Calma, por favor, tus hijos no son responsables de tus frustraciones

Las familias no son perfectas, pero siempre se debe procurar saber resolver los problemas sin dañar a ningún ser querido.

Erika Patricia Otero

Un día alguien nos preguntó que cómo hacíamos cuando teníamos peleas en casa. Desconcertadas, nos miramos como si alguien nos hubiera dicho que los extraterrestres llegaron a la tierra. La respuesta fue: «Nosotras no peleamos».

A ver, no somos una familia perfecta y lejos estamos de serlo, pero jamás peleamos y nos tiramos cosas. Sí, nos reprochamos cosas que se hacen mal. También encaro a mi hermana o mi mamá cuando me parece que algo no es justo.

Cuando me enojo o me ofenden, no les hablo en todo el día. Me encierro en mi habitación y rumio mi rabia maquinando cuántos días voy a pasar sin mirarlas; luego, se me olvida y se me pasa, por lo general el mismo día.

De vez en cuando nos recordamos las cosas que nos disgustan y nos enojamos. Pese a eso, en todo el tiempo que llevamos viviendo juntas, jamás hemos agarrado a alguna de chivo expiatorio.

La realidad es que si sabemos que ofendimos a la otra, pedimos perdón y tratamos de resarcir el daño. Nos amamos, y afortunadamente son más los buenos momentos que los malos.

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¿Qué es ser un «chivo expiatorio?

En la red social tik tok hay un trend que invita a las personas a presentarse con el concepto que tienen sus familiares de ellos. He llorado con muchos de los que encontré porque los adjetivos con los que se califican son devastadores.

Muchos jóvenes dicen que sus padres los consideran: «el fracasado», «la que no sirve para nada», «el peor error de mi vida». Con franqueza, es doloroso que un padre o madre piense y sienta así de sus hijos.

Ahora bien, tal vez te estés preguntando qué es ser un chivo expiatorio; te explicaré. Una persona se considera el chivo expiatorio cuando es la fuente de todo tipo de acusaciones por parte de los miembros de la familia.

Por lo general, le acusan de ser la desgracia familiar. Sus padres le dicen que es la causa de sus lágrimas y de las cosas más absurdas que puedas imaginar. Esto no surge de la noche a la mañana; es algo que va creciendo desde que el niño es pequeño, y estalla ya cuando es adolescente o adulto joven.

Lo que ocurre es que se vuelve el centro de diana de las frustraciones maternas o paternas. Por ejemplo, si la madre quedó embarazada cuando estaba en la universidad, lo puede acusar de su fracaso profesional. Digamos que al padre le obligaron a casarse porque embarazó a una chica, pues puede considerarlo su peor error.

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Las palabras degradantes pueden estar enfocadas en uno solo de los hijos o en todos. Además, van en aumento y cada vez pueden hacerse más ofensivas.

¿Qué tipo de persona trata así a un hijo?

Una persona narcisista es quien siempre actuará de esa manera. Alguien con personalidad narcisista maltratará a un familiar porque siente que sus intereses son dañados por esa persona en particular.

Ningún padre con una salud mental y afectiva sana degradará a un hijo de esa manera, pero un narcisista sí. Si piensas que siente arrepentimiento en algún momento, te equivocas. El narcisista solo busca satisfacer sus propios intereses. Solo les interesa que su fuente de desquite esté ahí para cubrir sus más enfermas necesidades.

¿Cuándo estalla el ataque al chivo expiatorio?

Esto ocurre cuando la familia pasa por una crisis de algún tipo. Supongamos que el padre pierde el empleo y como resultado del estrés de la situación se desquita con la madre. Esta a su vez acusa a su hijo universitario de todos los males de su vida.

El joven no está en casa porque trabaja y estudia a la vez. La madre a su vez le dice que es egoísta por no dejar de estudiar. Le echa en cara que ellos (padres) se sacrificaron por él y que ahora es su turno. Este tipo de acusaciones se vuelven el pan de cada día volviendo la convivencia un caos.

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Como señalé más arriba, las recriminaciones no estallan sino hasta que hay una crisis. Los padres narcisistas reprimen emociones negativas hacia ese hijo en particular, hasta ese momento en particular.

El daño es a largo plazo

Es muy difícil ser hijo de una madre o un padre narcisistas. No es fácil sanar las heridas ocasionadas por los insultos y degradaciones. Estos reproches son tan dolorosos que mellan la confianza y el amor propio.

No es que el hijo de alguien narcisista vaya a hacer con sus hijos lo mismo; puede que sí, o puede que no. La situación es que esos malos tratos van pasar factura en momentos en los que el joven tenga que poner a prueba su valor.

Otra cosa que también pasa es que el hijo maltratado va a alejarse del todo de sus padres. Cualquier persona lo haría y no por rencor, sino porque simplemente sabe que siempre pasará lo mismo. Al tener independencia económica sabe que no tendrá que soportar ni una más de sus vejaciones.

El daño causado a una persona que en su vida fue el chivo expiatorio puede ser sanado. Por supuesto, necesitará mucho trabajo personal. También tendrá que hacer un esfuerzo en perdonar a sus padres. Para lograrlo, lo mejor es que busque apoyo psicológico que le ayude a restaurar su autoestima.

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Por último, solo me queda decir que nadie tiene por qué juzgar a una persona que se aleja de sus padres maltratadores. Es lo mejor que se puede hacer para tener paz mental y evitar así que le sigan dañando. Primero está la integridad y la felicidad personal que cualquier otra cosa.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.