Los amigos son esa familia que podemos elegir ¡Gracias por estar ahí!

A veces consideras más familia a aquellos que te apoyan aunque no compartas lazos de sangre.

Erika Patricia Otero

«Todas las familias felices se parecen unas a otras,

pero cada familia infeliz,

es infeliz a su manera» 

 Leon Toltstoi en Anna Karenina

Para mí, la vida es como una montaña rusa; cada tanto hay curvas, caídas vertiginosas, subidas empinadas que te hacen sentir viva, y también hay momentos de calma. Así es la existencia de una persona colmada de momentos de mucha paz, alegría, miedos, ansiedades. Unas veces estás rodeada de muchas personas, y otras veces estas sola, pero siempre aprendes algo, y mientras lo hagas, vas a estar ganando.

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El asunto es que sabes que vas a pasar por situaciones complicadas; de lo que no tienes certeza es de si vas a poder contar con el apoyo de tu familia. Puede ocurrir que sí; sin embargo, para muchas personas es todo lo contrario, y cuando buscan el consuelo de sus seres amados solo encuentran crítica, frialdad y dureza.

¿Qué hacer cuando estás en problemas y no tienes apoyo de tu familia?

Primero hay que aclarar que hay familias felices e infelices. Las familias felices tratan de ayudar, apoyar, dar afecto, orientación a los miembros de esta. Las familias infelices actúan de forma contraria, juzgan, critican, recalcan una y otra vez las fallas de sus miembros y abandonan en los momentos de más necesidad.

Supongamos que formas parte de una familia infeliz; acudes por ayuda a ellos y a cambio recibes rechazo y crítica.

¿Qué puedes hacer?

No puedes hacer nada más que aceptar lo que piensan de tu situación. Sin embargo, no es lo mismo aceptar que tolerar el sufrimiento al que puedan llegar a someterte sus duras críticas. Sí, porque a veces pasa que los problemas que tienes fueron advertidos, y su dureza se debe a que se cansaron de prevenirte de lo que podía pasarte. Pero también puede pasar que juzgan y critican porque no conocen otra manera de actuar, pues con más razón tampoco debes soportarlo.

Recibir esas duras críticas y señalamientos solo hará que tu dolor aumente, mermando así tu fuerzas y haciendo que te centres únicamente en el problema; y eso no ayuda a nadie.

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El problema es que esa situación puedes arrastrarla contigo, y llegar a implementarla en tu propia familia cuando la conformes. Por eso es importante que si no recibes ayuda, tampoco toleres dolores. Busca apoyo en otros y esfuérzate por aprender la lección, aunque te toque sola.

A lo que si te invito es a «no pagar con la misma moneda». Si uno de tus hermanos o padres van en busca de consuelo, apóyalos y que vean que eres capaz de dar lo que tu buscaste en ellos y no recibiste; quizás de tu ejemplo aprendan algo.

No buscas ayuda, solo no quieres no sentirte sola

Y esto es algo que muchos padres no comprenden. Tú no vas por dinero, no vas por un lugar para vivir, ni para que te solucionen los problemas mágicamente; recurres a ellos porque necesitas un abrazo, una palabra amable, consuelo, eso es algo que debes dejar claro.

La ayuda que más valoras en momentos de dificultad es esa que no se ve; pero en ocasiones es la que menos estamos dispuestos a dar. Ante esto, lo mejor es aceptar y buscar apoyo en alguien más.

Aceptar es madurar

Parte del paquete de hacerte adulta es cortar ese cordón que te une a tu familia. Los amas, aunque te amen «mal», pero no estás obligada ni a tolerar daños y heridas, ni a tratar a tu progenie de la misma manera que te trataron a ti. Acepta y madura.

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Madurar te hace fuerte y te lleva como adulta a responsabilizarte de tus decisiones y actos. Cuando lo haces, cortas el lazo que te hacía dependiente de tus familiares. Aceptar que lo que sea que hagas trae consecuencias y saber asumirlas, es parte de madurar.

Cuando tu familia son tus amigos

Por sucesos como los antes descritos es que hay muchas personas que se alejan de sus familiares. No se sienten amados, ni apreciados ni encuentran soporte cuando acuden a ellos en busca de consuelo; el resultado es que se alejan, y su grupo de amigos más cercanos se convierten en su familia.

Así es cómo sucede que a veces, tienes un problema y sabes qué te espera si vas a casa de tus padres o hermanos; entonces prefieres evitarte el mal trago y vas a donde tus amigos, pues allí recibes lo que necesitas: consejos, apoyo, un abrazo e incluso solución a tus dificultades.

Muchas personas tienen a sus amigos como su familia porque en ellos encuentran no solo cariño sino apoyo. De todas maneras, no olvides dar lo mejor de ti siempre, y procurar reconciliarte con quienes son tu misma sangre. A veces el tiempo cura las heridas. 

Un detalle importante

Ten presente lo siguiente, si tienes un grupo de amigos leal y en quien puedes confiar es genial; pero si no es así, a veces es mejor que aprendas a vértelas por ti misma. 

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No olvides a tu familia, puede ser que no se lleven bien, que no te apoyen cuando los necesites, pero no dejan de ser parte de ti. A veces con el tiempo, la soledad, la distancia y los mismos dolores de la vida las personas cambian para bien. No les des la espalda y disponte a ser feliz. Mientras tanto, disfruta del amor de tus amigos, que son esa familia que tú has elegido.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.