Solo ten fe, mejores días vendrán

Después de la tempestad llega la calma, eso es lo que siempre ocurre tras los momentos más difíciles de la vida.

Erika Patricia Otero

Para ninguna persona la vida es perfecta. Todos pasamos por situaciones muy complejas y dolorosas. Sin embargo, hay personas que con una habilidad asombrosa se levantan y son capaces de salir adelante. En cambio a otras les cuesta más.

Las preguntas que muchos se formulan son: ¿Cómo logran superar los problemas? ¿Qué los hace diferente? Bueno, si me lo preguntas puedo decirte que es el juego de dos cosas maravillosas que todos podemos desarrollar para nuestro beneficio: fe y buena actitud.

Ambos aspectos pueden y te mantienen en pie en los momentos más duros de la vida ¿Cómo lo sé? La verdad es que lo aprendí por mi propia experiencia.

La vida cambia en un chasquear de dedos

Hace dos años tenía una vida estable, un buen empleo y no muchas preocupaciones, pero un día todo cambió.

Mi empleadora me llamó a su oficina. Para ser franca creí que me ofrecería un ascenso, la realidad era que me informaba que desde ese mismo momento mi contrato había finalizado con la compañía.

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La cuestión era la siguiente: la empresa había sido comprada por otra y como resultado iban a darse muchos cambios en el personal. Para ser franca, hasta la persona que me había dado el empleo había perdido el suyo, solo estaría allí hasta que despidiera a toda la planta de personal; como quien dice, «no querían ensuciarse las manos».

El proceso

Como es de esperarse yo quedé devastada. Tenía una gran cantidad de responsabilidades económicas que no tenía cómo cubrir y me angustié mucho más de lo que había esperado hacerlo ante una situación de este tipo.

Al llegar a casa no pude más y tuve que desahogarme con mi madre sobre lo sucedido. Por supuesto que ella también se preocupó, mi trabajo era un respaldo para la casa.

Los primeros días no hacía más que darle vueltas a lo que había pasado. Lloraba, me reía, oraba y hacía mil cosas con el fin de olvidar lo que estaba pasando. Un día simplemente no pude más y tuve que obligarme a calmarme, para lograrlo comencé a orar. Decidí que antes de comenzar a buscar un empleo debía concentrarme en lo que quería conseguir, y eso fue lo que hice. De a poco me fui calmando hasta que un día al fin pude dormir bien.

Buscaba empleo y aunque las cosas no salían bien, la verdad es que ya no me desesperaba. Opté por dejar todo en manos de Dios, no sabía si de eso iba a salir algo bueno, pero no perdía nada si no lo intentaba. Y un día simplemente ocurrió.

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La buena noticia

Cuatro meses después recibí un mensaje de un encargado de la empresa que había comprado la compañía para la que trabajaba. Palabras más o menos me decía que si quería volver a trabajar con ellos, el puesto era mío. El requisito era que debía ponerme en contacto prontamente, y ¡por supuesto que eso hice! Adoraba ese trabajo e iba a hacer lo mismo de antes; así fue como en cuestión de tres días recuperé mi trabajo.

¿Tuve temor y angustia? Sí, al principio mi día a día era un compendio de esas dos emociones. Lo cierto es que con el paso de los días y tras empeñarme por mantener la calma, buscar empleo en otros lugares, meditar y orar cada día en busca de paz; logré encontrar un punto donde la buena actitud y la fe llenaron mis días.

Hoy en día tengo muy claro que nada gano si me dejo dominar por el temor, la rabia o la impotencia. Aprendí también que saco más de mantener una buena actitud. Además encontré que estar activa y mantener mi mente ocupada en cosas productivas, me ayuda a tener la paz mental y emocional que se necesita para salir de las dificultades.

Mejores días están por venir

Así como no somos los mismos a lo largo de la vida, la vida no es la misma a lo largo del tiempo. Esto quiere decir que no todas las veces vamos a estar en el agujero, así como tampoco todo el tiempo vamos a estar en la cima de la pirámide.

Sí, hay días buenos y otros malos, y de ambos aspectos se aprende. Lo que debemos aprender es a enfrentarnos a esos problemas con buen ánimo, y pronto, casi que sin darnos cuenta los días buenos llegan colmados de bendiciones insospechadas para cada uno de nosotros.

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Una sabia escritura

Santiago 1:12 dice: «Bienaventurado el varón que soporta la tentación, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman».

Puede ser que no seas una persona creyente en alguna religión judeo-cristiana; sin embargo, el principio del que habla ese versículo de la Biblia aplica para todos y cada uno de nosotros sin distinción.

Hay que saber soportar los momentos de dificultad, porque al resistir la prueba demostramos que somos dignos de recibir las bendiciones que llegan tras las dificultades. Esta actitud demuestra que aprendimos la lección y ya jamás tendremos que volver a enfrentarnos a esa lección en específico.

Desde mi experiencia te puedo decir que es muy cierto ¿Es difícil? sí, muchas veces nos vemos tentados a renegar de las dificultades, pero es que revelarnos solo prolongará el sufrimiento; además, nos expondrá a pasar una y otra vez a pasar por lo mismo hasta que aprendamos la lección.

Cuando yo tuve que pasar por aquel duro reto no sabía lo que sé ahora y te estoy compartiendo; por eso, desde mi experiencia puedo decirte que se puede soportar y se puede salir victorioso de los problemas. Repito, es cuestión de buena actitud, mantenerse activo y tener fe en que días mejores van a llegar, pero todo eso solo depende de ti.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.