Mi hijo tiene problemas de conducta, ¿debo dejar de ir a la iglesia?

Si crees que dejar de ir a la iglesia es la mejor idea porque tu hijo tiene problemas de conducta, te invito a leer este artículo antes de tomar cualquier decisión.

Emma E. Sánchez

Todos sabemos que el trabajo de un niño sano es moverse, jugar, hablar y buscar platicar con sus iguales.

Asistir a la Iglesia o a cualquier servicio religioso puede ser todo un reto para un pequeño cuando no se le muestra y explica el tipo de conducta que se espera muestre mientras la duración del servicio.

Recuerda que es un error que el niño obedezca algo que para él carece de sentido.

La gran mayoría poco a poco entenderá que en este tipo de lugares, todos buscamos algo de paz, tranquilidad y que nuestra reverencia se fortalece al guardar silencio, hablar en voz baja o evitar movernos haciendo mucho ruido.

Sin embargo, hay otros pequeños a los que  les resuelta mucho más complejo guardar estas recomendaciones y normas

Los niños con hiperactividad, problemas de conducta, de socialización y hasta de aprendizaje, pueden sentirse incómodos y hasta demasiado reprimidos por sus padres u otros adultos durante el tiempo en la iglesia, haciendo que se inquieten todavía más.

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Entonces comienza una cadena de conflictos:

Al niño se le dificulta controlar su cuerpo, guardar silencio u otra complicación, luego, los padres lo fuerzan, amenazan, regañan y reprenden, el niño más inquieto se pone y los ruidos o conductas no apropiadas se intensifican, los padres se ponen nerviosos, se enojan y todo sube de tono, entonces deciden simplemente ya no ir a la iglesia o peor, no llevar al niño con ellos para evitarse problemas.

¿Te suena conocido?

¿Has visto o vivido algún caso así? Son miles las familias que han preferido cambiar de iglesia, congregación o simplemente abandonar su religión por sentir que su hijo es excluido o rechazado y por lo tanto ellos también.

Los problemas de conducta y de socialización pueden en verdad, llegar a ser un gran obstáculo para que los niños se mantengan en su lugar, sentaditos y quietos mientras el servicio religioso.

Luego, esto también provoca que las familias  participen con tranquilidad en todas las actividades que sus comunidades religiosas tienen para sus miembros.

Si es tu caso, el de algún conocido tuyo o eres un líder preocupado por los feligreses, con este tip de desafíos, te invito a considerar estas acciones:

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Debemos ser considerados unos con otros

Primero, los que rodeamos a la familia, debemos de abstenernos de emitir juicios y ofrecer ayuda de vez en cuando con los menores; podemos acercarnos a la familia en su hogar para buscar conocerlos mejor y entender las necesidades particulares de los niños.

Esto ayudará a planear mejores lecciones, clases especiales, adecuaciones físicas o de cualquier otra índole para que los niños y sus familias siempre se sientan bienvenidos y valorados dentro de nuestra comunidad y jamás permitir que se alejen por sentir que son una molestia para otros.

Las familias que tenemos hijos inquietos por naturaleza o con alguna situación particular debemos  relajarnos un poco en el sentido de que nadie quiere desaparecernos y que podemos pedir ayuda y alguien siempre estará dispuesto a escucharnos y ayudarnos.

La comunicación

Hablar la situación de nuestro pequeño con quien corresponde nos ayuda como padres y ayuda a la congregación.

Compartir ideas, miedos o inquietudes, nos ayudará a generar propuestas de acción y generará lazos más solidarios entre todos.

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Los padres pueden comunicar a los maestros de la escuela dominical, por ejemplo,  que al niño le ayuda mucho moverse de vez en vez, repetir movimientos, cantar, hablar o hasta tomar un bocadillo en determinado momento.

Hay también niños que requieren estimulación sensorial par mantenerse enfocados, mientras que otros requieren alejarse estímulos fuertes por tratarse de hipersensibilidad. Lo que debemos entender todos, es que nadie es adivino y necesitamos comunicarnos.

El diálogo sincero y a comunicación oportuna en verdad, puede hacer milagros.

Con amor y paciencia

En diversos cultos religiosos, los niños pueden necesitar pararse, arrodillarse, leer un texto bíblico u orar en voz alta, estas acciones pueden ser no muy sencillas para algunos y ser motivo de preocupación y ansiedad que se traduzcan en movimientos bruscos, negatividad, rechazo o vergüenza y estamos de acuerdo en que nadie quiere que un niño se sienta así al acercarse a Dios, ¿cierto?

Entonces podemos volvernos un poco más empáticas y practicar con ellos antes en casa, en otro salón solos y con mucha paciencia y toneladas de amor podemos ayudar poco a poco y sin presionar o exigir lo que no puede dar todavía.

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Dar el primer paso, en todo

Tal vez en tu congregación sientas que no hay mucha ayuda o comprensión o facilidades para hacer adaptaciones para los niños con necesidades especiales pues son muy rígidas las estructuras y te creo, y solo te pido que consideres ser la que dé el primer paso en un cambio que en el futuro favorecerá a todos. Si eres madre, padre o un líder interesado en el tema ¡eres la persona perfecta para la labor!

¿Estás dispuesta?

Uno: Sugiere tener un a charla con la persona a cargo donde le hagas saber la necesidad no solo de tu hijo, sino de las familias que hay o que llegarán a su congregación y el bien que pequeños cambios o mejoras pueden hacer por los pequeños y sus padres.

Dos: los cambios y mejoras pueden ser desde carteles o charlas para sensibilizar al resto de las personas sobre los temas de trastornos, dificultades, enfermedades o cualquier tema sensible en su comunidad.

Muchas familias se sienten muy aliviadas y reconfortadas al poder contar con un salón silencioso para que los niños puedan sentarse en el piso y trabajar,  un sistema de audio y video para escuchar desde un salón aparte donde sus hijos no molesten a otros, algunos momentos de descanso entre clases,  facilidad de salir con el niño si pierde el control (el niño o el papá ) o simplemente permitir que los niños asistan solamente a alguna parte de lo servicios y no se exija o imponga sobre ellos o sus familias algo que les rebase.

Hay muchas personas que seguramente estarán más que dispuestas en recibir capacitación o entrenamiento sobre cómo atender mejor a los niños, por eso digo que a veces solo se trata de dar el primer paso y luego pronto verás que todo lleva una marcha con muy buen ritmo.

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La comprensión y la aceptación que todos necesitamos vendrá, la ayuda llegará, no pierdas la fe y da el primer paso, luego, solo prepárate ver los milagros que vendrán.

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Emma E. Sánchez

Escritora, esposa y madre de tres hijas. Pedagoga, Directora de un centro escolar de educación básica, y asesora de formación familiar. Interesada en el fortalecimiento y formación de la mujer, la familia y el hogar.