Tu hijo no te escucha porque olvidas algo importantísimo

Los niños, con sus corazones grandes, están dispuestos a oír a aquellos padres que los escuchan y les hacen ver que buscan su bien.

Marilú Ochoa Méndez

Cuando era adolescente, me quedé muy impresionada por una frase escrita por el sacerdote francés Gastón Curtois.  En su libro «El arte de dirigir», se leía: «el que manda no debe concentrarse en dar órdenes, sino en hacerse obedecer«.

En mis casi 14 años de maternidad, con seis pequeños y uno en camino, he cometido muchos errores en la crianza, y en el manejo de la disciplina, pero he podido irme levantando poco a poco recordando constantemente esta frase básica.

Por eso he comenzado el artículo sugiriéndote que la explicación de la desatención o incumplimiento de tus indicaciones por parte de tus hijos tiene más que ver contigo, de lo que imaginas.

Pero no me malentiendas, no pretendo decir que es «tu culpa»; ese tipo de afirmaciones nos hacen más daño que bien; lo que quiero compartir contigo es que somos los adultos los que debemos buscar hacernos escuchar, hacernos obedecer, y mal nos vemos si en vez de eso nos quejamos colocando la responsabilidad de «actuar con madurez» en nuestros pequeños, que justo son eso: pequeños.

La responsabilidad es mía

Cuando asumimos que somos solamente los padres los responsables de generar esta escucha activa y cooperación en el hogar, resolvemos la mayoría de los problemas que nos aquejan en este sentido.

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Aclaro: ser los responsables de generar esta comunicación efectiva no exime a nuestros pequeños de su labor, que es atender, escuchar y cooperar, pero sí les permite ir aprendiendo sobre la marcha con guías claras, pedagógicas y humanas que les quitan etiquetas como «niños malcriados», «desobedientes», o que «nunca van a cambiar».

Todo empieza por considerar al pequeño una persona

Una guía maravillosa para intentar comprender por qué nuestros hijos no nos escuchan sería reflexionar por qué a veces tú y yo no los escuchamos, o no nos escuchamos incluso entre adultos.

Las razones que yo encontré para no atender la petición de alguien, adulto o niño, son varias, y estoy segura que las compartirás:

1 Porque no estoy al alcance de quien me está pidiendo algo

2 Porque no quiero atender

3 Porque me encuentro ocupada en otra labor y no me es posible atender

4 Porque lo que me solicitan me parece algo innecesario o inútil

Sinceramente, considero válida cada una de estas razones. Y  tras anotarlas, me preguntaba qué piensan mis hijos cuando me escuchan llamándolos para comer, o para recoger su cuarto.

Tristemente, muchos padres tenemos la idea de que los niños «deben obedecer siempre, solo con llamarlos», y que los padres tenemos que ser esos gendarmes que les indiquen en qué momento deben hacer qué cosas.

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Esto hace que muchos padres se frustren cuando los hijos «desobedecen» sin considerar que es bueno que ellos tengan prioridades, que ellos estén a veces ocupados, y que ellos elaboren juicios para decidir cuándo la llamada que reciben es «digna de atención» y cuándo no.

Ellos tienen esa opción, y tú puedes conectar para redirigirla

Al afirmar que nuestros niños tienen la opción de elegir a su criterio qué indicaciones atender y cuáles no, no pretendo validar la desobediencia ni el caos familiar. Lo que quiero es invitarte a considerar que esta voluntad y mundo interior con que cada uno de nuestros niños nace, es una joya, y más que aplastarla para imponer tus criterios, deberíamos esforzarnos por validarla y guiar sus inclinaciones, de manera que lográramos impulsar a nuestros niños a vivir una vida libre, dedicada a buscar lo verdadero y amar lo bueno.

Porque hay una diferencia radical en formar hijos obedientes: pequeños que se ajusten a lo que se les pide sin chistar, convirtiéndose en máquinas de acción dependiendo de las órdenes recibidas, a generar personas íntegras que respeten su visión del mundo y sean capaces de dominarse para conseguir un fin bueno, que los haga crecer y trascender.

La clave está entonces en conectar

Es importante hacerle saber a nuestros hijos que sus padres hemos sido colocados frente a ellos para guiarlos. Por nuestra edad y experiencias, miramos más allá de su pequeño mundo. Sabemos que aprender a guardar sus juguetes comportará grandes beneficios en su manejo del orden personal. Entendemos que asearse con frecuencia mejorará su salud y autocuidado.

Entonces, ¿qué aportará mas beneficios a nuestros niños, ¿una sanción y regaño porque en vez de bañarse se quedaron mirando su programa favorito fuera del tiempo designado, o una reflexión conjunta sobre la importancia de atenderse y respetar los acuerdos establecidos entre las dos partes?

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Avanzar paso a paso, con firmeza y amor

Nadie conoce a tus hijos como tú. Observándolos y amándolos, tú eres la persona indicada para buscar el espacio de conexión entre los dos. Puedes empezar por lo básico: preguntar por qué no te ha atendido, por qué no ha querido escuchar, o por qué no ha querido atender la indicación.

Posteriormente, debes ser una persona serena y capaz de escuchar incluso las respuestas que no te gusten, invitando al otro a expresarse siempre con respeto y asertividad.

Luego pueden reflexionar juntos, y esto puede llevarte a descubrir en las razones de lo que antes llamabas «desobediencia» un corazón preocupado, soledad, tristeza, amor exagerado o alguna afición que no habías notado y que desde ahora puedes desarrollar.

Así, la construcción de la familia descansará en todos sus miembros, sentando las bases para generar una comunidad de amor, escucha activa y cooperación mutua, no desde tu posición mesiánica o dictatorial, sino desde el amor y el servicio, desde la humildad, la claridad y el deseo profundo de hacer crecer el corazón y el alma de estos seres maravillosos que Dios depositó bajo tu cuidado.

Así que te invito, a que la siguiente vez que tus pequeños «no te escuchen», te pongas en cuclillas (a su nivel) y los mires directamente a los ojos. Entonces, invítate desde el corazón a amarlos mucho, y respira.  Cuestiona, invita a reflexionar y comunica tus necesidades y razones, y permite que los lazos familiares se estrechen en esta búsqueda hermosa de conexión.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de seis niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.