Es muy fácil ver las cosas que te hacen falta, el reto está en contar tus bendiciones

Cuando cuentas tus bendiciones, te das cuenta de lo afortunado que eres, y dejas de ver tus carencias.

Erika Patricia Otero

Hace un tiempo leí la historia de un hombre ciego de nacimiento. Este hombre fue a una terapeuta porque estaba pasando por una fuerte depresión. Durante la primera consulta, la terapeuta le pidió que para la próxima cita llevará una lista de todas las cosas buenas que le pasaban.

Fue así como llegada la fecha, el hombre le agradeció a ella por haberle dejado aquella labor. Curiosa, le pregunto por qué, él respondió que ya no se sentía infeliz. Él se había dado cuenta de todas las bendiciones que recibía cada día. Entonces, ella le pidió la lista y él le pasó un cuaderno. Este estaba lleno de principio a fin de cosas que él consideraba le hicieron feliz durante ese tiempo.

Sorprendida porque no esperaba tal hazaña, comenzó a leer lo que allí decía:

«Para empezar, me gusta la sensación de la lluvia que cae sobre mí cara.

El canto de las aves que entra a través de mi ventana al amanecer es algo que también puedo apreciar.

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El sabor de la comida. La temperatura del agua cuando me baño…».

Así continuaba hoja tras hoja del cuaderno de aquel hombre. Mientras más leía, más se daba cuenta que él, pese a su discapacidad, fue capaz de darse cuenta de todas las cosas con las que a diario era bendecido; ella en cambio, con todos sus sentidos completos, no había sido capaz de apreciar la mitad de lo que él nombraba en la primera hoja.

Eres dueño de cosas que ni imaginas

Si fuéramos conscientes de lo inmensamente bendecidos que somos todos los días, creo que ser felices sería mucho más fácil.

El problema es que darnos cuenta de cuán bendecidos somos, es realmente muy difícil. Es como cuando alguien nos pide que digamos 10 cualidades nuestras. Cuando pensamos en esos aspectos, lo primero que llega a la mente son nuestras dificultades y defectos. De estas pueden llegar a nuestra mente más de una decena, pero de cualidades muy pocas. Lo bueno, es que esto cambia cuando pones un poco de empeño en darte cuenta de la persona maravillosa que eres.

A todos nos pasa, esto no es mal de un solo ser humano. Quizás a esto se debe que en el mundo haya tanto egoísmo, pobreza espiritual, envidia y chisme.

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Agradecer te cambia  para bien y el de los demás

Por fortuna, todos podemos lograr un cambio que nos lleve a ser mejores personas. Esto requiere solo un poco de conciencia y capacidad de agradecimiento.

Lo que debes hacer al comenzar el día es agradecer despertar un nuevo día con vida. Esto te ayuda a darte cuenta de que gozas de salud y fuerzas para comenzar, ya con esto comienzas ganando.

Luego, agradece los servicios con los que cuenta tu hogar, las comodidades que tienes aunque sean pocas: Una cama, un techo; muchas personas ni eso tienen. Agradece también los alimentos aunque sean pocos y muy sencillos; hay cientos de personas que pasan días enteros sin probar bocado.

Puedes hacer esta tarea con cada cosa que tengas: tu empleo, tu pareja o familia y amigos, salud. Fijate que al agradecer cada cosa que tienes, te das cuenta que tienes más que muchas otras personas, y solo eso debería hacerte feliz.

Al final del día, cuando ya vayas a dormir, termina agradeciendo que todo te salió bien, que estás de nuevo al lado de tu familia; piensa que muchas personas que despertaron al igual que tú no llegaron a terminar su día de buena manera.

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Cuando oras en agradecimiento por toda esa larga lista de cosas por de las que puedes disfrutar, te haces consciente que eres una persona rica y afortunada. Pueda que no seas millonario, pero déjame decirte que en mundo está lleno de personas tan pobres que lo único que tienen es dinero.

El dinero no te da felicidad

Una familiar que murió en el año 2003 me dio ejemplo de esto.

Ella era una mujer muy rica, guapa y buena persona; sin embargo, la vida de ella en su juventud estuvo lejos de ser un dechado de felicidad. Casada con un hombre adinerado, tuvo una vida llena de lujos, pero colmada de infelicidad. Este hombre la trataba muy mal fruto de sus celos desmedidos; su matrimonio fue un infierno en una jaula de oro.

Escándalos delante de amigos, humillaciones públicas y más eran el pan de cada día; eso, hasta que no soportó más y junto a sus tres hijos lo abandonó. Palabras de ella, soportó más de lo que cualquier persona debería, no sabía si por miedo a las represalias o por la presión familiar. Lo cierto es que un día se llenó de coraje y eligió cambiar su vida. Separada y divorciada, años más tarde encontró el amor nuevamente y finalmente fue feliz.

Busca tu progreso tanto económico como espiritual

Cuento la anterior historia porque hay personas que depositan todas sus esperanzas de felicidad en conseguir dinero. Creen que solo así serán felices, pero no es así. El mundo está lleno de millonarios enfermos y solitarios que ni todo el dinero les da amigos leales y familiares desinteresados. Están tan mal de salud que no pueden darse el gusto de comer un trozo de pastel o una cucharada de sopa; cosas a las que muchos, sin tantos lujos, sí pueden acceder y disfrutar.

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Puede ser que digas que no te importaría tener un poco de dinero, y desear tenerlo no es malo, lo malo es cuando te pierdes de todo lo que tienes por enfocarte solo en llenar tus bolsillos de riqueza.

Esfuérzate en buscar un progreso personal y que este vaya de la mano con el progreso espiritual; ambos son necesarios para tu felicidad y la de tu familia.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.