.