Saber escuchar al otro es muestra de amor, ¿sabes tú escuchar?

“Callando es como se aprende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando se aprende a callar”. Diógenes el Cínico

Erika Patricia Otero

Cuando somos pequeños, en la escuela nos enseñan sobre la comunicación. Yo recuerdo que la maestra nos enseñó que en una comunicación efectiva habían dos participantes: el emisor y el receptor. El emisor es la persona que expresa un mensaje, el otro es el receptor, quien lo recibe.

Desde luego, también hay otros factores importantes en el acto de comunicarse. Por ejemplo, el medio que se usa para transmitir el mensaje es importante; si usas una carta, un teléfono o de viva voz. También hay que tener presente el lenguaje que se usa y -por supuesto- el contexto de la situación. Con esto en mente, parece que todos somos hábiles comunicándonos, pero sinceramente, no sabemos hacerlo.

Basta con recordar un momento de nuestras vidas donde sentimos, al hablar con la pareja o un familiar, que estábamos hablando con una pared. Es terrible que esto suceda, pues lo que pasa es que al sentir que no nos atienden, nos distanciamos.

Lo cierto, es que saber escuchar al otro es tan importante como saber decir lo que sentimos o pensamos de algo. La situación es que en la mayoría de ocasiones no sabemos expresarnos y mucho menos escuchar. Básicamente, carecer de estas habilidades nos hace analfabetos emocionales.

¿Qué es ser un analfabeto emocional?

Básicamente un analfabeto emocional es quien que no sabe poner en palabras sus emociones. Sé que se lee horrible, pero está muy unida a la falta de inteligencia emocional. Por fortuna, es un aspecto que se puede cambiar para mejorar nuestra calidad de vida social.

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Todos necesitamos ser escuchados. A veces queremos quejarnos por algo que no salió bien; otras veces lo que buscamos es decir lo que sentimos. Se siente bien saber que alguien con un gesto o un abrazo respondió a lo que dijiste; sin embargo, es doloroso cuando hablas con alguien y notas que la otra persona está como en otro mundo.

En mi caso, me molesta mucho sentir que hablo con un muro. Mi actitud ante esa situación es distanciarme o enojarme. He notado que de inmediato quien -supuestamente me escuchaba- se da cuenta de mi actitud y trata de corregirse. Como es natural, porque sé que es horrible que a uno le pase eso, lo que yo trato de hacer siempre es escuchar lo que me dicen.

Por fortuna, saber escuchar a alguien, entender lo que dice y saber expresar lo que piensas es algo que puedes desarrollar.

¿Cómo dar a entender que eres un buen escucha?

Cuando hablamos con otras personas, lo que hacemos es reaccionar e intervenir según sea lo que nos digan. Podemos percibir sus gestos, cómo se mueven sus ojos, sus cejas, su boca, y según lo que sea que se diga, es indudable que nos escuchan. Pasa lo mismo a la inversa, y sabernos escuchados es una sensación de compenetración que no tiene precio.

Señales de que no sabemos escuchar

Hay varias, y es posible que hayas expresado alguna o te hayan enviado ese mensaje desesperado de atención.

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Gritar

Una persona que grita cuando está hablando contigo, lo hace porque siente que estás más atento a otras cosas y que no le escuchas. Gritar es un pedido de auxilio por atención.

Interrumpir al otro

¡Uff! pasa a diario. Tratas de contar una anécdota o algo curioso, y de repente te interrumpen para contar algo similar que le paso. Su voz es tan alta y su actitud tan imponente que te apagas y simplemente te desanimas. La verdad es que no dan ganas ni de poner cuidado a lo que cuenta.

Todo es acerca de ti (de él o ella)

De la mano con el punto anterior. Dices, por ejemplo, que tu jefe es una verdadera pesadilla y de una todo cambia. Te interrumpen y la situación de esa persona es peor que la tuya; él o ella sufren más o soportan más. Es decir, siempre es el centro de atención.

No hay intercambio de palabras

Si hay un verdadero sentimiento de impotencia, es el que surge cuando alguien habla, pero la persona con la que se supone habla no responde. Esta ahí de cuerpo presente, pero su atención está en otro mundo. Para confirmar tus sospechas, le preguntas algo que le hace «aterrizar», pero no tiene idea de lo que dijiste. De verdad que es terrible sentirse de esa manera.

Son rápidos en juzgar y suponer

Las personas que son malos oyentes son muy ligeros al dar sus opiniones respecto a algo; además, gustan de suponer. La realidad es que al no temen opinar libremente aunque solo tengan retazos de información.

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Seamos francos, lo último que alguien necesita al confiar algo es que le critiquen. Lo que se quiere es que escuchen no que critiquen y menos que supongan cosas que no son.

No saber escuchar es no tener interés por el otro

Cruel pero cierto, o por lo menos es lo que se siente.

Cualquier relación que implique afecto, se deteriora progresivamente si las partes no se interesan en el otro. Y ¿De qué otra manera se muestra interés en quien se ama? Pues sabiendo escuchar y expresar.

Tal vez algunas personas piensen que limito la importancia de otros aspectos como los detalles y las muestras de afecto; sin embargo, estoy segura que muchas mujeres y hombres cambiarían una buena cena o un anillo de diamantes por un momento de buena comunicación.

La realidad es que muchas amistades se deterioran porque los amigos jamás están cuando se necesita hablar con alguien. Muchos matrimonios se acaban porque no hay un buen entendimiento. Y ¿Cómo se llega a una buena comprensión en al pareja? Pues estando dispuestos a hablar y escuchar.

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Pasa también con las relaciones padres e hijos. Se habla de calidad de relación y no de tiempo, y es cierto. Lo que las personas quieren más que horas de tiempo juntos, es calidad en la relación; esto implica ser escuchados y comprendidos. Saber escuchar al otro es una muestra de afecto verdadero.

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Erika Patricia Otero

Psicóloga con experiencia en trabajo con comunidades, niños y adolescentes en riesgo.