No te engañes, siempre sabes cuando una relación llega a su fin

Cuando una relación llega a su fin, no es a la persona a la que extrañas, lo que te duele es la expectativa de lo que pudo ser y no fue.

Erika Patricia Otero

La finalización de una relación de pareja no nos toma por sorpresa aunque parezca que sí. Siempre hay indicios de que las cosas van cuesta abajo; el problema es que al no querer darnos al dolor, negamos lo evidente.

Negarnos a darle fin a un amor que ya murió es un gran error. La razón es que aunque tú quieras darle largas «para ver si las cosas mejoran», en el trayecto ambos están siendo infelices.

Aparte de eso, es un acto de egoísmo. Nada ganamos estirando un momento, aferrados a los buenos tiempos, esos donde hubo amor.

¿Por qué ese afán de prolongar una relación que ya está muerta?

Hay varias razones.

La primera es el miedo a la soledad

Tras años de convivir juntos, es natural que te acostumbres a la presencia de tu amor. El solo hecho de pensar en todos los momentos vividos y todo lo que vas a extrañarle, te hace estremecer. Te niegas a enfrentar esa incertidumbre y por eso te aferras con todas tus fuerzas a esa persona que lastimosamente ya no te ama.

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La segunda es la incertidumbre

El miedo radica en no saber si volverás a encontrar a alguien a quien amar. Puede parecer absurdo, pero muchas personas se niegan a dar una relación por terminada debido a eso. La situación es que si no das por terminada una relación, no podrás darte una nueva oportunidad en el amor.

La tercera es el temor a sufrir

Estoy segura que sabes de qué hablo. Nada duele más que el hecho de que te terminen o dar por terminada una relación. No importa que el rompimiento haya sido de mutuo acuerdo, duele y es inevitable.

Enfrentar ese dolor y superarlo suele hacerse pesado y lento. Es un proceso largo y lleno de soledad, porque no importa cuantos amigos te acompañen o aconsejen, solo tu sabes lo que estás sintiendo.

El cuarto es la expectativa de lo que no fue

Durante la relación es natural que la pareja haga planes a futuro; tal vez ronde la idea hasta de matrimonio, familia y e hijos. Al acabarse la relación, se pierden todos esos planes. Incluso, también puede haber cierto sentimiento de egoísmo; el saber que esa persona va a llevar acabo esos planes, pero con alguien que no eres tú, te hace infeliz.

Lo perjudicial de darle largas al fin

Aclaremos algo, para que una relación amorosa sea tal, debe haber afecto, complicidad, deseo, deseos de cuidar. También hay respeto, lealtad y calidad de vida. Debido a todas estas características es que notamos cuando ese amor llegó a su fin.

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Alargar una relación que ya no lo es es dañino porque pierdes tiempo y amor propio. Además de eso te pierdes el respeto y te expones a los malos tratos mutuos en el afán de lograr recuperar lo que ya no puedes rescatar.

No hay peor soledad que estar al lado de alguien a quien ya no le importas. Es ser ignorado y luchar por atención; es como gritar en un lugar vacío y oscuro del que nadie te va a sacar, solamente tú.

Lo más triste es que entre más alargas el momento del fin, más oportunidades pierdes de ser feliz, ya sea sola o acompañada.

Cuando al fin te decides y das el paso

Créeme, decidir dar ese paso final y definitivo da miedo. Es que ante ti se abre un amplio camino; sin embargo, ese adiós es el cierre que necesitabas para poder seguir adelante.

No te digo que va a ser así de simple. Al principio sentirás miedo, pero que eso no te engañe. Con los días llegará esa sensación de paz que más que ayudarte a caminar rápido, casi que te lleva flotando. La razón es que te quitaste un amargo peso de encima.

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Al paso del tiempo irás recuperando tu verdadero ser. Sientes de nuevo fuerzas para volver a arreglarte. Nuevos planes surgen para cumplir tus metas estancadas; y lo mejor, al mirarte al espejo comienzas a reconocer de nuevo a esa mujer/hombre que hace tiempo dejaste atrás.

Entonces empezarás a reconsiderar volver a darle una nueva oportunidad al amor. Tu ex pareja se vuelve un recuerdo, una relación de la que aprendiste millones de cosas. Sabes que aprendiste cosas que te ayudaron a ser mejor persona y otras que no volverás a repetir. También aprendiste el tipo de amor al que aspiras, el tipo de hombre o mujer que deseas tener en tu vida. Como quien dice: «Con cada fracaso llega un aprendizaje y la ganancia».

El amor siempre llega de nuevo

Siempre que estés abierta a darte una nueva oportunidad al amor, este llegará de nuevo a tu vida. Te ofrecerá nuevas cosas, te retará y abrirá a conocerte mejor. Aprenderás a amar y enseñarás la forma en la que quieres que te amen; y si él o ella es el definitivo, entonces no volverás a sentirte tentado a prolongar el fin por tus antiguos temores, el amor definitivo llegó.

Puedo decirte por fin, que si tuviste que pasar por esa situación, eres alguien muy valiente. Pocos tienen la entereza de perseverar tanto por alguien que quieren; sin embargo, recuerda que antes del amor a otro, lo que prima es el amor que te tienes a ti misma; este definirá cuanto harás que te amen y respeten.

Recuerda: no puedes amar a alguien, exigir que te amen si primero no te amas a ti misma.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.