No te escondas de la tormenta, mejor baila bajo la lluvia

"El que vence a los demás es fuerte; el que se vence a sí mismo es poderoso". Lao Tse

dancing in the rain

Erika Patricia Otero

La vida de una persona es como un largo recorrido en una montaña rusa; a veces se sube lentamente, y otras se baja de forma estrepitosa. Hay también largos momentos de un transitar sin muchos altibajos, y luego vuelven a iniciar las subidas y bajadas. Eso ocurre hasta que un día el camino se acaba, y lo que cuenta es lo que aprendiste y la manera en la que enfrentaste cada parte del tramo.

Lo interesante de todo, es que para valorar las alegrías, hay que haber pasado por las tragedias. Como quien dice: «No hay día, sin su noche o no hay bien sin mal». Esa es la vida, un largo suceso de buenos y malos momentos. Los primeros los disfrutas y los segundos te hacen fuerte y valiente; te pulen y te hacen ver el material del que estás hecho.

Después de la adversidad debe venir la felicidad

Hay que ser cuidadoso en saber darle la cara a la vida después de los momentos difíciles. Muchas personas quedan devastadas después de una temporada en las sombras. Sí, se hacen fuertes, pero con un alto costo: su felicidad.

Los desafíos que deben enfrentar a veces son tan duros que salen de ellos con un gran aprendizaje, pero a la vez con amargura en sus vidas. Esto no debe ser así de ninguna manera. Descubrir que no eras la persona que creías, sino que eres un ser humano capaz de enfrentarse a la muerte, al fracaso, la enfermedad o a la pobreza, y salir de ellos victorioso, debería ser suficiente aliciente para sentirte feliz de ser quien eres.

Después de la desgracia se debe aprender a abrazar los momentos felices con las personas que no te dieron la espalda. Pero además se debe aprender a perdonar. Es deber ser agradecido, esa es una de las tantas lecciones que vendrán de la mano de la adversidad: aprender a ser resiliente.

Advertisement

¿Qué es la resiliencia?

La resiliencia es la capacidad de superar las adversidades, así sin más adornos. Todos en lo absoluto tenemos esa capacidad; sin embargo, a veces nos empeñamos en ahogarnos en situaciones que de verdad, con un poco de esfuerzo pueden ser superadas.

Voy a poner un ejemplo sencillo, pero a la vez maravilloso para mí porque aprendí mucho en el proceso.

Tengo 6 perros, una de ellos es mi perra Luna. Ella es una perra de 14 años que tiene mil quejumbres; hace un año y medio quedó ciega. Pese a todas sus dolencias y malestares, ella ladra y camina tambaleante hasta la puerta y mueve su cola cuando escucha que golpean. Come con agrado su concentrado y los «manjares» que muchas veces percibe que estamos comiendo y le ofrecemos. Cuando uno de sus 4 hijos o su «marido» -como le digo a mi otro perro-, la molestan, ella les gruñe y los aleja. Busca nuestras caricias, disfruta de los pocos paseos que puede dar, y a pesar de sus dolores y ceguera va hasta el patio a hacer sus necesidades. Es decir, tiene una vida medianamente feliz de un perro anciano.

Ahora bien, me dirás que cómo me atrevo a comparar a un ser humano con un perro y puede que tengas razón. Sin embargo, la gran diferencia entre un animal y una persona, es que nosotros racionalizamos mucho las pruebas de la vida, mismas que son enseñanzas que siempre son beneficiosas. Aun así, es tal la prepotencia y esas ganas de sentirnos superiores, que ante una calamidad muchos prefieren hundirse en su miseria en lugar de sacar provecho de ella.  Los animales son un gran ejemplo de resiliencia porque aceptan su situación y hacen lo mejor que pueden con lo que tienen.

¿Cómo no sufrir con las dificultades de la vida?

El sufrimiento es el resultado de no saber nadar con la corriente, sino de ir en contra de ella. Se sufre porque la persona se empecina en ir a la contraria de las cosas que la vida le pone. Cuando alguien se resiste al cambio, a un obstáculo o a un problema, sufrirá.

Advertisement

Justo ayer ví un programa sobre milagros que me dejó ver la incapacidad de las personas para superar dificultades. Uno de los casos que mostraron fue el de un hombre diabético que paulatinamente estaba perdiendo la vista. El hombre fue al médico y este le dijo que tras una operación que le debían realizar, quedaría ciego por completo.

La respuesta del hombre al médico fue: «Doctor, si quedo ciego me mato». Con honestidad, yo me quedé de piedra. Para este hombre quedar ciego era una sentencia de muerte; ¡tenía vida, podría seguir adelante! Pero para él era la ruina, así que se aferró a un milagro. Bueno, después de muchas idas y vueltas lo cierto es que tras la cirugía no quedó ciego y pudo seguir con su vida, venerando al ser que él creía hizo un milagro.

El vaso puede estar medio lleno o medio vacío, tú eliges

Yo no estoy cuestionando la existencia o no de los milagros, es cuestión de fe. Lo que trato de resaltar es la capacidad de una persona para ver el vaso medio vacío en lugar de medio lleno, siendo que el recipiente está a partes iguales.

El punto es, que si ante un problema debemos hacer todo lo posible para salir de este, aun así, debemos estar preparados para el peor de los panoramas y lo que se hará a continuación.

Piensa en la historia del hombre. Y si la operación no hubiera sido exitosa ¿Entonces hubiera cometido suicidio porque quedó ciego? No se trata de darse por vencido al primer obstáculo; se trata de hacer lo mejor posible para ser feliz pese a la adversidad.

Advertisement

Cuando alguien acepta la situación difícil y la deja fluir, pronto va a encontrar de manera simple la solución. Descubrirá que no se amargó y está listo para enfrentar lo que sea que venga después de eso. El secreto radica en no darse por vencido, en descubrir las fortalezas y disfrutar la vida con las cosas que se tengan a mano.

Pero para lograr lo anterior hay que aprender a agradecer el aprendizaje que se obtuvo. Parte del secreto para ser feliz después de la adversidad es ser agradecido por haber salido más fuerte y victorioso.

Tu eliges cómo haces frente a los problemas. Eres tú quien decide si se deja hundir o aprende a nadar con la corriente.

Toma un momento para compartir ...

Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.