Una madre tóxica puede arruinar la vida de su hijo para siempre: que no te suceda

Ser una buena madre no es controlar la vida de los hijos. Es darles las herramientas para que hagan su propio camino.

Erika Patricia Otero

Las madres tóxicas existen. Por doloroso que suene es real, porque no todas son apoyo y amor incondicional para sus hijos. Solo para que entiendas te contaré algo que presencié hace unos días.

Mi familia y yo estábamos saliendo de un centro comercial luego de realizar unas compras. Íbamos haciendo la fila para salir, cuando a lo lejos escuchamos una discusión. Al acercarnos más a la puerta nos dimos cuenta por los gritos, que se trataba de una discusión entre madre e hija. Las personas alrededor mirábamos desconcertados cómo la chica apenas trataba de calmar a la furiosa mujer; pese a eso, ella enfurecía más y más.  Ya estando fuera del lugar aún se escuchaban los gritos que está mujer daba. No sé como terminó todo, solo sé que no me hubiera gustado estar en el lugar de esa chica.

Como ella, muchos hijos soportan una relación terrible con sus madres. Claro, todos tenemos problemas ocasionales con nuestros progenitores; aun así, estos suelen resolverse y no pasar a mayores. Sin embargo, con las madres tóxicas las cosas van de mal en peor, justo como en la experiencia que te conté.

¿Cómo es una madre tóxica?

Una madre tóxica teme a que llegue un momento en su vida donde sus hijos no la necesiten. Debido a esto, suele comportarse de una manera destructiva que paulatinamente deteriora la independencia de sus hijos.

Son controladoras, posesivas, se victimizan, manipulan e impiden que sus hijos progresen en todos los aspectos de su vida. La verdad es que ni ellas saben que actúan de esa manera; solo son así y por eso no ven el daño que hacen a sus hijos.

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Además de lo anterior, las madres tóxicas tienen baja autoestima. Debido a esto son inseguras y es lo mismo que inculcan a sus hijos. La manera de expresar su amor es tratando de controlar la vida de sus hijos; creen que es lo correcto. Es más, si ellos deciden algo contrario a lo que ella les recomendó, se enoja pues cree que la están ignorando.

Algo que también suelen hacer es usar a sus hijos para lograr las metas que ellas no pudieron lograr. Esa actitud lo que hace es impedir que sus hijos hagan su propio camino y comentan sus propios errores. Ellas los ven como un mecanismo de protección, pero es todo lo contrario, un obstáculo en el desarrollo de sus hijos.

Hay algunas que son muy descuidadas con sus hijos y comenten negligencia. Otras más les abandonan y entonces es cuando instituciones gubernamentales debe intervenir a favor de los niños. Otro lado de este aspecto es que a veces hacen que sean sus hijos los que estén al cuidado de sus hermanos e incluso de ellas mismas.

Las madres tóxicas manipulan y son autoritarias con sus hijos con chantaje emocional. Si desean que sus hijos se queden a su lado, pueden fingir enfermedad, por ejemplo.

¿Cómo afecta una madre tóxica a sus hijos?

El daño que causa una madre tóxica a sus hijos es grande y las consecuencias se sufren a largo plazo.

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Una madre así puede hacer que sus hijos crezcan llenos de miedos e inseguridades. Además, ellos sienten fuertes deseos de distanciarse, pero no terminan de hacerlo porque aunque su madre no esté cerca es como si su voz le hablara en la cabeza.

Cuando un hijo finalmente logra liberarse de la relación enfermiza que desarrolló con su madre, lo que ocurre es que se enfrenta a una serie de conflictos internos que lo desconciertan. Pese a esto, con el tiempo y poco a poco van sorteando esos obstáculos mentales.

Puede decirse que un hijo que finalmente logra separarse de su madre tóxica sufre los siguientes efectos:

Sentimientos de culpa y vergüenza

Es natural que luego de tanto control disfrazado de amor, los hijos se sientan mal por «abandonar» a su madre e ir en busca de su vida. Sienten que no están siendo justos ni que actúan de manera correcta.

Se alejan de la gente

El alejamiento se debe a que se sienten muy confundidos. Primero, sienten que está mal alejarse de su mamá; además, no saben que hacer con tanta libertad y ninguna voz interior que les diga qué hacer y qué no.

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Los hijos que se distancian de sus madres enfermas quieren y necesitan guía, pero ya no quieren recibirla de sus madres. Al hacerse consientes de que están por su cuenta, se sienten perdidos.

Y al alejarse, lastimosamente, se sienten libres

Quién no lo haría luego de años de control y manipulación. El amor que un hijo siente por su madre no lo hace ciego o tonto; el hijo sabe que su madre le está impidiendo desarrollarse como ser humano integral, solo que su lealtad le impide pedir lo que necesita. Aún así, jamás deja de buscar una forma de libertad que anhela con la fuerza de su alma.

Cuando obtienen esa libertad, al principio se sentirán perdidos. Sin embargo, al cabo de un tiempo dan cuenta de ese privilegio y tratarán de tomar el control de sus vidas.

No se trata tampoco de olvidarte de tu madre o distanciarte para siempre. Solo es cuestión de ser capaz de ponerle los límites claros y saber distinguir cuándo es necesario reclamar tu paz y el control de tu vida.

No dejes que la mala relación con tu madre perjudique tu vida. Conversa con ella e intenta arreglar las cosas. Y si eres madre y te has sentido identificada con algunos de estos puntos, te aseguro que nunca es tarde para remediarlo.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.