Sí, como muchas mujeres, yo temo ser una madre terrible

Como las cosas más importantes de la vida, la maternidad es algo que se aprende en el camino.

Erika Patricia Otero

Hace un tiempo, mi padre, preocupado porque a mi edad yo no tengo esposo o hijos que -según él- serían mi motivación para progresar, me dijo: «sería bueno que por lo menos tuvieras un hijo»; a lo que le respondí: «sí, sería bueno, pero mi temor es pasarle mis traumas y problemas de crecimiento a un hijo».

Su reacción fue mirarme con perplejidad, y preguntarme de regreso: «¿Acaso tu niñez fue tan horrible como para decir eso?» y mi respuesta fue: «sí, no fue muy linda que digamos». Para serte franca, yo creo que también me hubiera mirado de la misma manera.

Mi infancia no fue del todo mala, pero lastimosamente tengo muy pocos recuerdos felices. Esto sucede no porque mi vida hubiera estado plagada de sufrimiento; sino porque tengo la cualidad de solo recordar con precisión las cosas no tan agradables de mi vida.

¿Cual es mi mayor temor?

Cuando estudiaba psicología, una maestra nos dijo en clase que una persona adulta debe muchos de sus problemas mentales y emocionales a su madre. Ésto debido a que el niño pasa mucho más tiempo con ella que con su padre.

Para ser honesta, esto se quedó grabado a «cal y canto» en mi memoria. No sé si sea cierto; he buscado información médica al respecto y no la he encontrado. Lo que sí tengo claro es que enfermedades como la esquizofrenia puede implicar herencia genética. Pero es que yo no me refiero a enfermedades mentales como ésta, o emocionales como la depresión; sino a condiciones de vida y crianza que en serio yo no quisiera «trasladar» a un hijo mío.

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Gracias a que mi hermana y sobrino viven conmigo, yo participo de manera activa en la crianza de él desde que nació. Debido a eso, me he dado cuenta que soy estricta y muy cuadriculada en muchos aspectos en los que mi hermana es relajada; y es que sinceramente ser una madre como la que podría ser yo, no es bueno para un niño.

Yo procuro no meterme en muchas cosas que pienso ella no hace de la manera adecuada (o sea, cómo yo lo haría, que tampoco quiere decir que sea la forma correcta) y me repito a diario que el niño no es mi hijo.

No tengo interés en ser la mamá de él; con mi hermana le basta y sobra. He aprendido a mantenerme al margen, y si suceden algunas cosas que pienso son injustas para él, la llamo en privado y le digo, pero jamás la desautorizo frente al niño. Con lo anterior, lo que pretendo es que nuestra disfuncional familia no lo sea tanto.

La gran responsabilidad de las madres

Sé que las madres no son perfectas; que muchas cosas de la crianza de sus hijos las aprenden a punta de «ensayo y error». A la larga, sabes bien que tú eres tu peor y más duro crítico. Tú sabes que no quieres fallar en una labor tan importante como la de formar y amar a otro ser humano.

Sí, es verdad que la labor de la crianza no es algo solo de las madres. Sabes que hoy más que nunca los padres tienen un papel activo en la educación de los niños; pero eso, por muchas razones -lamentablemente- no sucede en muchos hogares, y las mujeres quedan enteramente responsables de criar a sus hijos.

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Como sea que pasen las cosas en el hogar de una familia, la mujer y madre será siempre la que cargue con la mayor responsabilidad en la vida de los hijos; ésto porque (quieras o no) los niños perciben muchas cosas del mundo que los rodea desde que están en el vientre materno.

Eres tú su primera fuente de alimentación, y cuando le acunas para amamantarlo o dormirlo, cuando lo consuelas por algún dolor físico o emocional (sentimiento de abandono) le transmites muchas cosas a tu hijo de la vida , de tu vida.

No podemos quejarnos

Es verdad, no podemos ir por la vida quejándonos de las cosas que no hicimos o hicimos mal en la crianza de los hijos. Lo que debemos hacer es asumir nuestra responsabilidad y transmitir eso que se aprendió a las mujeres que nos rodean; todo con el fin de procurar que no caigan en los mismos «vicios de crianza» que nosotras hemos cometido.

He visto a mi madre aconsejar a mi hermana sobre la crianza de mi sobrino;  aun más cuando es un niño con síndrome de Asperger. Así el asunto, su crianza es diferente a la que me dieron a mí, y por supuesto a  ella.

Yo tengo claro que mi madre con mi hermana fue mucho más flexible que conmigo. Cuando la cuestiono sobre ésto me dice que, lamentablemente, conmigo aprendió que ser ese tipo de madre (tan estricta) no era tan bueno como parecía.

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Lo cierto es que como hijos adultos tampoco debemos tomar el papel de jueces de nuestros padres. Debemos comprender que ellos hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas que sus padres les heredaron. Nada más y nada menos.

Ser madre no es un arte con el que se nace, es algo que se aprende

Por eso hoy día hay cientos de mujeres que no desean ser madres, no porque no les gusten los niños, simplemente no se ven como madres. Muchas no sienten instinto materno, otras más se la piensan mucho y saben la gran responsabilidad que trae consigo un bebé.

Hoy día, para muchas mujeres ser madre es algo voluntario, una elección consciente a la que se tiene derecho; y eso no es para nada malo. Es mucho más terrible ser madre a la fuerza, y no dar lo mejor de sí a un bebé que es inocente de todo.

La realidad es que no importa qué tantos errores cometas como mamá, tus hijos te amarán. Siendo adultos te comprenderán, pues conocerán las muchas razones por las que cometiste algunas fallas; pero lo mejor de todo es que también cometerás tus propios errores y se darán cuenta que en el arte de la maternidad no se sabe nada y se aprende todo.

Te deseo lo mejor.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.