En mi comunidad religiosa, ¿debo decir que tengo un hijo con problemas de aprendizaje?

Emma E. Sánchez

Quienes practicamos alguna religión o creencia, gustamos mucho de ir a nuestros servicios religiosos y escuchar aquellas enseñanzas que confortan nuestro espíritu. Disfrutamos de esos momentos de paz, claridad y comunión que nos llevan a la reflexión e introspección junto con los otros miembros de nuestra congregación.

Cuando nos convertimos en padres, nos preocupamos en llevar a nuestros pequeños a estos servicios religiosos para que ellos también aprendan y disfruten lo mismo que nosotros. Sin embargo, a veces, las cosas no son “como  foto de revista” donde todo es perfecto y las familias unidas escuchan y participan atentos. Los niños normalmente son inquietos, se mueven, preguntan, se cansan y hasta gustan de hacer ruidos y, ¿sabes?, eso es normal.

No debes preocuparte, avergonzarte o dejar de ir a la iglesia porque tu hijo es un niño inquieto o con necesidades particulares

A veces las cosas nos parecen más delicadas cuando nuestro hijo pequeño tiene alguna dificultad de aprendizaje o de atención. Nos podemos llegar a sentir incómodos o avergonzados porque en los momentos que pensamos debería haber más silencio o en medio de la mejor parte del sermón ¡zaz!, nuestro hijo grita, hace ruido o tiene una crisis.

Primero: tranquila, que a todos nos ha pasado

Segundo: no hay nada de que avergonzarse o preocuparse

Los que hemos tenido hijos, sabemos que así son los niños y los que hoy son padres, entendemos que todos estamos aprendiendo juntos, inclusive ¡nuestra congregación!

Aprendemos a ser tolerantes, respetuosos y a tender una mano amiga para una madre tal vez agotada.

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Tercero: un niño con una dificultad no es una razón para dejar la iglesia ¡es una razón poderosa para seguir asistiendo!

Ahora, si te hace sentir mejor y más tranquila, siempre será muy bueno hablar con la persona adecuada sobre tu hijo y sus necesidades. Muy posiblemente tu comunidad ya tiene alguna experiencia ayudando a familias jóvenes con la crianza de los niños, maestros de la escuela dominical con algún entrenamiento o experiencia con niños que tengan dificultades de aprendizaje atención o discapacidades.

Te sorprenderá que inclusive muchas organizaciones religiosas inclusive tienen programas especiales para ayudar a los niños de la mejor manera posible.

Puedes preguntar si hay algún lugar donde se puedan llevar juguetes u otros materiales donde el niño pueda estar seguro y tranquilo para que tú y otros adultos puedan poner atención al sermón.

En mi congregación por ejemplo, las mamás se rotan cada domingo para cuidar de los niños y así, mientras una los atiende, las otras pueden disfrutar de la reunión. Todas se apoyan y se ayudan, y lo que más me gusta es que ha logrado desarrollar amistades y que su apoyo y ayuda mutua no se limita a los domingos sino a cualquier apuro que tengan en la semana.

También hablar con el maestro del niño puede ser de gran ayuda pues, en caso de que no sepa sobre las necesidades del niño, tus recomendaciones y apoyo le serán de gran ayuda.

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Y si no hay nada, será una razón y motivo para comenzar a hacer un mejor camino para los que vendrán.

Recuerda: Detrás de un reto siempre hay una bendición cuando lo asumimos

Hablar con tu pastor, ministro u obispo, también será de mucha ayuda para ti, pues verás que no estás sola, ni tú ni tu familia, sino que hay otras personas de tu fe que están dispuestas para ayudar, apoyarte y fortalecerte.

Y eso es de lo mejor cuando se está criando a una familia y no tienes familiares cercanos.

A veces, las familias que tiene uno o varios hijos inquietos o con necesidades particulares se aíslan porque no quieren dar problemas a otros; y con esto se privan de que tanto ellos como los niños disfruten de convivir con otros. Y sí, a veces hay que “batallar con dificultades”, pero esa es la manera en que todos los seres humanos aprendemos a convivir: batallando unos con otros. No te rindas.

Así que no te desanimes ni te pierdas de todas las bendiciones que la convivencia y el ejercicio de nuestra fe nos trae

Siempre he pensado en que nosotros podemos ayudar a otros cuando hacemos nuestro mejor esfuerzo. Tu ejemplo animará a otras familias con desafíos similares a seguir adelante en la fe y la esperanza, a no dejar de lado el asistir a la iglesia, frecuentar a otras familias, participar de las actividades o reuniones y salir fortalecidos.

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Serás inspiración y referente lo mismo que ejemplo y gran ayuda para otras madres jóvenes cuando les toque pasar por momentos difíciles.

Seguramente has escuchado esta frase: “Se requiere toda una tribu para educar a un niño” y es totalmente cierto. No te prives, ni a tu hijo, ni a tu congregación de crecer juntos.

Hoy, más que nunca, debemos permanecer unidos.

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Emma E. Sánchez

Escritora, esposa y madre de tres hijas. Pedagoga, Directora de un centro escolar de educación básica, y asesora de formación familiar. Interesada en el fortalecimiento y formación de la mujer, la familia y el hogar.