Por difícil que sea un niño, nunca dejes de hablarle con amor

Ellos no dejarán de amarte jamás. Pero si les hablas sin amor, dejarán de amarse a sí mismos.

Emma E. Sánchez

Imagina esta que estás teniendo dificultades en tu trabajo, el ambiente laboral no es el mejor, hay choques entre tus compañeros, y en medio de todo esto se te presenta un reto laboral muy importante, desafiante, pero que de hacerlo muy bien puede significar un cambio en tu vida laboral ¿cómo te sentirías?

En tu mente ¿qué palabras aparecen? ¿qué frases escuchas?  ¿de ánimo o de fracaso?

¿Aparece un plan de acción que se sobrepone al momento difícil, o te invade el miedo?

Algunas persona se preocupan, sudan, no pueden dormir, el estómago comienza a molestarles y saben que deben enfrentar este desafío deseando que algo suceda y evite el proyecto; y luego van haciendo poco a poco el trabajo, pero temen cometer errores, se sienten incapaces, y una serie de pensamientos negativos aparecen una y otra vez.

Te sobrepones y con mucho esfuerzo logras el trabajo, lo haces bien, pero lo sufriste mucho

Esas voces que surgen en tu mente cuando algún desafío se presenta son el resultado de todos los mensajes positivos o negativos que tus padres te repitieron una y otra vez durante tu infancia y que quedaron registrados ahí para activarse cuando más las necesitas, aunque no te sean de utilidad muchas veces.

Investigadores del Brookhaven National Laboratory realizaron varias investigaciones donde analizaron el impacto del uso de palabras negativas constantemente. La primara investigación reveló  que cuando una persona escucha la palabra “no” inmediatamente  comienza la producción de cortisol, la hormona del estrés en niveles tan altos que en el caso de ser un niño podría afectar el funcionamiento cerebral

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¿Te imaginas lo que sucede entonces con tu hijo cuando constantemente le dices “no” a todo?

Escuchar palabras negativas constantemente también fue parte del estudio y los resultados fueron muy similares: las personas comenzaron a desarrollar de manera automática pensamientos negativos que en minutos les llevaron a estados de estrés; y lo mismo ocurre con nuestros hijos.

Si tú como adulto tiendes a generar este tipo de pensamientos debes estar muy consciente de las frases que usas tanto para llamar la atención de tus hijos, como para  felicitarlos y animarlos, pues las palabras que les digas serán las que se repitan a sí mismos cuando sean adultos y enfrenten dificultades.

Habla de las conductas, no de la persona

Cuando un niño comete una falta, enfoca la atención en las acciones o la conductas, y no en la persona. Por ejemplo, el niño no hizo la tarea y el padre dice “eres un flojo” calificando y etiquetando a la persona, cuando lo que hay que modificar es la conducta.

Es preferible  decir:  “a partir de hoy nos vamos a sentar a las 3 p.m. a hacer tarea antes de salir a jugar”. Así, hablamos de las conductas no de las personas.

El niño acepta y asume las etiquetas que sus padres le dan

Cuando a un niño constantemente se le dice “eres tonto”, “eres flojo” y cosas así, el niño lo escucha tanto que lo asume, lo cree, y entonces actúa conforme los demás piensan de él.

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Si vas a poner una “etiqueta” a un niño que sea positiva. Habla bien de tu hijo reconociendo sus capacidades y acciones positivas, díselo a él y recuerda que si vas a decir algo de él a alguien más deber ser positivo.

La comunicación desde un enfoque positivo

No es lo mismo decir “eres un tonto porque no entiendes esto tan sencillo” a “requieres poner más atención en este tema para que puedas entenderlo más fácilmente”

Ten presente que las palabras que le digas en su infancia, las escuchará toda su vida. ¿Qué mensaje tuyo te gustaría que tu hijo nunca olvidará?

Evita los castigos

Los golpes y los castigos físicos no funcionan, solo generan resentimientos, no corrigen conductas por convencimiento sino por medio y no creo que eso sea lo que quieras que tu hijo recuerde de ti ¿cierto?

Recuerda la historia de Pigmalión

Una historia mitológica muy famosa es la historia de Pigmalión.  Se trata de un escultor magnífico que soñaba con tener una esposa magnífica, y entonces decidió hacer una escultura de la mujer de sus sueños y le dedicó tanto tiempo y amor que los dioses se compadecieron de él y su amor, que le concedieron su sueño y la escultura cobró vida naciendo Galatea, la mujer perfecta para Pigmalión.

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Cuando nosotros  le explicamos a alguien lo que esperamos de él porque lo consideramos capaz y con todas las habilidades para lograrlo, la persona lo logra porque se considera importante, digno de confianza y busca cumplir las expectativas positivas que se han hecho de él.

Pigmalión creyó en Galatea y la escultura la hizo tal cual él deseaba que fuera y lo consiguió. Tú tienes ese poder con tus hijos y todos los que amas.

Recuerda esto:

Los niños no dejan de amar a sus padres aunque los maltrate o abusen de ellos, solo dejan de amarse a sí mismos y esa es la verdadera tragedia.

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Emma E. Sánchez

Escritora, esposa y madre de tres hijas. Pedagoga, Directora de un centro escolar de educación básica, y asesora de formación familiar. Interesada en el fortalecimiento y formación de la mujer, la familia y el hogar.