Todos somos malos en una historia mal contada

Sabrás quién es o no el malo de la historia cuando conozcas el punto de vista de todos los involucrados.

Erika Patricia Otero

«El lobo siempre será el malo si caperucita es quien cuenta la historia»

Frase popular

Siempre me molestaron las injusticias. Soy de ese tipo de personas que defiende a la gente en situaciones injustas. Siempre que pueda, me pongo de su lado; incluso si las consecuencias para mí son desastrosas.

En una ocasión, ya hace años, tuve una gran discusión con un familiar que cambió para siempre mi vida. A razón de estos, llevé la «fama» de ser alguien agresiva, grosera e hiriente; como si decirle la verdad a alguien fuera malo.

Es el mundo al revés. Muchas personas prefieren que les digan : «tranquila, llegaré tarde», y que las dejen esperando; a que les digan: «Lo siento, pero no puedo ir». Cualquier persona que sea capaz de ser llanamente honesta, que se rebele a lo impuesto porque va contra sus principios es «el malo del cuento«.

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La historia siempre va a tener dos lados

Suele decirse que la verdad es relativa y que es como una moneda: tiene dos caras. Yo me atreveré a llevarla más allá: una verdad tendrá tantas versiones como participantes haya. En algunas de esas versiones a veces seremos los buenos y en otras no tanto.

Lo cierto es que ganarse el título «del malo de la película» es fácil; solo basta con que seas ese tipo de persona a la que no le cuesta hacerse respetar. También basta con que seas el abanderado de la verdad o te niegues a cumplir las expectativas de alguien para que seas el malo.

Yo, la mala del cuento

Cuando estaba en la universidad tenía dos compañeras a las que consideraba mis amigas, estaba equivocada. Ellas gustaban de organizar salidas y en una ocasión me invitaron para ir a ver una película, yo acepté. Como durante mi tiempo de estudiante universitaria mis ingresos eran escasos, yo tenía que hacer malabares para llegar a fin de mes. El punto es que ellas quedaron en recogerme en su auto cada mañana para llevarme a la universidad (por un tiempo limitado, por supuesto) y que así yo pudiera ahorrar ese dinero para el día de la salida.

La situación es que para el mismo tiempo mi madre enfermó, y el dinero ahorrado tuve que usarlo para llevarla al hospital. Así fue como llegó el día de la salida y tuve que decirles que no podría ir porque había tenido que usar ese dinero en la salud de mi mamá. Si una amiga me hubiera contado eso, yo la hubiera entendido, pero ellas no lo hicieron. Se enojaron y me reclamaron; supongo que se sintieron usadas, pero la realidad es que no fue así porque «su labor humanitaria» apenas duró una semana.

Problema y resolución

Lo cierto es que cada vez que podían, ellas sacaban el tema a colación. Ninguna de las dos dudaba en hablar mal de mí, reputación que me siguió hasta el final del pregrado. Yo no voy a jugar a que soy una persona que sabe soportar callada lo que los demás dicen de ella. Sé cuándo callar y cuándo debo defenderme, y lo hice.

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Fue el día en que finalmente íbamos a entregar la tesis. Ellas que eran muy dadas «al diálogo» aclaratorio. Ese tipo de conversación donde tú atacas y el otro no tiene cómo defenderse porque «eres el dueño de la verdad». La cuestión es que ellas no sabían que yo estaba enterada de todo lo que dijeron e hicieron en mi contra, en especial una de ellas.

El problema es que no se imaginaron que tenía argumentos válidos para defenderme. Tras cada acusación que me hicieron, llegó una defensa que no supieron refutar. Sin insultos, pero sí con tensión en mi voz, les hice saber todo lo que pensaba de ellas y que además era conocedora de sus comentarios venenosos y de su mala actitud. Ese fue el día que di por terminada mi «amistad» con ellas.

Para ser honesta, poco o nada me importa la opinión que los demás puedan tener de mí. La razón es que así como unas personas piensan que soy «un amor», otras me ven como un ogro. El punto es que no me define, ni a ti ni a nadie cómo te perciben los demás.

El problema son las expectativas

La situación es que muchas personas tienen la mala costumbre de esperar cosas de ti que a veces hasta desconoces. Sucede en todas las relaciones humanas, y si no cumples con las expectativas que depositaron en ti, entonces serás malo, tóxico, desconsiderado y hasta desagradecido.

¡Error! Nadie te debe nada y tú no les debes nada. Tú no tienes por qué cumplir con lo que los demás esperan de ti, y en inversa, no debes esperar que alguien haga lo que esperas. Tu felicidad ni la de nadie debe depender de otra persona más que de ti mismo.

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Es justo que esperemos algo de alguien, pero es justo también que la otra persona sepa lo que esperas. Si las cosas no se dan, pues no debería haber problema, pero tampoco es motivo para dañar a alguien por que no hizo lo que esperabas.

Como te ven los demás no es quien tu eres en realidad

Recuerda: los demás suelen verse reflejados en ti. Por lo general, cuando «le caes mal» a alguien es porque ve en ti algo de él que no le gusta. Sin embargo, eso no te define, los define a ellos tanto en lo bueno como en lo malo.

Por eso, si te critican y tratan de cambiarte, procura que no te afecte. Las personas hacen cosas, pero tú eliges si lo que hacen te afecta o no.

Ser alguien genuino y que no vende sus principios ni valores es de valientes. Por eso, jamás actúes simplemente para complacer los deseos o necesidades de alguien si ello va en contra de tus principios o ideales, no importa que eso te haga el lobo. Ser el lobo es, a veces, lo que te hace especial.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.