Una historia real de una madre como tú, con superpoderes

Esta madre logró con amor y oración que su hijo se levantara de la cama cuando lo habían desahuciado. ¡Tú también tienes superpoderes! Úsalos.

Marilú Ochoa Méndez

Un día tranquilo de agosto, Eliza Arcaya, venezolana residente en España, se encontraba en Jaimaica disfrutando las vacaciones con su familia.  De un momento a otro, su alegre y vivaz hijo Joaquín, de diecinueve años, tuvo un trágico accidente que cambió la vida a la familia.

Ella preparaba la cena mientras Joaco disfrutaba la piscina con un amigo. Decidieron subirse a un carrito de golf, pero como estaba anocheciendo, no vieron que se dirigían a una pendiente de cuatro metros, de la que cayó Joaquín afectando gravemente su salud.

Moviendo cielo, mar y tierra, Eliza logró que recibieran a su hijo en un hospital de Miami, donde el diagnóstico no fue nada alentador: «Es una lesión tan grave que no hay nada que hacer. Desenchúfelo«, dijeron.

Mi amor y mi fe pueden mas que la ciencia

Eliza sintió que se removía su mundo, pero no quiso darse por vencida. Sí, estaba rota la conexión entre el cerebro y el cerebelo, ¡pero ella contaba con su amor y con su fe!, así que decidió que lucharía hasta el final: «Pasé seis horas en shock.Luego pensé: lo peor ya pasó. De ahora en adelante todo va a ser bueno”, cuenta.

Posteriormente, trasladaron a su hijo a un hospital de Madrid, donde recibió tratamientos y las oraciones de su madre y seres queridos. A pesar de haber sido desahuciado el joven en Miami, Eliza continuó orando y hablando con su hijo.

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Joaco había estudiado ciencias computacionales, así que ella lo animaba diciéndole: «Papá Dios te manda tu primer trabajo«, que sería reconectar su cerebro con su cabeza de nuevo.

Dos meses después del accidente, Eliza comprobaría el poder de la oración: Joaco abrió los dos ojos y comenzó a llorar.  ¡Increíble!

«Está perfecto de la cabeza»

En mayo del año siguiente, Joaco logró levantarse de la silla de ruedas. Entonces, sus problemas se limitaron al desarrollo del habla y del sistema motriz, comprobándose que las conexiones en su cabeza iban lográndose.

Hoy, esta madre prepara un documental para mostrar al mundo que su hijo, al que daban 1% de posibilidades de recuperación ha avanzado gracias al amor, a la fe y al empeño de una madre con un gran corazón y mucha garra.

En su cuenta de Instagram,esta madre comparte una foto mostrando a su hijo de pie otra vez, después de graduarse de la Universidad de St Andrews en Inglaterra.

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Ser madres nos da un poder especial

Testimonios como este son oro molido para las familias en el mundo de hoy, que parece gritarnos que no se puede vivir en armonía, y que los milagros están solamente entre las páginas de la Biblia.

Y es que el amor incondicional de las madres es definitivamente un superpoder.

Las madres creemos incansablemente en nuestros hijos a pesar de todo, y ahí radica nuestra fuerza.

Tenemos un amor a prueba de todo

Aún recuerdo una poesía que me impactó a los 14 años, titulada «Amor de madre» que contaba la historia de un hombre despreciado por la sociedad, un asesino camino del patíbulo. La gente le gritaba camino al fin de sus días, y su madre, no pudo contener sus lágrimas, y  gritó temblando: «¡es mi hijo, es el fruto del amor de mis entrañas!».

No importa si la sociedad valora o no a nuestros hijos, para nosotras ellos lo son todo.

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Sabemos dar prioridad a lo que realmente importa

Gracias a las enseñanzas que nos dan nuestros hijos, nosotras vamos aprendiendo el valor de la vida, de los pequeños actos de amor.  Con los días, las desveladas, aprender a leer los gestos, analizar los pañales de nuestros hijos, pasar horas en vela junto a su cama, tenemos ya la visión de rayos equis sumamente desarrollada.

No nos creemos cuentos de que la moda para las madres es usar tacones, utilizar la crema de moda con ácido hialurónico, vitamina e y magia. Sabemos mirar con el corazón y dar prioridad a la vida, a las sonrisas en los momentos incómodos, a dar abrazos y cariño en todo momento, y si nuestros hijos están insolentes o agresivos, aumentamos la dosis: sabemos bien que el amor lo puede todo.

La fe nos da alas

Las madres sabemos también volar. Y aunque nos jalen al piso las problemáticas constantes, las dificultades para conciliar la vida familiar con la laboral, entre otros problemas, sabemos que la oración es el arma para que el mundo no se desmorone.

Contar con un Dios providente y todopoderoso que nos sostiene con Su mano, nos permite volar por encima de los problemas, y cruzar por los mas negros abismos, sobreponiéndonos y logrando milagros tan grandes e impactantes como el que sigue viviendo Joaco Chumaceiro, el hijo de Eliza.

A veces somos invisibles y está bien

Si los nuestros están bien, somos felices. No necesitamos un reconocimiento especial, y -hay que decirlo- nuestro trabajo no siempre es apreciado en nuestro mundo. Sin embargo, «nuestros cabellos están contados» (Mt, 10:30).

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Además de nuestros hijos, Dios mira nuestro trabajo incansable y constante, premiando las oraciones, paciencia y desgaste con logros y milagros.

Si los milagros aún no ocurren, sabemos mantenernos en la oración, como reza aquella plegaria; «Aunque no quiera, aunque no pueda, aunque me duela, ¡va por ti Señor!«. Y lo mejor, sabemos que Dios nunca defrauda.

Podemos dar siempre

Somos como el cuento del Príncipe Feliz, de Oscar Wilde, ¿Lo conoces?.

Un príncipe que en vida había sido muy feliz, tenía una estatua finísima en una plaza.  En su espada tenía una gran piedra preciosa, sus ojos eran dos raros zafiros, y estaba cubierto por láminas del oro mas puro.  En la ciudad, todos lo admiraban por su belleza, y los niños lo creían un ángel.

Sin embargo, no era feliz. En vida había estado lejos de las personas, y solo conocía la felicidad que dan las necesidades básicas satisfechas, y su alma tenía sed de amor del bueno.

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Conoció una golondrina que se convirtió en su ayudante, para consolar a tantas personas sufrientes que él podía mirar desde su pedestal.

Poco a poco, conforme veía personas necesitadas, donaba sus piedras preciosas o sus láminas de oro, procurando atender las mas necesidades posibles.  Cuando solo quedó el hierro gris en él, al alcalde no le pareció ya bella su estatua y decidió fundirla.

Su corazón de plomo, sin embargo, se mantuvo intacto, y fue llevado por un ángel a Dios junto con la golondrina, que había sacrificado su migración a tierras mas calientes, por hacer de mensajera.

Y es que no nos importa mucho derrochar belleza a nuestro paso, mientras las joyas que realmente importan, adornen con sus bracitos amorosos nuestro cuello como el más bello collar.

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Marilú Ochoa Méndez

Enamorada de la familia como espacio de crecimiento humano, maestra apasionada, orgullosa esposa, y madre de seis niños que alegran sus días. Ama leer, la buena música, y escribir, para compartir sus luchas y aprendizajes y crecer contigo.