Una buena madre siempre ora por sus hijos

La relación que tengan con Dios iluminará su vida, les dará esperanza y guía en cada paso que avancen, y tú puedes impulsarla hoy.

Marilú Ochoa Méndez

Ayer por la tarde, mientras veíamos televisión, mi hijo de siete años me preguntó qué me había dicho el doctor sobre mi cuerpo en la cita a la que acudí el mes pasado.  Al momento, no supe qué pensar. Mi mente retorcida pensó que tal vez se referiría a los kilos de más que he ido acumulando.  Antes de responder, le pedí que me explicara la razón de su pregunta.

Su respuesta me enterneció enormemente: «Porque si tú te mueres, yo estaría más de quince días llorando por ti».  ¡Mi vida! Él quería saber si estoy saludable, y si eso le garantiza a él que estaremos juntos el mayor tiempo posible.

He de confesarte que su pregunta me dejó pensando mucho rato ¿Qué pasaría con él si yo muriera?

Los padres damos seguridad y sostén a nuestros hijos, pero… ¿y si faltamos?

Al momento me mortifiqué. Pensaba en él y en cada uno de mis hijos, en cómo nos hemos amoldado el uno al otro. Ellos saben leerme y yo sé cuándo aparentan tranquilidad, pero existe una tormenta en su interior.

Mientras tenga vida, puedo cuidarlos con todo mi esfuerzo y corazón, pero ¿y si un día les falto?

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Los cristianos tenemos la mejor respuesta a esa inquietud. Somos todos hijos de un Padre amoroso que nos protege y cuida. En esta verdad conseguí tranquilizarme y tener consuelo.

Dios es mi inversión segura

Si deseas proteger al máximo a tus hijos, asegurar que alguien los proteja siempre, Dios es tu inversión  más segura ¿Quién mejor que un Ser todopoderoso, que está en cada lugar (omnipresente) y que además los ama inmensamente más que tú?

Es por eso que orar por nuestros hijos, y encaminarlos a tener una relación cercana con Dios, es justo lo que estás buscando para tener paz sobre su presente y sobre su futuro.

Veamos algunos casos

Moisés

El faraón egipcio había dado la orden de matar a los bebés hebreos.  La comunidad había aumentado en gran medida, y consideró que su pueblo corría un riesgo si esto continuaba. La madre de Moisés no iba a permitir que su bebé fuera asesinado, así que lo escondió en una canasta que colocaba en unos juncos del Río Nilo. Así, alimentaba al bebé cada que lo requería, y lo acostaba a dormir en las suaves aguas para protegerlo, obligando a su hermana a que lo cuidara a cierta distancia.

Pero entró un grande viento, que hizo que la canasta con el pequeñín se fuera a la deriva. Puedo imaginarme el terror de Miriam, su hermana, y de su madre. ¡Iba hacia una muerte segura!

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Pero Dios, hizo que llegara a donde la princesa egipcia se bañaba con sus criadas. Entonces, ella se compadeció del bebé y decidió criarlo. Al final, la nodriza del bebé, acabó siendo su propia madre. Eventualmente, este joven salvado de las aguas, liberó a su pueblo contra toda esperanza de la mano de Dios:

«Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey» (Hebreos, 11:23)

La hija de Jairo

Jairo era un fariseo de la época de Jesús, y tenía una hija muy enferma.  Acudió a Él para que la sanara, y cuando Jesús estaba en camino, recibió el aviso de sus hombres para no molestar más al Maestro, pues ella ya había fallecido.

Sin embargo, Él continuó andando hacia casa de Jairo, y al llegar, les dijo a los hombres: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino duerme» (Mt 5;39). Entonces, tomó la mano de la pequeña y le dijo: «Niña, a ti te digo, ¡levántate!» (Mt 5: 41). Entonces, ordenó que dieran de comer a esta chica de 12 años.

El hijo de la viuda de Naím

Estando Jesús en la ciudad de Naím, vio una multitud que llevaba el cuerpo del único hijo de una mujer viuda, y: «al verla, el Señor tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores».  Y acercándose, tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron. Y Jesús dijo: «Joven, a ti te digo: ¡Levántate!» «(Lc 7: 13-14).

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Ante el peligro de muerte de Moisés, Dios actuó mostrando su poder sobre las aguas y su capacidad de suavizar el corazón de la hija del Faraón. Ante la petición de un padre acongojado, Jesús le muestra que tiene poder sobre la muerte, y que no hay que perder la esperanza. En su encuentro con la acongojada viuda, Jesús muestra su sensibilidad hacia quienes sufren, y el poder de Su palabra.

Sabes del poder de la oración, ¿lo aprovechas?

En la Palabra de Dios, encontramos muchos ejemplos de la Divina Providencia: el cuidado amoroso de Dios hacia sus hijos, aún contra toda esperanza. ¿Que tanto lo aprovechamos?

Hoy es el mejor momento para recordar las hermosas promesas de Jesús: «¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo vuestro Padre. Y hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.Así que no temáis; vosotros valéis más que muchos pajarillos.» (Mt 10, 30-31)

Y si tú y yo, que nos equivocamos tantas veces, valemos tanto, ¡cuánto más valen nuestros pequeñitos, almas puras que Dios nos ha encomendado!

Como padres, es mucho lo que podemos hacer por nuestros hijos. Ya te levantas antes que ellos, te agotas día a día para darles alimento, casa, estudios, educación ¿Has considerado que es mucho más importante que la seguridad física, su impulso espiritual?

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No olvidemos orar mucho y orar siempre por nuestros pequeños. Encomendarlos a Aquel que todo lo puede es la mejor manera de cuidarlos, de protegerlos y de catapultarlos hacia una vida plena y llena de sentido.

Algunos consejos prácticos

1 Bendícelos cada día

2 Ora con y por ellos

3 Háblales del amor de Dios

4 Procura darles buen ejemplo

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¿Cuál otro tip agregarías tú a la lista? Y recuerda siempre: una buena madre siempre ora por sus hijos.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de seis niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.