6 comportamientos que dejan en evidencia que el rencor llena tu ser

"Guardar rencor es como agarrar con las manos una braza ardiendo: quien se quema eres tú". Anónimo

Erika Patricia Otero

Los seres humanos somos complicados. A veces, es muy fácil herir y que nos hieran. Para esto solo basta una mala mirada para que empiecen a despertarse los sentimientos más oscuros en nuestro ser. También puede ocurrir que alguien, con toda la mala intención, haga un comentario con el fin de alterarnos; sin embargo, eso puede importar tan poco, que simplemente lo ignoramos.

No cualquier persona tiene el poder de dañarnos emocionalmente. Esa persona en cuestión tiene que significar mucho para nosotros, para que de verdad nos puedan lastimar.

La situación es que si dan en un punto sensible, pueden hacer que en nosotros nazca el rencor.

¿Qué es el rencor?

Esta es una emoción negativa de hostilidad hacia alguien debido a una ofensa o daño proveniente de su parte.

Vivir con rencor genera mucho daño en quien lo siente porque carga a la persona con una rabia constante. Además, el rencor lleva a la persona a sentirse asaltada constantemente por los recuerdos de la ofensa.

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Según Luis Kancyper,   las personas tenemos una memoria del rencor. La función de esta es generar en la persona la esperanza de venganza. Lo que esto hace es que la persona recuerda incesantemente lo ocurrido para así alimentar la «necesidad» de revancha. Es tanto el bombardeo de esos recuerdos, que la persona fantasea sobre situaciones donde ella está cobrando el daño que le hicieron. Todo esto surge como resultado de la represión de la rabia y el dolor que se transforma en hostilidad.

A una persona llena de rencor le cuesta mucho perdonar; puede llegar a hacerlo, pero le tomará mucho tiempo. Sin embargo, si no logra perdonar, el resentimiento cada día será mayor y la convivencia se hará complicada.

La situación es que además de resentimiento y mala actitud, la persona rencorosa mostrará los siguientes comportamientos:

Necesidad incesante de justicia

Este es un deseo que necesita satisfacerse. No importa cuántas veces la persona pida perdón y se reivindique. Para alguien herido es primordial sentir que algo debe suceder para que el daño causado «quede pago» y sienta que hubo justicia.

Por lo general, esa necesidad de justicia llevada al extremo. Lo peor es que puede llevar a un punto donde el compromiso empieza a perderse.

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La única manera de mermar esta necesidad de justicia es hablando de manera clara con la persona que nos hirió. Esto para que la otra persona se haga consiente de su actuar y pueda remediar el daño que te hizo. De lo contrario, la relación se vendrá a pique.

Se molesta por detalles insignificantes

Como hay tanto rencor acumulado, no se tolerará fácilmente una broma o un comentario sarcástico. Esto hará estallar en rabia de un modo tan exagerado que la persona misma se sorprenderá de su reacción.

Todo lo que se busca con esas explosiones es sacar poco a poco la rabia reprimida. Aun así, esto es una bomba de tiempo porque entre más se acumule malestar, más fuerte será el arranque agresivo.

Aislamiento

Va a suceder que al estar tan molesta con la persona que hizo daño, la persona herida no va a querer estar cerca de ella. Eso le llevará a buscar cada vez más momentos a solas.

A su vez, esos momentos de soledad  solo alimentarán los recuerdos dolorosos que causan rencor. Esto hace que quiera no solo causarle dolor, sino alejarse cada vez más como solución a su sufrimiento.

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Necesidad de tener la razón

Para las personas rencorosas es muy importante demostrar que, sin importar de qué se trate, siempre tiene la razón.

Ya se trate de eventos simples o complicados, la persona rencorosa necesita convencer a los demás de que tiene razón. De otra manera, si se le lleva la contraria, la molestia y la rabia se albergarán en su mente.

Amargura

Una persona cargada con rencor no va a tener una buena actitud ante la vida. Siempre tendrá algo de qué quejarse, criticar o un motivo para discutir. Vivir con esa persona es prácticamente una situación insostenible.

Emociones negativas constantes de quien le hizo daño

Ya sea que este sola o en compañía, la persona rencorosa siempre tendrá una excusa alimentar su molestia. No tendrá una buena actitud hacia quien la hirió. Incluso, llegará el momento en que se dé cuenta que ya no siente nada; ya no habrá dolor y tampoco rabia por quien la lastimó.

Sanando el rencor

Vivir de esa manera, cargando tanto veneno dentro que impide ser feliz, es insoportable.

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Hay que aprender a perdonar. Hacerlo permite seguir adelante, sin que los recuerdos dolorosos lleven a un comportamiento irracional.

Perdonar no es igual que olvidar; no somos maquinas y sentimos, eso es inevitable. Lo que si se puede hacer es aprender la lección y poner limites. Esto salva a las personas de que nuevamente los errores del pasado vuelvan a herirla.

También se puede optar por alejarse de quien causó el daño. Perdonar y alejarse, es una acción sabia cuando se sabe que podemos no sanar rápidamente.

Pero cuidado, perdonar no es olvidar, tampoco es otorgarle derechos una y otra vez a quien hizo daño. Perdonar es aprender a vivir con el dolor, haciéndose la promesa de no dañar ni, permitir ser dañado.

Cuando una persona aprende a perdonar, se libera de un peso gigantesco que le roba las ganas de vivir. Es reconciliarse con la vida y permitirse ser feliz.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.