Un día entenderás que cenar con tu familia es tenerlo todo en la vida

Que no pase ni un solo día sin agradecer la oportunidad de un acto tan simple como sublime. El afecto y los buenos momentos son lo único que vamos a llevarnos.

Fernanda Gonzalez Casafús

Tenemos raíces latinas. La familia es lo primero siempre. A menos eso es lo que decimos. ¿Qué hacemos para honrar nuestras palabras? De repente, un día sentimos que la vida nos dice “¡ey!, ¡este es el momento, disfruta a tu familia!”

Entonces, apartas el móvil, apagas la televisión, y disfrutas de la calidez de las voces de tus hijos, del alboroto en la cocina, y de las miles de cosas que tienen para contarse.

Se hace cuesta arriba llegar a fin de mes, pagar las cuentas, o lidiar con el trabajo y las obligaciones. Pero no hay nada más lindo que sentirse abrigados por el calor de la familia. Con sus idas y venidas, con los desplantes de tus hijos, con la tozudez de tu pareja o con la desobediencia de tu perro. Es una bulliciosa pero linda pandilla que llena tus días.

Tu familia, tu refugio

No fue hasta hace poco quizá que me he dado cuenta de que venía siendo muy desagradecida con la vida. Comprendí -con los años, la madurez y las experiencias, quizá- que nos cuesta valorar esas cosas que hacen nuestro día maravilloso.

No, no se trata de ser conformistas. Tampoco quiero que suene a una utopía exaltadamente optimista. Se trata de saber ver el lado bueno de las cosas, agradecer cada detalle que nos ofrece la vida. Y en ello está nuestra familia y su incomparable apoyo y compañía.

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Tienes una gran riqueza si tienes a tu familia

Hace algunos años, en mi juventud, viví en el extranjero durante 3 años, pues había conseguido un empleo extraordinario. Moraba en hoteles 5 estrellas y viajaba cada dos meses de un país a otro. Pero me faltaba algo: mi familia.

Al llegar la noche, luego de tardes de sol, piscina y shopping, me sentía sola. Pasé Navidades y Vísperas de Año Nuevo con amistades recientes y gente muy cálida que me hacían sentir en casa, pero no era mi casa. Y no eran los míos.

Hoy no vivo con los lujos de ese entonces. No como cada día en los restaurantes de opulentos Hoteles, ni tampoco tengo a quien asee mi cuarto cada día. No vivo como una princesa, pero vivo en un palacio, porque el reinado es mi familia. Me siento afortunada.

Lo tengo todo

Cuando mi esposo se deleita con un simple plata de macarrones con queso, y mi hijo me dice que mi sopa es la mejor del mundo, mi corazón explota de alegría. 

Francisco Luis Bernárdez dice en su soneto “Porque después de todo he comprobado, que no se goza bien de lo gozado sino después de haberlo padecido”. Y ciertamente puedo decir que hoy cenar junto a mi familia es para mí tenerlo todo en la vida. 

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Por ello, apaga el televisor, aparta el móvil y disfruta del calor de tu hogar. Tienes un tesoro invaluable y tus hijos necesitan saber que tú aprecias el tiempo compartido; pues no te olvides que eres su ejemplo.

Está bien querer más, pero, ¿qué más quieres?

La sociedad nos inculca que debemos tenerlo todo. El mejor trabajo, el mejor coche, la mejor escuela para nuestros hijos. Y en el camino queda lo más importante: cultivar los vínculos dentro de nuestra familia.

En el afán de tener una vida perfecta nos olvidamos del aquí y el ahora. Columpia a tus hijos en la plaza, olvida el desastre de juguetes en el piso al menos por un momento y corre a ver el rompecabezas que tu hijo ha terminado. 

Algún día no habrá más juguetes en el piso, ni migas de pan en la alfombra, ni cuadernos del colegio en la sala. Algún día recordarás cuánto te quejabas de tu vida diaria sin valorar que ese caos era parte de tu felicidad. Porque, créeme, lo es.

Esmérate en tu trabajo, en tener limpia tu casa, en enseñar modales a tus hijos. Pero procura estar prestando atención a lo realmente importante; cultiva el amor en tu familia, y aprovecha cada instante vivido con ellos.

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Un día lo entenderás…

No dejes que ese día tarde en llegar. El amor de nuestra familia es nuestro soporte, nuestro bastión de paz en momentos de guerra, nuestras ganas de seguir y luchar cuando sentimos que todo decae. 

El afecto de nuestra familia, con sus particularidades y defectos, es lo que nos imprime nuestra identidad y es el baluarte en tiempos de tempestad. Que no pase un día sin decirle a tu familia cuánto los amas y qué tan importantes son para ti.

Algún día comprenderás que tener el afecto de tu familia, es tenerlo todo en la vida.

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Fernanda Gonzalez Casafús

Fernanda es Licenciada en Periodismo, especialista en Redacción Digital y Community Managment. Editora de contenidos y redactora en Familias.com. Nacida en Argentina y mamá de dos, ama los animales, la danza, la lectura y la vida en familia. Escribir sobre la familia y la maternidad se ha convertido en su pasión.