Tanto la confianza como el respeto se ganan

Toda relación armónica entre seres humanos está basada en la confianza y el respeto.

Erika Patricia Otero

Siempre me costó mucho confiar en otras personas. Es que cuando confías, entregas de ti algo íntimo que solo muy pocas personas valoran. Me cuesta porque me hicieron daño, y es que confiar hace referencia a entregar, pero, ¿Qué entregas cuando confías? Eso depende de cada uno de nosotros. Muchos entregan cariño, consejos, secretos, complicidad. Otras personas entregan cosas materiales; y algunas más entregan lo mejor de ellos.

Confiar nos deja expuestos a que las personas en las que confiamos hagan con nosotros lo que le parezca. Es por esta razón que el instinto dicta que debemos ser prudentes a la hora de confiar. No cualquier persona es digna de nuestra confianza; por eso debemos saber elegir la gente de la que nos rodeamos.

La confianza se desarrolla desde la infancia

Nuestro hogar es el primer lugar en el que aprendemos a confiar.

Recuerdo cuando mi sobrino estaba aprendiendo a caminar. Él se levantaba del suelo sosteniéndose de los muebles y tambaleaba dando pasitos hasta llegar a otro mueble. Poco a poco se esforzaba por ser más independiente.

Un día llegó un amigo a visitarnos; al ver al niño dando sus primeros pasos, lo alzó en brazos y lo puso en el suelo. Su intención era que el niño llegará hasta él, así que lo dejó a cierta distancia sostenido de una silla; luego, se retiro unos dos metros y lo llamó pidiéndole que caminara hasta él. Él chiquillo hizo lo propio, se soltó y camino unos pasos, de repente sus piecitos fallaron y se cayó. Lloró un poco, más del susto que del golpe, pero eso fue suficiente para que le agarrara miedo a caminar.

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No le agarró miedo a nuestro amigo, pero sí a caminar. Empezó a desconfiar de su propia capacidad; confiar en sus piernitas le costó, pero al cabo de unos meses lo logró bastante bien.

Así pasa con todo. Aprendemos a confiar en nuestros padres porque no nos defraudan, porque ellos nos cuidan, protegen y proveen. Pese a eso, cuando nuestros padres faltan a una promesa y nos defraudan, aprendemos a desconfiar.

Así es a lo largo de la vida con todas las relaciones personales. A veces se confía en alguien que creíste jamás te traicionaría, pero pasa y te destroza. Tienes que empezar entonces a recoger todas las partes que destrozó de ti y volver a empezar de nuevo; aunque volver a confiar en alguien pueda ser difícil.

La confianza se gana y toma tiempo

Debes saberlo por tu propia experiencia. Puedes darle tu amistad a muchas personas; sin embargo, a pocas consideras amigos cercanos, y tal vez solo a una la sientes como amiga íntima.

Aun así, para que esa persona llegara a ser tu amiga íntima, debió pasar por una serie de «pruebas» que te ayudaron a saber que era alguien digno de confianza. Confiar en alguien toma tiempo, no es algo que surge de un día para otro. Es bueno que así sea porque no todos los que se acercan a ti tienen buenas intenciones.

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Sabes que alguien merece tu confianza cuando guarda tus secretos. También cuando te demuestra con hechos que confía en ti. Algo que también hacen las personas dignas de confianza es apoyarte y defenderte cuando alguien te ataca. Todas esas acciones hacen que se gane tu confianza, además de tu respeto.

La confianza precede al respeto

En mi opinión, alguien que se gana mi confianza merece todo mi respeto. No cualquier persona, y más en los tiempos actuales, es digna de ambos.

Cuando hablamos de respeto, decimos que una persona es merecedora de todo el buen trato que seamos capaces de darles. Para que alguien tenga nuestro respeto no necesariamente debe tener un cargo alto o estar por encima nuestro. Muchas personas están en cargos bastante altos y tienen mucho dinero, pero eso no los hace dignos de respeto. En cambio, hay seres humanos que sin tener un peso en su bolsillo son dignos merecedores del respeto hasta de sus mismos empleadores.

El respeto es un valor que de la mano con la confianza hacen que las personas mantengan buenas relaciones personales.

Por solo poner un ejemplo pequeño; un buen matrimonio. En un buen matrimonio las partes confían mutuamente y se respetan. Una mujer que confía en su esposo, sabe que no la engañará; y porque su esposo la respeta, jamás le será infiel.

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Un buen jefe se gana el respeto de sus subalternos porque los trata bien; y a su vez ellos le respetan porque él cumple con su palabra y no les defrauda.

Ahora bien, una persona puede exigir respeto, pero eso no significa que ocurrirá. La razón es que si alguien es grosero, antipático y te trata mal, lo normal es que reacciones a la defensiva.

Solo me queda por decir que aunque la confianza y el respeto van de la mano, la verdad es que hay una gran diferencia entre ambas que es vital. Mientras ganar la confianza de alguien toma tiempo, darse cuenta que alguien merece o no tu respeto, es cuestión de instantes.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.